Esta semana, la Argentina llegó a los 100 mil muertos por Covid-19 y recibió más de 7 millones de vacunas. Sobre esos dos carriles transcurre hoy la pandemia, en una carrera contra la transmisión comunitaria de la variante Delta, con casos que ya no descienden con la rapidez de semanas anteriores, y con una baja en la ocupación de camas UTI que parecería demostrar la incidencia de la vacunación. De estos temas habló Tiempo con Analía Rearte, directora nacional de Epidemiología e Información Estratégica.

–¿Cuál es la realidad epidemiológica actual del país?

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–Estamos viendo un descenso continuado hace seis semanas, a partir de los 9 días que decretó el presidente, que hicieron que los casos empezaron a bajar. En las últimas semanas, el descenso es más lento, y todavía con un número importante y alto de casos diarios. Por un lado, las medidas que se tomaron sirvieron, por otro lado, cuando hacemos el análisis de las curvas de la mortalidad así como otros que hemos hecho con proyecciones de cantidad de fallecidos que hubiéramos tenido si no se hubiesen aplicado vacunas, vemos un impacto importante fundamentalmente en los grupos de mayor riesgo. En este momento está disminuyendo el número de fallecidos, tuvimos una mortalidad muy importante, por el gran número de casos que teníamos, y por suerte se pudo vacunar con al menos una dosis muy rápidamente a la población más vulnerable. Hoy, de 143 departamentos con más de 40 mil habitantes que monitoreamos, solo 12 están aumentando, el resto está estable o baja. Lo importante es que muchas jurisdicciones, que ya empezaron a desacelerar medidas, no abran absolutamente de golpe y liberen todo. Hay que ir con mucha cautela, y seguir vacunando. Los estudios de efectividad que hicimos demostraron que una dosis es muy buena y que, a los tres meses, la efectividad se mantiene. Tenemos que sostener esta disminución del número de casos, porque subir es muy rápido y bajar nos cuesta muchísimo como sociedad, y va de la mano de medidas sanitarias difíciles para todos. Y seguir aumentando la cobertura de vacunación. Hasta hoy, con una dosis ya tenemos casi el 70% de la población mayor de 20 años (66,5%), y en mayores de 60 años, que es el grupo con más riesgo de morir, el 43% ya tiene el esquema completo.

–Sin las vacunas, ¿cuántos más fallecidos habría tenido la Argentina?

–El estudio lo hicimos hasta mitad de junio. Sin contar estas últimas cuatro semanas, en un escenario conservador, por lo menos 11 mil personas no murieron gracias a la vacunación. El desafío es sostener la disminución de casos y retrasar lo máximo posible el ingreso de la variante Delta. Aumentó muchísimo el nivel de control sobre las personas que vienen y deben hacer el aislamiento y PCR, tanto en las jurisdicciones como el Estado nacional. De los 15 o 16 Delta que tuvimos, la gran mayoría los diagnosticamos después del ingreso al país, con PCR y test de antígenos. Por eso, el cumplimiento de la cuarentena y el PCR a los siete días es fundamental para retrasar el ingreso de la variante Delta. Y eso va de la mano con seguir con los cuidados. Viendo lo que pasan en otros países con el rebrote de la variante Delta, hay ciertos cuidados que vamos a tener que seguir manteniendo para continuar la bajante de casos.

–¿Preocupan las vacaciones de invierno?

–Por supuesto, las movilizaciones de personas siempre son un riesgo, porque cuando estás relajado te cuidás menos. Por eso es tan importante que entendamos como sociedad que esto no pasó. Reino Unido está con rebrote, en Cataluña volvieron a imponer restricciones nocturnas…

–Reino Unido o España cuentan con alta cobertura de vacunación y vuelven a tener miles de casos. Cuesta ver la luz al final del túnel.

