Vanesa Osores estaba enel piso, sobre ella estaba su marido Javier García Vizgarra intentando estrangularla. Desde el suelo alcanzó a ver los ojos asustados de su hija y reaccionó. “Cuando la vi pensé ‘si me mata qué va a pasar con mis hijos, con mi hija que le decía ‘no, papá, soltala’… Ahí le dije que se vaya, que no vuelva más. Pero él no entendía, se iba y volvía, me rompía la puerta, no me dejaba vivir. Me decía que únicamente muerta se iba a separar de mí”, cuenta a Tiempo Argentino, la mujer de 29 años que esta semana fue absuelta luego de estar once meses en prisión por haber asesinado a su marido.

Días después Javier entró a su casa borracho y abusó de ella, luego de golpearla y amenazarla. Le dijo que antes de irse la iba a matar. Ella intentó escapar pero la tomó del pelo y se abalanzó con un cuchillo, en el forcejeo fue ella quien lo apuñaló provocándole la muerte. “No fue mi intención matarlo, yo me defendí. Le puse un toallón en la herida y llamé al 911, le hice respiración boca a boca, hice lo imposible para que él viviera”, recuerda Vanesa a horas de dar a luz su cuarto hijo. De esa forma, Vanesa terminó con  los 9 años de violencia de género de los que fue víctima.

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El 9 de agosto comenzó el juicio que terminó con la absolución de Osores en forma unánime por parte del tribual “No existen dudas que la señora Osores fue víctima de violencia de género y lo hizo en defensa propia”, coincieron los jueces. Antes del fallo,  Vanesa tomó la palabra para nuevamente pedirle perdón a la mamá de su expareja.

Antes de que se conociera el fallo, Vanesa le pidió perdón nuevamente a la familia de su expareja ante el Tribunal. “Entiendo el dolor que ellos llevan. Entiendo porque yo también vivo día a día el dolor y solamente oro y le pido adiós que perdone sus pecados y esté en un lugar mejor”, dijo y subrayó, “pero sí, yo me aguanté miles de golpes, miles de humillaciones”. 

-¿Cómo fueron tus días luego terminado el juicio?

–Aliviada, igual no puedo salir porque tengo que hacer reposo hasta la cesárea (Isaías, el cuarto hijo de Vanesa nació al otro día de este reportaje) Fue casi un año de tormento, fue muy fea la situación que pasé con mis hijos. Gracias a mi abogado Aníbal Paz y a las organizaciones de la CCC, a la Casa de la Mujer, que han creído en mí y marcharon por mi libertad. Fue un fallo histórico porque cuando matan a las mujeres, la Justicia no hace nada, los femicidas esperan afuera el juicio, si es que lo condenan, quedan libres y siguen matando a las mujeres. No estoy orgullosa de lo que hice, fue un accidente yo me defendí, no me quedaba otra, me defendí y arruiné mi vida. Por suerte los jueces se apiadaron y me absolvieron. No sabía qué iba a hacer si me condenaban. Ahora empiezo de cero, estuve un año sin trabajar y los hice padecer muchas necesidades a mis hijos. Los familiares de él quisieron quemarme la casa, así que tuve que venderla.

–Salieron diez años, ¿cuándo comienza con las agresiones?

–Esto empieza cuando nos vamos a vivir juntos. Él quería salir a drogarse y a tomar y yo no lo dejaba. Me separé un buen tiempo de él, hasta que tuve mi casa y ahí se instaló. Decía que que no se iba a ir porque teníamos hijos y no me iba a dejar. Le puse un negocio en la casa para que lo atienda y me robaba. La verdad que padecí muchas cosas por no dejarlos a mis hijos sin padre. Y porque lo quería también. Tenía que trabajar para mantener mis hijos porque él no se preocupaba. Me trataba como la peor mujer del mundo cuando yo era la que sobrellevaba todo. Muchas mujeres pasan lo mismo y no quieren hablar, no quieren decir nada por miedo, por vergüenza, sufren mucha violencia física y psicológica. Y hay millones de violencias que no son sólo los golpes y que te atormentan el alma. Pero solamente una que está entre esas cuatro paredes sabe.

–¿Pudiste denunciarlo?

–Una sola vez, me daba vergüenza. La única vez que lo denuncié fue en el 2014 porque mi papá me obligó. Él me había pegado muy mal, no podía ni caminar y tuve que dejar de trabajar por los golpes que dio con un fierro. Ahí lo denuncié pero no pude seguir la denuncia porque con los problemas de salud de mi hijo, ya no tenía tiempo para andar en Tribunales. Era muy celoso, además… Pobrecito creo que los vicios lo hacían reaccionar así, porque él me encerraba, me agarraba el teléfono, no me dejaba ni visitarla a mi mamá. Pero a veces una se acostumbra a esa mala vida.

 –Te acompañaron muchas mujeres en este proceso y también otras  que sufren violencia de género se acercan ahora, ¿vos qué les decís?

-A todas las mujeres que les digo que hable, que busquen una ayuda, contención porque una sola no puede con todo eso es algo horrible que una sola se traga y es una tortura. Tienen que tratar de salir de ese dolor, de buscar ayuda psicológica o alguna iglesia. Tuve muchas mujeres a mi lado, durante todo ese proceso en el que estaba destruída, nunca me dejaron sola. Así tienen que hacer todas, buscar ayuda, que no se queden, que las madres después no anden marchando con una foto de una hija que ya esté muerta.

–Y a la Justicia ¿qué le dirías?

– A la justicia le diría que facilite cuando las mujeres denuncien, aunque sea una denuncia, que tomen carta en el asunto, que hagan los seguimientos y no las abandonen. Muchas mujeres no no quieren denunciar porque no se hace nada. Creo que la Justicia tendría que ayudar más y debería preocuparse por las mujeres. 

Camila, la policía madrina

Camila fue la oficial que estuvo de consigna en el domicilio de Vanesa muchos de los once meses.

“El día que llegué para ahí recuerdo que esperaba encontrarme con una persona violenta, una criminal, y tenía desconfianza, no quería entrar a su domicilio”, dice a Tiempo, Camila la policía encargada de garantizar la prisión domiciliaria de Vanesa, y que ahora será la madrina de su hijo. “Lo que le pasó a ella se podría haber evitado. Estuvo un poco abandonada por el Estado porque si en casos como estos se toman cartas en el asunto a tiempo, tal vez esto no pasaba. Como mujer me provoca indignación saber que tenemos llegar a esa circunstancia porque no somos escuchadas a tiempo. Cuando empecé a conocer  de su caso, quise hacerle sentir que podía contar con otra mujer sin que la juzguen. Ahora siento que está volviendo a vivir, que está saliendo a flote por ella, por sus hijos, por su familia. Me pone contenta de verla así tan llena de vida, tan libre. Y espero que nunca más tengan que cortarles sus alas”.