Hacía 15 años que Cecilia Nicolini vivía afuera, incluyendo una beca en Madrid y una maestría en Administración Pública en Harvard, cuando recibió la propuesta del presidente Alberto Fernández en 2019 para que lo asesorara en una gira por España y Portugal. Entonces, decidió volver.

Nicolini, licenciada en Ciencias Políticas, es una de las funcionarias más valoradas puertas adentro, con virtudes que escasean en el Gabinete: gestión y política. Lo demostró en las negociaciones por la llegada de las vacunas en Rusia junto con Carla Vizzotti, y ahora le toca revalidarlo en un nuevo cargo extremo: ser secretaria de Cambio Climático dentro del Ministerio de Ambiente. Los objetivos son enormes y transversales: promover la transición del país hacia un modelo de desarrollo sostenible y lograr coordinar que las acciones de cada área del gobierno tengan en cuenta este factor que ya es una realidad en el país y en el mundo. La funcionaria, asesora clave del presidente, anunció en diálogo con Tiempo una inversión de 8000 millones de dólares para esos objetivos y un plan de transición energética que incluirá reconversiones productivas y “soluciones colectivas, con la gente adentro”.

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–A veces suena muy abstracto el cambio climático. ¿A través de qué acciones concretas se puede combatir?

–Para el presidente, la cuestión climática es una prioridad, una política de Estado que se ha manifestado en su participación a nivel internacional, compromisos que ha hecho la Argentina, sobre todo en la última Cumbre de Glasgow, y también porque es una cuestión que la sociedad está demandando cada vez más. Y se trata de una solución colectiva, lo cual lo hace mucho más compleja. Principalmente, estamos trabajando en el plan que propusimos para este año y compartimos a través del Gabinete Nacional del Cambio Climático (que tuvo su primera reunión esta semana). Por un lado, el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación para el año 2030, que se está abordando con todos los demás Ministerios, con las provincias, organizaciones de la sociedad civil, con el sistema científico tecnológico, para poder identificar cuáles son los desafíos, dotarlos de contenidos, acciones y políticas públicas concretas que permeen en el territorio, que le lleguen a la gente, y sobre todo cuantificar: entender cuál es el costo que vamos a tener si no la enfrentamos debidamente. Se hizo mucho esfuerzo en los últimos años en lo que tiene que ver con mitigación, cómo reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Ahora lo que intentamos, y hacemos principal hincapié como prioridad para estos próximos años, es el Plan de Adaptación. Poder adaptar nuestro territorio a que sea más resiliente y pueda soportar mejor el impacto que tienen en la vida de las personas los fenómenos extremos que ya estamos evidenciando fruto del cambio climático. Por otro lado, estamos trabajando en la estrategia para alcanzar la neutralidad de carbono para 2050, que también es un desafío enorme, en respuesta a lo que demanda la sociedad. Esos planes desde ya que atraviesan el desarrollo y el crecimiento productivo de un país. El desafío es cómo hacemos que ese desarrollo sea cuidando el ambiente, con inclusión, que sea justo, con igualdad y con toda la gente adentro. Para eso estamos trabajando en 6 líneas estratégicas que engloban esa transición justa: la energética, el transporte sostenible, la conservación de ecosistemas y recursos naturales; pensar las transiciones y reconversión productiva. Para poder tener un desarrollo sostenible no podemos seguir produciendo y consumiendo como hacíamos en el siglo pasado. Después, el trabajo con sectores de gran importancia para Argentina como la agricultura, ganadería, la pesca y los bosques, todo con enfoques transversales que le damos a nuestras políticas, como el de géneros y diversidad, y la cuestión federal; pensar el análisis de la gestión del riesgo: cómo las poblaciones más vulnerables están más expuestas a las amenazas del cambio climático.

–¿Se puede desarrollar en un país que arrastra años de urgencias económicas?

–Siempre es un lugar común decir que las crisis son oportunidades, pero realmente cuando una ve las necesidades de la transición en estos contextos tan complejos a nivel mundial, hay muchas oportunidades de que algunos de estos cambios y transformaciones se puedan acelerar. La transición es un rompecabezas de necesidades y restricciones que tenemos que armar con un enfoque sostenible. Sin dudas la salida es integrando a todos los protagonistas y escuchando a todos los sectores, y con todos aquellos que desarrollan, diseñan e implementan las políticas públicas. La transición energética hay que llevarla adelante pero también atendiendo a la seguridad energética del país, a la equidad en el acceso a la energía, trabajar en impulsar el desarrollo tecnológico para que podamos desarrollar la cadena productiva de esos bienes con mayor valor agregado y eventualmente también exportar, porque se requieren muchas divisas. Las transiciones son muy costosas, pero también es muy costoso no hacerlas. Cualquier desarrollo de país si no tiene un enfoque ambiental y de sostenibilidad, no puede ser justo.