–Estamos monitoreando eso muy de cerca. El principal objetivo de la vacunación es disminuir la mortalidad. En los países que están con estos rebrotes, todavía no se están traduciendo en internaciones en terapia ni en mortalidad. Eso es una buena noticia. También, si ves la cobertura alcanzada en Estados Unidos o ciertos países de Europa, tienen dificultades para quebrar ciertos techos de vacunación (N. del R.: Alemania, Francia y EE UU aún no pueden llegar al 60% de su población inmunizada). Nosotros tenemos más del 90% de los mayores de 60 con al menos una dosis. Hay muy poca población antivacunas, eso es una ventaja sobre muchos países del hemisferio norte que tienen esa dificultad.

–¿En la ocupación de camas UTI es donde más se ve la incidencia de las vacunas?

–Sí, bajaron muchísimo. Llegamos a estar en 8000 camas, y hoy son poco menos de 5000, por debajo del pico de 2020, que este año lo sobrepasamos en muchos momentos, con muchísima tensión del sistema de salud. Y se pudo dar respuesta. Cuando el sistema de salud no puede dar respuesta, la letalidad (el número de fallecidos sobre el total de enfermos) aumenta muchísimo, y en la Argentina pudimos mantener la letalidad muy baja. Cuando el sistema de salud no puede dar respuesta la letalidad aumenta muchísimo, porque ya no tenés capacidad de dar repuesta.

–¿Cómo afecta la cepa Delta a quienes tienen una dosis?

–Hay estudios de algunas vacunas que marcan que sí, que se pierde efectividad con una dosis pero, como todo en Covid, están en evaluación. Queremos llegar con la población de riesgo cubierta con dos dosis para cuando llegue la transmisión comunitaria de la variante Delta. Mientras, se están coordinando estudios en distintas provincias para analizar la intercambiabilidad de vacunas, no solo de Sputnik. Es algo que se hace todo el tiempo, no solo en Covid. Esa intercambiabilidad va a facilitar la vacunación. Algo que se está estudiando es que, por ejemplo, si combinás dos vacunas con distintas plataformas, se activa la inmunidad de diferentes maneras, y eso podría tener incluso un mejor resultado.

–¿Qué factores influyeron para superar los cien mil muertos en el país?

–Nunca hay una sola causa. En primer lugar, debemos destacar que uno de los principales problemas a nivel mundial y en países de la región es el subregistro de mortalidad, algo que aquí no ocurre. Desde que iniciamos la pandemia, tenemos el sistema de vigilancia tecnológica. Entendimos que era fundamental registrar adecuadamente los fallecidos. Uno cuando carga en el sistema a una persona con covid y después fallece, tenés que entrar de nuevo al sistema e informarlo. Se hizo un trabajo descomunal con las jurisdicciones que se manejaron con sus registros hospitalarios, funerarias, registros civiles, para que no haya subregistro. Ves otros países que tienen dos o tres veces más fallecidos que los que tenían anotados. Eso cambia la comparación con países como Perú, que cuando se puso al día triplicó el número de fallecidos. Por otro lado, la segunda ola fue de una cantidad de casos impresionante, con una velocidad y transmisibilidad mucho mayor que en 2020, con variantes como Manaos, Reino Unido y en menor medida la Andina. Y más casos se traducen en más fallecidos. Pero siempre el sistema de salud, más allá de sufrir mucha tensión, pudo dar respuesta.

–¿Hubo un uso político de la pandemia?

–Uno ve comentarios de gente que no pudo manejar otros brotes más sencillos… Claramente, se hizo un uso político. Decisiones como suspender las clases o aquellos nueve días de aislamiento, cuando ves las curvas, realmente fueron impactos importantísimos. Los números actuales nos duelen y nos golpean a todos. Es muy difícil responder si nos fue bien con nuestras decisiones. Es como que te pregunten si te fue bien en una guerra. Nos golpea a todos.  «

BALANCE

Transcurrió otra semana con muchos contagios pero menos que en la anterior: hasta este viernes hubo 15.668 nuevos casos diarios (en el promedio de los últimos siete días) frente a 16.443 de la semana previa y 19.693 de la última de junio. Aunque comparando este viernes y el anterior, CABA y Provincia notificaron más positivos.