Se llamaba Julia Fernanda Flores, pero le decían Pamela. Tenía 12 años y había terminado la escuela primaria. Era una joven muy activa y participativa dentro de la comunidad wichi Misión Kilómetro Dos, en la localidad salteña de Pluma de Pato.

Había desaparecido el miércoles. Tres días después, el sábado, un vecino encontró el cuerpo entre pastizales al costado de la Ruta Nacional 81. Tenía el torso desnudo y le faltaban las zapatillas, que aún no fueron halladas. El domingo, un adolescente fue detenido como presunto responsable. Pero la comunidad reclama una investigación más profunda. Que se establezca si participaron más personas y que el Estado, en todas sus formas, deje de ignorar a nenas como Pamela.

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“Lo último que sabemos es que fue una violación, y que tenía heridas de arma blanca en la mano y el cuello”, contó a Tiempo Raúl Manuel, presidente de la comunidad, que aguarda la entrega del cuerpo a la familia para poder despedir a la nena. “Hay un detenido. Pero queremos que la justicia investigue hasta el fondo. Creemos que participaron otros. La dejaron en ese lugar, pero parece que la mataron en otro lado. La justicia no es justa para el pueblo wichi, siempre ha sido así”, lamentó el referente de Misión Kilómetro Dos, donde viven 140 familias.

Cuando Pamela no volvió a su casa, el miércoles por la noche, fue la comunidad la que salió a buscarla. “Salimos a recorrer para buscarla. Porque recurrimos a las autoridades, pero dicen que sí y después no dan respuestas. Entonces salimos nosotros. Un vecino que colaboraba en la búsqueda la encontró el sábado a la mañana. El cuerpito ya estaba en descomposición. Ahí apareció la policía, pero tardó en llegar. Pasaron como ocho horas”, describió Manuel, y agregó que el destacamento policial más cercano no tiene personal y la comisaría de Morillo está a unos 30 kilómetros. “Entre el miércoles y el sábado no hubo policía buscando”, afirmó.

“El papá de la nena no recibió asistencia ni de la intendencia ni de los gobiernos. Eso es lo grave. Ni para el traslado, ni para el entierro. Tomamos la iniciativa para colectar y colaborar, aunque sea para la ceremonia”, dijo Germán Vildoza, cofundador de la organización De la Mano por el Mundo, que lleva cuatro años con talleres culturales, artísticos y recreativos en la comunidad.

Vildoza también dio cuenta de la situación de vulnerabilidad en la que vivía la nena: su mamá y su papá trabajan en fincas distantes del pueblo y ella quedaba con hermanos adolescentes y una tía. Agregó que el detenido era su «novio, entre comillas, porque era una niña».

“Quiero que se haga justicia. Que no vuelva a suceder en otras familias. Mi hija tenía 12 años, toda la vida por delante. Pedimos colaboración para que se difunda y que no vuelva a suceder en ninguna comunidad. Hoy me tocó a mí. Pedimos que haya más seguridad en estas comunidades, hay niños”, lamentó Roberto Flores, papá de la víctima, en un video que circuló la ONG.

En la mañana del lunes, esperaba a la vera de la ruta la llegada del cuerpo de su hija, aunque eso podría demorarse. La Brigada de Investigaciones de la Policía de Salta dijo que podría ser entregado entre hoy y mañana, mientras trabaja personal de Criminalística del Servicio de Tanatología Forense del CIF de Orán. El caso recayó en el fiscal penal de la Unidad de Graves Atentados contra las Personas de Tartagal en feria, Gonzalo Ariel Vega.

Estado ausente

“En la comunidad estamos tristes. Es la primera vez que pasa esto con una nena. Pero hubo ocho asesinatos antes. Por violencia por adicciones. Es el problema más fuerte. Genera peleas, viene gente de afuera a vender. No solamente a mi comunidad. Las sustancias están atacando a las comunidades. Estamos olvidados, no tenemos acceso a la educación, la salud, al agua potable”, relató Raúl Miguel, presidente de la comunidad.

“En la zona las comunidades rurales indígenas son las que más sufren el tema de las adicciones. La Ruta 81 es de alto tránsito, acá está entre dos ciudades grandes -Morillo y Embarcación-. Es constante la circulación de sustancias. Por lo que sabemos la nena consumía alcohol, es el gran problema de la comunidad. También hay nafta y pasta base. No es un problema de ahora. Es de hace años. No pueden afrontar el tema de las adicciones, no tienen herramientas”, enfatizó Vildoza.

Y agregó: “Eso es lo que decimos, para nosotros este caso no termina con encontrar al autor del crimen sino con todo lo que viene de raíz, el abandono que sufren estas comunidades en salud, educación, agua, seguridad”.

De la Mano por el Mundo lleva cuatro años en Pluma de Pato. Los primeros tres, “Pamela participó activamente. Este año la vimos muy poco. El martes fue el último día. La vimos cuando hicimos juegos y repartimos helados. Ella colaboraba con el comedor comunitario. Era muy activa, como son todos los chicos acá. La comunidad está muy acongojada”. Su presidente añadió que la falta de atención y la discriminación se potenció durante la pandemia.

En asamblea, el pueblo wichi al que pertenecía Pamela resolvió esperar unos días para ver los avances del caso y luego, de ser necesario, organizar medidas de reclamo. “La comunidad está muy atenta a lo que vaya surgiendo. Tienen miedo de que la persona que agarraron no sea la persona responsable o no sea la única. Que sea una parte de la verdad. Se corre el rumor de que la noche anterior a que encontraran el cuerpo la nena estaba en una especie de fiesta-reunión con gente de otros pueblos, donde vendían droga. Hay que hacer una investigación más profunda. Detrás hay trata, prostitución infantil, venta de drogas. Y no solo involucra a gente de la comunidad”, advirtió Vildoza.