–¿De dónde pueden salir hoy las divisas para hacerlo en el actual escenario mundial?

–Es una de las grandes demandas que desde Argentina tenemos activamente a nivel internacional, junto con muchos países en vías de desarrollo, y con vecinos de la región con quienes nos reunimos a trabajar en negociaciones colectivas. Los países desarrollados se comprometieron hace muchos años a desembolsar la inversión mínima de 100 mil millones de dólares por año, para apoyar a los países con menos recursos, entendiendo que estos países desarrollados son los que históricamente, y algunos actualmente, más contribuyeron al calentamiento global. Lo que haga la Argentina o cualquier otro país afecta a la Tierra en su conjunto. En eso, hay cosas concretas: para este año vamos a tener una inversión de más de 8000 millones de dólares en financiamiento externo de organismos multilaterales de crédito para proyectos de adaptación y mitigación, que específicamente traten de adaptar el territorio, o mitigar las emisiones de efecto invernadero, con obras, sistemas hídricos, eficiencia energética, gestión agroalimentaria, las rutas de turismo natural. El turismo natural y sostenible es también otra fuente de generación de divisas.

–¿Es optimista de las metas a nivel internacional? Los fondos ambientales parecen haberse relegado primero por la pandemia y ahora por los gastos en material bélico de las grandes potencias.

–Cuando hace unas semanas escuché que el gobierno alemán proponía invertir cien mil millones de dólares en Defensa para enfrentar la situación del conflicto bélico, generó un poco de pesimismo, porque es la misma cifra que se viene pidiendo a los países desarrollados como inversión en fondos ambientales para países en vías de desarrollo. Sin embargo, no puedo no ser optimista. Porque cuando en mi rol anterior trabajamos para poder adquirir vacunas en una situación tan difícil como era la pandemia, la escasez de vacunas, la incertidumbre en cuanto al desarrollo y las restricciones financieras, si era pesimista no hubiésemos podido alcanzar todo el esfuerzo para conseguir lo que necesitamos. Siempre tiene que haber una pisca de optimismo que te motive a empujar y pelear por esos temas, pero a su vez con el realismo que significa poder ser creativos, encontrar diferentes mecanismos, entender que esto será una transformación que tenemos que lograr también a nivel país. Estamos trabajando en un proyecto muy interesante con el Ministerio de Economía y Jefatura de Gabinete identificando todas las inversiones que hacemos a nivel nacional en infraestructura, bienes de capital, con las provincias, para “etiquetar” aquellas que tienen una perspectiva climática, y así impulsarlas. Hay que atacar todos los frentes. Hay que promover las inversiones en energía renovable con financiación, en un lugar como la Argentina donde el potencial de generación eléctrica a través de energías renovables es muy alta, con vientos constantes, con la posibilidad que se abrió ahora del hidrógeno verde, sobre todo para exportación, con la calidad para instalar paneles solares, sobre todo en el norte del país. Hay lugar para el optimismo, porque también la sociedad argentina, el gobierno y el sector privado, han tomado consciencia de esta necesidad.

–Hay zonas del país donde el uso de energía renovable está arraigado. Pero en los centros urbanos aún cuesta encontrarlas, se promocionan poco o los valores aún no son tan accesibles.

–Es una de las prioridades que tenemos. Uno de los primeros planes que va a salir es el de transición energética. Tiene muchos componentes. Por un lado, trabajar en el mix energético que tiene la Argentina e impulsar cada vez más inversiones en el sector de las renovables. También en proyectos de energía distribuida, y en los costos de los productos. El dato positivo es que hace unos años el precio de las renovables era el doble que el actual. La famosa Ley de Moore, esperamos que siga bajando y sea cada vez más accesible, pero tiene que estar acompañado de mayor inversión en infraestructura y de un plan de eficiencia energética: cómo hacer que consumamos cada vez mejor. Eso también traerá beneficios. También identificando los desarrollos tecnológicos que podamos tener en Argentina que puedan sumar a la cadena de valor de las renovables, con componentes producidos y desarrollados en el país. Eso abaratará los costos. Es una prioridad y un objetivo muy plausible de alcanzar.

–Con Corrientes volvió a ponerse de relieve la necesidad de una Ley de Humedales. ¿Puede haber novedades este año?

