Diecisiete años antes de imaginar Jurassic Park, Michael Crichton había inaugurado otro parque en una película de 1973: Westworld. Los dos recreos temáticos tienen como punto de partida aquello que los griegos llamaron hybris y uno de los pecados capitales señalados por la Biblia: la soberbia de los humanos de querer metamorfosearse en dioses. Si en el parque prehistórico, los “científicos” creaban dinosaurios para la diversión de niñeces y adulteces, en el decimonónico del oeste fabricaban robots para satisfacción sexual y aventurera de millonarios aburridos. Pero, en la ciencia ficción, al menos desde Frankenstein, es sabido que el control de los sentimientos y las emociones de las criaturas creadas artificialmente se suele perder bastante de manera veloz. Y entonces, frecuentemente, los androides esclavos se vuelven contra sus amos.

Este fue el clásico y prestigioso punto de partida de Westworld, la serie de Jonathan Nolan y Lisa Noy, que estrenó HBO en octubre de 2016. Sin embargo, muchas balas y sangre pasaron dentro del parque de diversiones ambientado en el Lejano Oeste desde entonces. Como una computadora que se reinicia, cada temporada de Westworld tiene la extraña virtud de convertirse en una serie nueva. Y la cuarta temporada no es la excepción.

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En la primera temporada, los espectadores asistían a la toma de conciencia de la robot Dolores Abernathy (Evan Rachel Wood): no tenía nada que perder salvo sus cadenas y tenía un mundo por ganar si se liberaba de los humanos. En la segunda temporada –con un parque de diversiones ambientado en el Japón Feudal–, se desataba la rebelión de los robots liderados por Dolores, Bernard (Jeffrey Wright) y Maeve (Thandiwe Newton) contra los humanos liderados por William (Ed Harris), el “Hombre de Negro” y principal accionista de la compañía Delos, la propietaria de los parques siniestros. La guerra adquiere el carácter de épicas luchas por la libertad, como los de un Espartaco, un Marx o un líder independendista irlandés del siglo XXI.

Finalmente, la tercera temporada –con reminiscencias recreativas a la Segunda Guerra Mundial– daba una nueva vuelta de tuerca y Dolores comprendía que, así como un programa informático regía los comportamientos de los robots, otro –Rehoboam– manejaba los destinos de hombres y mujeres de carne y hueso. Hacia el final, Dolores destruye Rehoboam –metáfora de los dioses misteriosos o inescrutables o de la maquinaria explotadora capitalista– y se sacrifica para liberar a la humanidad. Su idea redentora era dar lugar a un nuevo planeta en donde convivan humanos y androides con libre albedrío.

Con la muerte de una de sus heroínas principales y la proverbial moraleja de que las máquinas salvan y revelan que tienen más sabiduría y corazón que los mortales, el final parecía redondo y aleccionador. Pero dejó enigmáticos cabos sueltos. Entre ellos, el destino de Charlotte Hale (Tessa Thompson), el lado oscuro de Dolores que, al contrario de ella, no cree en y quiere destruir a la Humanidad; el de Bernard y sus visiones, y el interrogante respecto de la muerte definitiva de Dolores.

La cuarta temporada comienza a develar algunas de esas incógnitas en una siempre compleja y críptica trama desarrollada en nuevos escenarios. Por un lado, la ficción prontamente anoticia del regreso de la actriz Evan Rachel Wood teletransportada a una Nueva York ambientada a mediados del siglo XXI. Ahora bien, su nuevo personaje de una enigmática escritora llamada Christina (“una chica que se despierta todos los días y sabe que algo anda mal en el mundo y que es su culpa”), ¿qué relación guarda con Dolores además de su aspecto físico? ¿Su culpa remite al fracaso de la utopía que aunaba pacíficamente humanos y robots? En todo caso, más pronto que tarde, la flamante Christina se reencuentra con el actor James Mardsen: uno de los retornos más esperados y quien, en su papel de Teddy Flood, en la primera temporada supo conquistar el corazón de Dolores. Christina viene acompañada de otras de las incorporaciones de la temporada: Ariana DeBose, reciente ganadora del Oscar por West Side Story.

La tensión de esta nueva etapa está puesta en la implacable Charlotte Hale y sus recursos para someter y eliminar a los seres humanos a quienes considera irremediablemente malos. Luego de una sesión de tortura a William, planea en Delos un macabro ejército de robots como solución final para la humanidad. A ellos se le opone el dúo conformado por el adorable humano Caleb (Aaron Paul) y la valerosa Maeve. Porque como correlato de época, en este relato distópico las mujeres salvan o maltratan a y son más peligrosas o subversivas que los varones.

Mientras en el futuro se ciernen amenazas materializadas en plagas de moscas que evocan a alguna plaga egipcia, en uno de los tantos universos paralelos que propone la ficción, William crea un nuevo parque temático esta vez ambientado en la primera posguerra. Los llamados “años locos” donde supieron prosperar las mafias neoyorquinas con su correlato a la generación perdida parece el marco adecuado para ilustrar esta etapa apocalíptica.

Con escenas que remiten a clásicos del cine de mafiosos como Scarface o Bonnie & Clyde y de la ciencia ficción como 2021. Una odisea del espacio, Dune,Star Wars, Blade Runner, Terminator, Volver al futuro, Matrix, Ex machina o Yo robot, policiales como Robocop, entre múltiples y exquisitas referencias; con una envidiable banda sonora que apela a la mejor música de los dramas, las películas de suspenso y de aventuras, la cuarta temporada da cuenta de que hay Westworld (aunque el parque centrado en el oeste haya sido destruido en la segunda temporada) para rato. De hecho, los creadores Nolan y Joy prometieron seis temporadas y el nacimiento de una nueva especie ¿superadora?

Filmada con inusual calidad cinematográfica, por ahora esta fábula futurista cumple su doble rol de entretener durante cada capítulo de una hora aproximadamente, y también de llevar al espectador a reflexiones que ponen en tela de juicio las formas de amar y sentir de los humanos, los nacionalismos, el sistema capitalista y la propia existencia con interrogantes filosóficos tales como ¿las máquinas tienen alma y pensamiento propio?, ¿debemos enfrentarnos o aprender de las otredades? Y sobre todo ¿qué es lo que nos hace y distingue como humanos?  «


Westworld

Cuarta temporada. Estreno: hoy a las 22 por HBO +.