Un desastre ecológico está sucediendo en Perú, y su población está pidiendo justicia. La protesta ciudadana contra Repsol por el derrame de petróleo en el mar está escalando en Lima, donde ya se registró la tercera manifestación con cada vez mayor cantidad de asistentes y de reproches hacia la gestión de la empresa privada de origen español.

Este domingo marcharon miles de personas hasta la refinería de la firma en La Pampilla, que manejó YPF en Argentina hasta hace doce años. Una de las pancartas manifestaba: “No más empresas de mierda. Repsol hazte cargo. Van más de 7000 derrames en 5 años”. Otro cartel hablaba de “ecocidio”. Ocho días atrás, la refinería fue el origen de un derrame de al menos 6.000 barriles de crudo, cuando descargaba el combustible de un buque frente a la costa peruana. El siniestro afecta dos áreas naturales protegidas, la fauna marítima, y a la industria pesquera, clave en ese país.

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De acuerdo a lo publicado por El País, la empresa sostiene que el vertido se produjo por un oleaje anómalo a raíz de la erupción volcánica submarina en Tonga. Sin embargo, un informe del regulador del sector energía y minas (Osinergmin) reporta que un movimiento brusco del carguero italiano Mare Doricum pudo haber roto el sistema de descarga, según informó este domingo el diario La República.

Hasta ayer la contaminación ya alcanzaba los 1800 kilómetros cuadrados de franja de playa, y otros 7139 km2 de mar alrededor de Lima y sus regiones limítrofes. Según el gremio de pescadores y asociaciones de comerciantes, al menos 3000 personas se quedaron sin trabajo. El vertido ocurrió frente a 21 playas en las que veranean entre enero y marzo unas 5 millones de personas. El ministro de Comercio Exterior y Turismo, Roberto Sánchez, proyecta que las pérdidas en el turismo superarán los 52 millones de dólares.

Todos los sectores afectados coinciden en reclamar y demandar a Repsol indemnizaciones y limpieza rápida del ecosistema marino. En las movilizaciones ya no hay solo representantes de organizaciones ambientales, como era al principio. Y se empiezan a escuchar reclamos de que el servicio sea público.  

De acuerdo al informe oficial citado por el diario La República, el balanceo inesperado del buque carguero no se debió al “oleaje anómalo”, y plantea que pudo ocurrir a causa de una maniobra de la tripulación. Para los especialistas de la entidad reguladora, la ruptura de la conexión entre el buque tanquero y el terminal multiboyas 2 de la refinería La Pampilla sería el motivo de la fuga del petróleo.

Además, la revista deportiva Sudor publicó fotos y vídeos tomados por veleristas que estuvieron frente al buque, mientras esperaban que corriera más viento para continuar una regata que empezó a las 2 de la tarde del sábado 24. “No hubo tumbo, no hubo ola, no hubo tsunami en ese punto”, declaró el experimentado velerista Alejandro Hughes a la revista.

La operadora de la refinería reportó a la fiscalía la semana pasada que la mancha de petróleo ocupaba apenas 2,5 metros cuadrados y que había derramado siete galones de crudo, una superficie mucho menor que la informada después por las autoridades.

El jueves pasado, en un escrito presentado a la Superintendencia del Mercado de Valores de Perú, la filial de la petrolera española descartaba un gran daño: “La continuidad de la operación está garantizada. Consideramos que la investigación preliminar iniciada por la Fiscalía no afectará significativamente el patrimonio o los negocios y actividades de Relapasaa (la operadora de la refinería). No advertimos un pronóstico negativo en función a los hechos y los argumentos de defensa que en su momento plantearemos en la investigación”. Y acotaron que en este momento tienen “más de 2.000 personas y 60 vehículos pesados trabajando sobre el terreno. Esa es la prioridad ahora”.

La refinería en la que ocurrió el derrame es la más grande de Perú y una de las mayores de Sudamérica. La empresa lleva más de 26 años en el país inca, uno de los países más relevantes para ella en cuanto a ingresos y actividades. Ayer, los carteles de las y los manifestantes dejaban en claro su postura: “Repsol, escucha, fuera del país”; “Ninguna autoridad protege nuestro mar”; “Callao, te quiero, por eso te defiendo”; “Repsol, escucha, el pueblo te repudia”.