“Necesitamos entender que el problema de la violencia obstétrica en última instancia es una cuestión política y tiene que ver con el lugar que ocupamos en la sociedad, con el desprecio a nuestro bienestar y dignidad. Venimos hace décadas diciendo están violando nuestros derechos en las salas de parto”, dice Violeta Osorio, una de las fundadoras del Observatorio de Violencia Obstétrica de Argentina (OVOA) e integrante del espacio Las Casildas. En la Semana Mundial del Parto Respetado, que comenzó este lunes y se extiende hasta el domingo, advierte que “tenemos una ley inoperante, que termina siendo una guía de buenas prácticas” y alerta que “estamos profundizando la situación de violencia obstétrica” en la Argentina.

Que una persona gestante no pueda entrar acompañada a la sala de partos. Que reciba cuestionamientos sobre lo mal que puja, o lo mucho que grita de dolor. Que pida anestesia y no se la den. Que pregunte qué le están inyectando y no le respondan. Que no pueda elegir ni tomar decisiones sobre el nacimiento de su hijo o hija. Las situaciones que hacen a la violencia obstétrica son cotidianas tanto en el ámbito público como en el privado y ante distintos tipos de partos.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

“Ni las estadísticas ni las historias de las mujeres mienten. La gran mayoría de nosotras, 9 de cada 10, atravesamos una situación de violencia obstétrica. Suena contradictorio en un país que es pionero en tener un marco legal y que describe la violencia obstétrica como una modalidad de violencia hacia las mujeres. Pero el problema es que tenemos una ley inoperante. Termina siendo una guía de buenas prácticas, no tiene mecanismos reales de implementación ni de prevención, y aunque está contemplado no tiene sanción para los infractores. Si quieren la respetan, y si no violentan. Tampoco hay reparación para las víctimas”, plantea Osorio, en diálogo con Tiempo.

La Ley de Protección del Embarazo y del Recién Nacido Nº 25.929 fue sancionada en 2004 y reglamentada recién en 2015. Pese a su vigencia, la violencia obstétrica se incrementó en el último tiempo, algo que Osorio relacionó entre otras cosas con el impacto de la pandemia de coronavirus. Por caso, porque muchas personas gestantes tuvieron menos controles y no pudieron tener acompañamiento en momentos como ecografías e incluso durante los nacimientos.

Osorio también apunta al “discurso del ‘empoderate’ para no sufrir violencia obstétrica”. Sostiene que “eso nos está dejando a las mujeres en una situación peor. Esta semana se habla de ‘informate para que no te pase, conocé tus derechos’. Esto incluso desde el Estado. Es peligroso esto para las mujeres, porque cuando nos suceda la violencia vamos a salir no solamente rotas y vulneradas de la sala de partos sino también sintiendo que fue nuestra culpa por no exigir lo suficiente”.

En 2015 el Observatorio realizó un relevamiento sobre casi 5000 nacimientos y reportó que 5,4 de cada 10 mujeres no se sintieron contenidas ni pudieron expresar sus miedos; 2,5 fueron criticadas por expresar sus emociones durante el trabajo de parto; y 2,7 recibieron comentarios irónicos o descalificadores. Además, 4 de cada 10 no estuvieron acompañadas durante el parto o cesárea y 2 de cada 10 no estuvieron acompañadas durante el posparto.

Por otra parte el Hospital de Clínicas José de San Martín, centro de salud que depende de la Universidad de Buenos Aires, informó este lunes que más del 40% de los nacimientos todavía son por cesárea. La Organización Mundial de la Salud (OMS), sin embargo, indica que ese porcentaje no debería superar el 20%.

“No haría falta una ley si entendiéramos esta violencia como lo que es, una vulneración a los Derechos Humanos. En ese sentido estamos amparadas. Pero se entiende como ‘cositas que a veces les pasan a las mujeres’, no como una vulneración a la intimidad, al bienestar –apunta Osorio- Uno de los grandes problemas que tenemos en relación al parto es que se asume como un evento médico. Se ha metido en el campo de la salud, como si te fueras a hacer una intervención médica. Cuando en realidad hablamos de derechos sexuales. No se trata tanto de si tuviste cesárea o no, sino de si fuiste autónoma, si tomaste decisiones sobre tu cuerpo, si viviste el proceso como lo elegiste. Se asocia a salud y por lo tanto a enfermedad, pero es otra cosa”.