–Esperemos que sí. Desde el Ministerio se viene haciendo un trabajo muy pormenorizado con el Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA), para poder tener una Ley de Humedales. Identificarlos, que cada provincia haga los inventarios, y que el desarrollo productivo de cada jurisdicción tenga en cuenta las posibilidades del lugar en el que se instale, con adecuaciones, o identificando aquellos donde no puede haber actividad productiva. Pero a todo esto hay que darle una visión global. En transición energética, por ejemplo, para todo lo que es desarrollo de energías renovables se requieren algunos minerales. En muchos sitios donde hay proyectos de minería hay que tenerlos en cuenta para poder desarrollar también la industria de renovables, eólica o solar. Todo es un círculo con diferentes aristas y relaciones. Es importante que salga la ley este año, pero que tenga criterios comunes establecidos con las provincias para que sea factible en la práctica y podamos cumplir los objetivos.

–¿Cuál es tu opinión sobre los debates que hubo en Chubut con la minería o en Mar del Plata con la exploración marítima petrolera?

–Es muy importante que tengamos los debates. En todo lo que sea desarrollo productivo con impacto ambiental la ciudadanía tiene que tener voz y formar parte de ese proceso. En el caso de la política minera o energética, nuestro rol desde Ambiente es, sobre todo, trabajar lo que tiene que ver con la evaluación ambiental y garantizar los máximos estándares. Y que también haya más acceso a la información, creo que muchas veces falta ese aspecto y hay que trabajarlo mucho más. Y tener en cuenta que es un debate en el que se tienen que escuchar las diferentes voces.

–Para combatir el cambio climático se necesita de una reconversión global que afectará intereses de grupos de poder.

–Sí, por supuesto, pero por eso creo en la política como un espacio de transformación, donde podamos defender el bien común, y sobre todo los más vulnerables, que son en quienes impacta mucho más el cambio climático, las sequías, inundaciones, faltantes de energías. Vamos a tener que enfrentar a grandes intereses, pero creo en la política dentro de un país democrático que tiene leyes, reglas, y por eso atañe a todo el gobierno nacional y a la sociedad, a las empresas, al sistema científico y a las provincias. No se trata de una sola persona. Tenemos que dar la discusión. Identificar los intereses. A nivel global también se ve. La ecuación es perfecta: tenemos países que son acreedores ambientales y deudores financieros, y otros que son acreedores financieros y deudores ambientales. Por eso las soluciones son sistémicas, tener una transición justa, ver el futuro del empleo, cómo preparar a las personas para que tengan trabajo en nuevos sectores que emerjan, poder incentivar una política positiva y controlar a quienes no cumplen. «

La enseñanza que deja lo sucedido en Corrientes

¿Qué enseñanza deja lo sucedido en Corrientes? Responde Nicolini: «En el Ministerio de Ambiente somos coordinadores de políticas y de acciones transversales que tienen que contener los tomadores de decisión, entre ellas las provincias. Tenemos que hacer un trabajo muy cercano con cada jurisdicción para identificar sus particularidades y desafíos. Cada respuesta y plan de adaptación tiene que ser acorde a las necesidades e impactos de cada territorio, y a las particularidades productivas de cada lugar. Lo de Corrientes, la enseñanza que nos deja es que el cambio climático está aquí, ya no es una agenda del futuro, como se planteaba antes. Y es cada vez más importante reconstruir mejor. Si reconstruimos igual, los incendios van a seguir apareciendo. Vamos a poder mitigar mucho más su impacto con buenas prácticas que establezca cada provincia. En el desarrollo productivo, en la conservación de las áreas protegidas, en una coordinación cada vez más eficiente entre las jurisdicciones. La mayor enseñanza es que es un trabajo colectivo y las soluciones tienen que ser colectivas. Es muy difícil dar respuesta a estas crisis globales desde espacios aislados».

Sanciones y escuelas

–Como se ve con la contaminación en el Riachuelo, una efectiva política de cambio climático debe contener más controles y sanciones a sectores que no cumplan. ¿Eso está contemplado?


–Por supuesto. Es también una prioridad. Todas las normas ambientales de control y monitoreo se tienen que cumplir cada vez más. Y si no, las sanciones deben ser ejemplificadoras. Una línea estratégica que estamos trabajando es la transición productiva, con planes de reconversión industrial, acompañando sobre todo a pequeñas empresas, para que puedan producir diferente.


–¿Y en las escuelas cómo es el trabajo de concientización?


–Las grandes transformaciones para un cambio cultural tienen a la educación como protagonista. En la escuela lo ambiental no es un elemento más, se debe ver desde el inicio. Lo marca la Ley de Educación Ambiental Integral que estamos implementando desde el Ministerio.