La Cooperativa Alameda armó un Manual de Buenas Prácticas para Productores y Consumidores de la Industria Textil, una especie de protocolo de lucha contra los talleres clandestinos. 

“Esta última surge luego del incendio en abril de 2015, en el barrio de Flores en el que fallecieron dos niños en el sótano de un taller clandestino. Al día siguiente de esta terrible tragedia recibimos gran cantidad de llamados de personas indignadas con lo sucedido. Nosotros venimos denunciando desde hace años este tipo de prácticas de explotación y reducción a la servidumbre”, cuenta Tamara Rosenberg, psicóloga de 40 años e integrante de la cooperativa.

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Y explica. “Nos consultaban acerca de qué marcas no están denunciadas y para que ellos pudieran comprar tranquilos de no estar vistiendo ropa producida en esas condiciones. Al terminar ese día, después de haber atendido gran cantidad de estas consultas, a todos les respondía lo mismo: les enumeraba las marcas de los emprendedores para los cuales brindamos servicio de confección, las marcas de Lacar y Soho”.

Desde Alameda recomiendan marcas que no están denunciadas, ya que están seguros de las que sí lo están. Pero nada les garantiza que las demás firmas no usen ese tipo de práctica laboral, excepto de las que producen con ellos y otras cooperativas que conocen por haber trabajado en conjunto.

Entonces ante las inquietudes de los consumidores, se les ocurrió proponer a todas los que producen con ellos y otras cooperativas difundirlas como Ropa Limpia. La publicación generó un gran impacto positivo y les dio la posibilidad de mostrar la contracara del trabajo esclavo, es decir, el dignificado.

Para fortalecer a quienes producen de esa manera organizaron un desfile y empezaron a darle forma a la red, que en su gran mayoría está integrada por emprendedores que contemplan valor social y ambiental. Las acciones que propusieron, más allá de visibilizar que hay ropa limpia y, generar conciencia de la situación, fomentando el consumo responsable, son la búsqueda de más talleres que produzcan bajo la lupa de las normas vigentes.

“Nos encontramos con una lamentable realidad. Muy pocos pueden dar cuenta de donde producen y los que pueden no quieren dar a conocer porque no cumplen siquiera con los requisitos elementales de seguridad e higiene. Tampoco hablar con respetar jornadas de 8 horas y mucho menos con los salarios adecuados. Nos propusimos entonces generar una herramienta que no es más que sentido común y aplicación de leyes existentes y elaboramos una guía de buenas prácticas destinada a productores, emprendedores y consumidores” explica Rosenberg.

Quienes se propongan mejorar sus modos de producción pueden obtener un sello Ropa Limpia. Sin embargo, la implementación del mismo debiera ser obligatoria, según sus propulsores. Es por todo esto que se impulsa el proyecto de Ley de Bien Común, referido a la certificación de marcas y a una auditoria desde la boca de comercialización hacia atrás, hasta llegar al eslabón productivo. También, con sanciones que pueden ir desde multas hasta clausuras para los locales comerciales que no puedan dar cuenta de la procedencia de las prendas.

“Hay otro proyecto de ley que tiene que ver con la creación de polos textiles, de tal manera que de a poco se vayan erradicando los talleres clandestinos. Los trabajadores deben contar con espacios adecuados para la producción y con un control más directo del Estado, obligando a las marcas a producir en condiciones dignas”, concluyen desde Alameda.