La lupa sobre la formación

Belén Castrillo es Doctora en Ciencias Sociales, becaria postdoctoral del Conicet e investigadora sobre cuestiones relacionadas a la violencia obstétrica desde hace una década, además de participar del OVOA. Por estos días, su lupa está puesta sobre la formación profesional, para “rastrear el componente machista y patriarcal en obstetricia”.

La investigadora sostiene que los y las obstetras (mujeres, en su mayoría) “están formados para la patología y no para la fisiología. Para hacer, no para acompañar. Formados con mucho miedo a la demanda judicial, porque obstetricia a nivel mundial es una de las más demandadas por mala praxis”. En algunos espacios, dice, comienza a incorporarse la Ley de Parto Respetado a la formación en Medicina y “está habiendo algunos cambios por ejemplo entre residentes, pero hay mucha resistencia del personal de planta”. Algo que relaciona también con las condiciones de trabajo en salud, la falta de recursos, las guardias extenuantes. “Te dicen ‘trabajo 90 horas, cómo querés que acompañe a una piba en la hora 84 de guardia’. O ‘no hay espacio para que haga ejercicios con una pelota’ antes de parir”.

Castrillo remarca que “esto hay que vincularlo no a una moda sino a la garantía de derechos humanos. No es simplemente no dejar entrar a un papá, es violentar un derecho humano”.

A fines del año pasado, el Observatorio difundió un informe que reflejó la poca respuesta y la prácticamente nula reparación para mujeres que denuncian haber sido víctimas de violencia de género. Para Castrillo esto se debe, en gran medida, a que no hay sanciones para quienes vulneran este derecho. “Tenemos hace 18 años una ley y pedimos con caricias y abrazos a médicos de 50 años que la respeten. Nos acusan de punitivistas, pero nosotras queremos que se cumpla la ley”. En el mismo sentido, cuestiona que “los gobiernos se basan en la lógica del capacitismo: estamos capacitando a dinosaurios hace 18 años”.

Para la socióloga, a raíz de la ‘ola verde’ y el movimiento feminista, hubo algunos cambios a favor en los últimos años. “Pero mi perspectiva es que las cosas en la práctica están mejorando como parches. Entran más los papás o parejas de personas gestantes, hay menos cesáreas en algunos casos, se le pregunta más a la madre, pero el protagonismo del médico que decide todo no se está discutiendo. Y no se va a discutir mientras no sancionemos a las personas que lo siguen haciendo”. Comenta, además, que “la concepción médica del parto es algo que ocurre hace solo 120 años o menos en Argentina. Y responde a la historia. No es algo dado, no es natural”. En el plano local, resalta: “A nivel formal las tenemos todas, a nivel práctico estamos mal”.

Por más acompañamiento

En el marco de la Semana Mundial del Parto Respetado, el Observatorio de Violencia Obstétrica de Argentina (OVOA) lanza el dispositivo de acompañamiento para mujeres víctimas de violencia obstétrica que cuenta con dos instancias: la guardia telefónica de atención espontánea y el espacio grupal, ambos de carácter libre y gratuito.

El dispositivo se crea desde la premisa que la violencia obstétrica, al tratarse de un tipo de violencia sexual, genera una situación de trauma que requiere de atención y contención concreta ante diferentes detonantes.

“Tras una situación de violencia obstétrica aparecen diferentes síntomas que comprometen el bienestar emocional y psíquico de las víctimas, como pueden ser, flashes repetitivos de las situaciones vividas, pesadillas, ataques de pánico, sensación de vivir en alerta permanente y sentimientos de culpa y vergüenza por lo ocurrido. Al tratarse además de una violencia socialmente legitimada, estos síntomas suelen vivirse en completo silencio o invisibilidad, incluso asumiéndolos como algo normal, lo que agrava el impacto negativo en las mujeres”, describieron desde el Observatorio.

Por eso, proponen como primer acercamiento el espacio de guardia telefónica de demanda espontánea: se puede acceder solicitando la grilla con horarios y datos de contacto a través de Instagram (@ovoargentina) o al mail [email protected]

Atenderán voluntarias con formación en el acompañamiento en situaciones de violencia obstétrica, con la supervisión de profesionales del área de Salud Mental del OVOA. Una vez finalizado el proceso en la guardia telefónica, existe la posibilidad de incorporarse al espacio grupal para profundizar la elaboración del trauma.