En una entrevista con Tiempo, Ana Sicilia, periodista y militante por los derechos de las personas privadas de libertad, cuenta el trabajo que realiza en las cárceles en forma ininterrumpida desde hace más de cuatro años. “Visito continuamente unidades penitenciarias de todo el país, llevo libros y armamos bibliotecas con los pibes y las pibas”, resumió.

“Arranqué en la unidad 9 de La Plata, en El Ágora, un espacio educativo. Allí Julián Maradeo que era el coordinador del taller de escritura me convocó”, repasó Sicilia. También recordó que la invitó a dar una charla “sobre un blog que tenía donde escribía sobre mujeres que se reinventaron”.

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Así empezó su militancia, desde ese día “nunca más dejé de ir a las unidades penitenciarias”. Después quedó a cargo del taller que dictó Maradeo durante ocho años. “En paralelo se empezó a armar otro mundo que de algún modo me tiene como protagonista”, contó la periodista. “Pedí donaciones de libros en las redes sociales y recibí 350, con los que armé la primera biblioteca”, agregó.

“Después de varios años el proyecto me excedió, ahora estamos hablando directamente de libros en los pabellones y estoy muy feliz de eso”, expresó Ana a este diario. La segunda cárcel que visitó fue la 43 de González Catán. “Allí dicté un taller durante un año y después armé otra biblioteca en el pabellón 2, ubicado en el sector de máxima seguridad, que lleva mi nombre por decisión de los pibes”.

Llenar el pabellón de páginas

“Es un camino que jamás había imaginado”, asegura Sicilia. También observó que muchas veces las bibliotecas que están en los penales no están actualizadas y, además, “llegar a ellas no es fácil, por más que siempre digan lo contrario”.

Puntualiza que “no es lo mismo una persona que no leyó durante toda su vida a otra que sí. Hay que incentivarlas a que vayan a una biblioteca”. Hacer eso en uno de los penales de Argentina implica muchas cosas: “Tener el permiso, atravesar muchos pasillos, rejas y luego buscar el momento. Por eso hay que llevar los libros a los pabellones”, aseguró.

“Cuando rompieron pabellones -traslados masivos de presos- en la Unidad 9 sacaron a todos los pibes que concurrían a El Ágora. Así se desorganizó el grupo, eran casi treinta, solo quedaron cinco de los integrantes”, relató. Luego fue como “empezar de cero y tratar de ir tomando contacto con los que habían sido trasladados. Todos fueron a unidades muy lejanas ubicadas a cientos de kilómetros”.

“Entonces fui visitando cada unos de esos lugares donde fueron a parar cada una de estas personas”, fue como ir tirando “semillas que luego dieron frutos”. Se fue pasando el boca en boca “en las cárceles de varones, a través de uno de ellos llegué a la su hija que estaba en la unidad 40 de Lomas de Zamora”.

“Fui con mucha alegría. Así el ingreso al primer penal de mujeres, recuerdo que tardé cinco meses en poder entrar, porque la burocracia es mucha”, es lo que sufren “muchos y muchas talleristas y creo que es algo que está naturalizado y no debe ser así”, opinó Sicilia.  «Es algo muy valioso que las personas de la sociedad civil donen de su tiempo para ir a las cárceles, con mucho amor, entrega y convicción”, subrayó diciendo que “ni siquiera deberían estar esperando una hora para ingresar a un penal”. A esta altura de las circunstancias “creo que ya no sufro estas cosas, pero me gustaría que sea igual para todas las personas. Las puertas de las cárceles deben abrirse a la comunidad”.

La biblioteca para ellas

La periodista recorre los penales de mujeres “llevando libros con perspectiva de género, la biblioteca que formamos con las pibas es solo de autoras con perspectiva de género”. Para poder armarla volvió a pedir donaciones por las redes sociales y “muchísimas autoras donaron centenares de obras y producciones literarias que venían generando durante los últimos años”. Recordó que le regalaron todos los ejemplares que tenían disponibles para que lleve a los pabellones. “A muchas de ellas les pedí que firmen y dediquen los libros”.  

Armó la primera biblioteca con perspectiva de género en el Pabellón 4 de la Unidad 40 de Lomas de Zamora y desde entonces “considero que el proyecto se tiene que federalizar”, tienen mucho trabajo incluido, “nace del amor que siento por las personas, los libros, los que yo no tenía cuando era chica y tampoco había una biblioteca en mi casa”, recordó Sicilia. Es por eso que hoy “agradezco la posibilidad de poder facilitar libros, para mi es genial. Todo fue posible por las donaciones que recibo cada vez que pido”.

De este modo la periodista de 34 años, que en la actualidad trabaja en Canal 9, fue recorriendo muchas provincias y visitando los penales. “Llegué a una alcaidía de mujeres, el Anexo Femenino en Tierra del Fuego, ahí tuvimos una charla muy fuerte”, recordó. Fue como “haber llegado al fin del mundo. Después estuve en Trelew, también visitando a las mujeres que están detenidas”. Hacía muy poquito tiempo “habían sido trasladadas. Esto fue el año pasado, eran unas diez pibas que estaban todas juntas en una celda muy chica”, enfatizó.

”Es todo muy tajante, las historias que vas escuchando, las miradas, la tristeza, la desolación que se ve en cada una de esas miradas que uno percibe cuando visita esos lugares de encierro. Es un alma que se siente”, describió Sicilia.

“Compartí muchos 8M en distintas unidades, el último en el Centro de Estudiantes ‘Juana Azurduy’ de la unidad 8 de Los Hornos. Recuerdo que llevé cien libros para cien mujeres detenidas. Entregué un ejemplar en manos a cada una, mirándolas a los ojos con todo lo que eso significa, por lo menos para mí” ahondó la periodista. “Se trata de volver a mirarnos a los ojos y ver en el otro oso que está atravesando”, agregó.

Siempre con la educación y los libros bien “presentes, porque eso es lo que necesitamos, no solo en el contexto de encierro sino también a nivel país, nación y patria. Se deben tener en cuenta como columna vertebral de la sociedad”, reclamó.

“Ahora se viene todo un desafío. Estoy pensando en armar una fundación, porque como decía al principio, el proyecto me excedió”, reafirmó Sicilia. Confió que el trabajo que hace empezó como una “cuestión de sanación personal de haber tenido una infancia sin libros, sin poder adquirirlos, sin una biblioteca de mi casa de Burzaco”. Ser canal y mensajera de que “los libros y la lectura salvan, para mí es reconfortante. Es como tocar el cielo con las manos y me emociona mucho”, finalizó.