Los contenidos culturales que consumimos tienen una gran influencia en nuestra manera de ver el mundo y a las personas que lo habitan. En las películas más exitosas suelen visibilizarse ciertas historias, protagonizadas por algunos tipos de personajes. De la pantalla salen estereotipos y sesgos que superan la ficción y pasan a reproducirse también en la vida cotidiana.

¿A quiénes vemos en pantalla? ¿Cómo son estos cuerpos? ¿Y las historias que se cuentan? Repensarlo desde la perspectiva de género nos permite problematizar lo que miramos desde una arista diferente.

Protagonistas e historias

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En un análisis que incluía a películas familiares durante 10 años (hasta 2017), descubrieron que los protagonistas masculinos duplicaban a las femeninas. (Geena Davis Institute on Gender in Media, 2019). Otro estudio que suma la intersección de afrodescendencia, asegura que en las películas familiares más exitosas de las últimas décadas solo el 3.7% de los/as protagonistas son mujeres afrodescendientes (Geena Davis Institute on Gender in Media, 2021)

Esta menor aparición de mujeres, desemboca directamente en que las historias femeninas estén invisibilizadas. Para poner un ejemplo, en la última edición de los premios Oscars, tan solo 2 de las 10 películas nominadas para ser la mejor pasaban el Test de Bechdel, un test simple pero eficaz que intenta medir la manera de contar las historias y el rol que ocupan las mujeres (GROW – género y trabajo, 2022).

Si esta es la situación de las mujeres, imaginemos cómo es la representación de las personas trans, no binarias y otras identidades de género.

Ideales de belleza y estereotipos

Por otra parte, las actrices que suelen elegirse y las características físicas que predominan también dejan de lado a una gran cantidad de personas. Son mayoría los cuerpos delgados (pero con curvas), el pelo rubio, los rasgos europeos, entre otras características. Mientras tanto, hay un gran encasillamiento en los personajes con cuerpos “no hegemónicos” a los que se les suelen asignar generalmente los mismos papeles: amistades de los/as protagonistas, las “tiranas” o “malvadas” y/o personajes ridiculizados. Al principio de su carrera Kate Winslet afirma que le dijeron que «solo iba a hacer papeles de gorda», ¿cuáles son los papeles de gorda? ¿tener cierta corporalidad reduce las posibilidades a algunos roles?

Además del físico, la edad es otro motivo por el que se discrimina en la industria, dejando a las actrices fuera de determinados papeles. Un informe de la representación de los/as adultos en la pantalla, afirma que de los/as personajes de más de 50 años, tan solo el 25% son mujeres y que ninguna tenía un rol protagonista. («Frail, Frumpy and Forgotten: A Report on the Movie Roles of Women of Age”, 2019). Por otro lado, Maggie Gyllenhaal contó una situación que vivió hace unos años: “Tengo 37 años y me dijeron que era demasiado vieja para ser la amante de un hombre de 55 años”.

Mientras perdura la creencia de que los varones pueden salir con mujeres más jóvenes, y siguen siendo atractivos mientras van ganando edad, a las mujeres difícilmente se las sigue considerando para papeles así, y pasan a ocupar roles de madres o abuelas.

¿Qué sucede con la prensa cuando un cuerpo femenino se muestra en la pantalla?

Además de la forma en que aparecen las mujeres en el cine, en las entrevistas y la prensa escrita también se las trata de una forma diferente que a sus contrapartes masculinos. Al entrevistar a las actrices los medios dan por hecho que pueden hablar de ciertos temas solo porque son mujeres: apariencia física (como ropa o peinados), intereses estereotipados, parejas y maternidad, entre otros.

Violencia simbólica

Que se invisibilicen las historias de las mujeres, se las relegue a ciertos lugares (esposa, madre, amante, hija, entre otras) y se las muestre de manera dispar y poco diversa, es violencia simbólica. Este tipo de violencia es aquella que no se traduce en agresiones físicas, sino que opera de manera “invisible”, bajo la forma de estereotipos, expectativas y roles.

La industria cinematográfica y el periodismo tienen una gran responsabilidad en la construcción de estos discursos y su reproducción. Consideramos que visibilizar y cuestionar estas situaciones es el primer paso para deconstruir la mirada que la pantalla grande y la prensa tienen sobre cómo deben ser y comportarse las mujeres. En los últimos años vislumbramos cómo las historias de las mujeres y personas de otras identidades de género empezaron a tomar protagonismo e interés, pero estos esfuerzos serán insuficientes hasta que aparezcan de manera igualitaria.

En nuestra campaña anual, desde Grow, género y trabajo elegimos visibilizar los diferentes ámbitos en los que se reproduce la violencia simbólica, para empezar a identificarla, dejar de naturalizarla y promover una sociedad libre de violencias.

Caso Johnny Depp contra Amber Heard

El juicio entre Johnny Depp y Amber es un ejemplo reciente de los diferentes tratos de la prensa y la mirada del público en general hacia las mujeres. Dejando para la justicia la responsabilidad de encontrar víctimas y victimarios, podemos asegurar que nunca vimos desde los medios y las redes sociales el mismo nivel de repudio a un varón que ejerce violencia como lo hemos visto contra Amber. Culpa del patriarcado, la sociedad tiene una respuesta diferente frente a las mujeres que hacen acciones fuera de la ley, que la que tiene frente a los varones por casos similares.

Mientras que la violencia de género (de los varones hacia las mujeres) es estructural, los casos donde se acusa a las mujeres de violencia son aislados. No hablamos de que tengan que tener diferentes penas, exponemos que la balanza no puede equipararse cuando el porcentaje de veces en que las mujeres son las victimarias es muy reducido comparado al de los varones. No creamos que, por un caso mediático, hay que dudar de todas las mujeres que han denunciado. Durante el juicio, en las redes surgieron con fuerza opiniones de que hay que volver a rever la denuncia por violación a Darthes.

Es imprescindible tener cuidado de estos discursos, para que no retrocedan avances de la agenda.