Hace 10 años fundamos Grow, con el objetivo de lograr la igualdad en el ámbito laboral, con el fin de que las mujeres y otras identidades contaran con las mismas oportunidades de desarrollo laboral. Desde el primer día estuvimos convencidas que las barreras que enfrentaban, y aún hoy enfrentan, las mujeres y otras identidades, se referían a problemas estructurales, que poco tenían que ver con características individuales.

Investigamos cómo estaba la agenda en otros países, y nos encontramos que mientras en Argentina el tema no había aterrizado, en la Unión Europea como en Estados Unidos los gobiernos, así como las organizaciones, venían probando estrategias integrales, que referían a los cambios culturales, como sostén para lograr espacios más diversos e inclusivos de trabajo.

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Diez años después, nos encontramos con que cada vez hay una mayor conciencia social sobre las desigualdades estructurales, sobre la importancia de abordar estas temáticas y sobre el impacto de la violencia. Si bien hay muchas instituciones que recién comienzan, está claro que se debe comenzar.

Desde el 2010 la tasa de actividad se mantuvo en un rango de 37,4 a 39,9%, siendo el valor mayor en el 2019 y el menor en el 2020, marcando claramente el impacto de la pandemia. Si comparamos con la tasa de actividad de los varones, que en el mismo período de tiempo osciló entre 55,1% y 48,8%, vemos que la brecha en la tasa de actividad del 2020 es la menor del todo período, debido a que la tasa de actividad de los varones bajó en mayor medida que el de las mujeres. Un aspecto particular de esta crisis es que un gran porcentaje de las mujeres que perdieron sus empleos no salieron a buscar uno nuevo, y por lo tanto su salida del mercado de trabajo aumentó la cantidad de personas inactivas  y no las desocupadas.

Un dato que es muy preocupante es que la tasa de actividad de las mujeres al 2020 es menor que en el 2004… Tendencia muy similar a la latinoamericana, que se estima que durante el año pasado la agenda de las mujeres tuvo un retraso de más de 10 años.

Por otro lado, quisimos observar si hubo algún cambio en la distribución de las mujeres por ramas de actividad. Estos cambios son lentos, dado que requieren modificar la división sexual del trabajo, es decir, las ideas por las cuales consideramos que las mujeres o los varones son buenos, debido a su género, para realizar un tipo de trabajo en particular. En sentido, observamos que las mujeres bajaron en 2pp su participación en enseñanza y 6pp en salud (ambos sectores donde las mujeres presentan más del 70% de las personas que trabajan), y por otro lado se ve un aumento de su participación en sectores como agricultura y ganadería (17,9pp), minería (15,7pp) y construcción (1,3pp).

Estos cambios son claves, porque requieren de cambios más profundos: tanto de las mujeres que salen a buscar trabajos, como de las personas responsables de contratarlas y aceptarlas en carreras menos tradicionales.

Desde Grow esperamos que esta mayor conciencia social, que se reflejan tanto en el Estado, como en los sindicatos y las organizaciones empleadoras, en relación a la importancia y lo estratégico de abordar la inclusión laboral de las mujeres de manera integral, permitan una recuperación de la pandemia que no tome otros 10 años.

(*) Todos los datos corresponden a la EPH, 3er trimestre de los años seleccionados.