“A mi hija nadie me la va a devolver. Pero no quiero que a otra chica le pase lo mismo, ni que este personaje ande suelto. Porque si mañana tenemos que lamentar otra Pilar en manos de este asesino, la culpa va a ser de la Justicia. Hay demasiada prueba para que quede encerrado por el tiempo que corresponde. No tengo odio, pero hay que hacer justicia. Para demostrarle a la sociedad que el que hace las cosas mal tiene que pagar. No es mucho lo que pido”, dice Adriana Chiaverano a dos años del femicidio de Pilar Riesco, su hija de 21 años. Tras el cierre de la etapa de instrucción y a la espera de la fecha de inicio del debate oral, la mujer cuestiona el accionar judicial y asegura que hay evidencia suficiente en la causa pero que también “se perdió prueba muy valiosa” durante la investigación.

El domingo 15 de marzo de 2020, hace dos años, Riesco cayó del balcón del departamento “E” del cuarto piso del edificio de Alagón 305, en Nueva Pompeya. Y murió. Según la versión de quien fuera su pareja, Patricio Reynoso, la joven se arrojó tras una discusión. La hipótesis del suicidio fue contemplada en la causa y el sospechoso permaneció largo tiempo en libertad. Pero la lucha de la mamá de Riesco y la intervención de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), a cargo de Mariela Labozzetta, fueron claves para evidenciar un presunto femicidio.

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“Estos dos años fueron un espanto. Tuve que buscar justicia sola, porque la Justicia no me acompañó. Si hubieran leído la causa, hubiesen sabido qué había pasado. Dejaron libre un año a esta persona, cuando tendría que haber estado preso desde un primer momento. Cuando la empecé a leer, empecé a ver todas las anomalías, toda la prueba que se perdió porque no la pidieron. Por ejemplo, mandaron una vez a pedir las cámaras y como estaban cerrados los negocios por la pandemia, no mandaron más a pedirlos: se perdió prueba muy valiosa”, lamenta Chiaverano, en diálogo con Tiempo. Y comenta otros aspectos presentes en el expediente: “Mi hija agonizó 25 minutos en el suelo, a la ambulancia la llamó gente de la calle. Él bajó a los 25 minutos porque dice que se tenía que cambiar. Cosas anómalas. Entre una declaración y otra, cosas distintas. Una testigo dijo que había visto todo, pero casualmente era amiga de él hacía 10 años. La escucharon para dejarlo libre, y después su teléfono estaba a 17 cuadras de la escena. Se sumaron esa y otras tantas anomalías, por eso hay gente imputada por falso testimonio y encubrimiento”.

A mediados del año pasado, la jueza Graciela Angulo de Quinn, a cargo del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional 51, solicitó la apertura de un expediente paralelo para investigar si una oficial de la Policía de la Ciudad había cometido falso testimonio o encubrimiento para beneficiar a Reynoso. La mujer dijo haber visto el momento en que Riesco se tiró por el balcón, sin intervención de su novio. Recién en una segunda declaración admitió ser amiga de Reynoso. Además, aportó distintos teléfonos celulares y no hizo referencia a conversaciones con el acusado el día de los hechos.

La madre de la víctima alude también a los resultados de la autopsia –que indicaron que la joven había sido golpeada- y a las pericias en el balcón, donde no se encontraron huellas de Riesco en la baranda. “Todas esas cuestiones que ya estaban en la causa fueron hechas por profesionales y demuestran que mi hija no se tiró: la golpearon y la arrojaron”.

Finalmente Reynoso fue imputado por «homicidio calificado por el vínculo y por haber mediado violencia de género», delito que prevé una pena de prisión perpetua. “Él se profuga, se pide una recompensa de un millón y medio de pesos y solicito la intervención de la UFEM, que participó muy bien, leyendo todo lo que no se había leído antes en la causa, y acompañaron mi pedido de cambio de carátula, con un montón de prueba que ellos también detectaron”, remarca la madre de Riesco.

«La hipótesis del suicidio intentada por la defensa resulta un vano intento no solo para descartar la intervención del imputado en el homicidio, sino también para patologizar a la víctima y de este modo invisibilizar el contexto de violencia de género que rodeó el hecho y la relación, que culminó con este final trágico del que Pilar fue víctima mortal», estableció la UFEM en el primer aniversario del caso, según consignó Télam.

El segundo aniversario llega tras la culminación de la etapa de instrucción y a la espera de la fecha del juicio que llevará adelante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 18 porteño. La última prueba que se incorporó, días atrás, fue una pericia psiquiátrica que describe como «egocéntrica, poco empática y manipuladora» la personalidad de Reynoso.

“Ya lo dije en las entrevistas: que lleven esta causa a la Facultad de Derecho y la estudien como lo que la Justicia no debe hacer. Porque es una atrocidad -califica Chiaverano- Las cosas en la causa se veían a simple vista, por eso estoy indignada. Por el desprecio en la Justicia por la vida de la gente. En el caso de mi hija, como en el de otras tantas chicas, la Justicia mira para otro lado. Eso asusta”. Este martes, a las 19.30, la familia realizará una misa en la Basílica de San Carlos, ubicada en la calle Hipólito Yrigoyen al 4000, en el barrio de Almagro.