El doble homicidio del que nadie dice nada ocurrió a sólo 150 metros de Camino Cintura, en la escalera 26 del edificio 20, dentro del complejo 17 de los monoblocks de La Tablada, Ciudad Evita, La Matanza. Muy cerca del hospital Alberto Balestrini.
Nadie pagará esas muertes. Nadie dirá que fue tal o cual soldado. Porque detrás de esta historia se esconde el entramado narco del municipio más grande del país. Cocinas de cocaína, policías que persiguen narcos para cobrarles peaje y sicarios que desaparecen en medio de la noche.
El 14 de mayo a las 00:10, Juan Alberto «El Gordo» Di Leonardo entró a los monoblocks manejando su Peugeot 307 negro. En la adolescencia, había estudiado en el Liceo Policial Juan Vucetich. Pero jamás ejerció como oficial sino que saltó de vereda y pasó algunos años de su vida adulta robando camiones. Lo acompañaba Johnny Espinosa, conocido como «El Negro Cri Cri», con una condena previa por robo. 
La pistola Thunder nueve milímetros con 17 balas de Di Leonardo descansaba en la guantera del coche. Creía que no iba a usarla esa noche. El territorio era conocido. Además los vendedores de la zona esperaban su producto para reabastecer el mercado.
Pero algo inesperado ocurrió. Según la reconstrucción de la fiscalía de Homicidios a cargo de Adrián Arribas, fueron emboscados por tiradores que dispararon sin dar tiempo a nada. El primer tiro que recibió El Gordo fue mortal: la bala entró detrás de la cabeza y salió por uno de los pómulos. En total fueron once los orificios de entrada.
Su compañero corrió la misma suerte y acabó derrumbado sobre sí mismo, manchado de sangre. El equipo de gimnasia que llevaba puesto se tiñó de rojo en pocos segundos.
Los mataron y los dejaron solos. No les robaron nada. Fuentes policiales que conocen la interna del barrio señalaron que el doble homicidio ocurrió en medio de una guerra que tiene de un lado «a los transas» y del otro «a los que entran coches».
«Los mataron como mensaje. Se dice que fueron Los Masita, que siempre tuvieron problemas en otros barrios como San Petersburgo y Puerta de Hierro, en Isidro Casanova», apuntó un agente que trabaja en el Destacamento del Complejo 19 de La Tablada.
«Hace dos semanas –añadió el oficial– metimos preso a un agente de la policía local que andaba enfierrado en el 17 y no precisamente con la pistola reglamentaria. Creemos que trabajaba como soldado de los transas luego de los homicidios.» La investigación de Tiempo pudo reconstruir que la noche de su muerte, El Gordo y El Negro Cric Cri habían salido un rato antes de Villa Celina. Y que trabajaban como «remiseros» para una mujer boliviana que cocina cocaína cerca del Mercado Central. Las fuentes apuntaron que El Gordo movía la cocaína de las cocinas hacia los puntos de venta. Ese era su trabajo. Así lo confirmaron dos oficiales que lo seguían hace meses.
“Siempre andaba con 10 kilos encima. Nosotros no queríamos la droga, sólo terminar de pagar la casa” contó uno de los policías que conocía los movimientos del chofer de la cocinera boliviana.
El dialogo ocurrió en una estación de servicio de Lomas del Mirador. Antes de despedirse, el oficial agregó: “Que el fiscal busque atrás del torpedo. Quizás encuentre algo”.  
Según el policía, detrás del torpedo del Peugeot 307 los mandaderos llevaban escondidos dos kilos de cocaína. Fuentes de la fiscalía dijeron desconocer esta información aunque aclararon que todavía no entregaron el coche por un problema de papeles.
Sobre la cocinera, las fuentes aclararon que antes de los homicidios había viajado a Bolivia y que todavía no regresó. “No tiene un sola cocina”, añadieron.
“Siempre hubo problemas dentro de los monoblocks por la droga. Antes estaban los peruanos, ahora son otros. El problema es que la brigada que trabaja ahora en la zona anda en pelotas, no conoce nada, ni saben lo que El Gordo llevaba al barrio”, concluyó otro de los policías que perseguía a Di Leonardo para cobrarle la cuota por transportar cocaína. «

Montan, un policía bajo sospecha

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Director de la Coordinación de Drogas Ilícitas de La Matanza es Pablo Javier Montan, oficial del riñón del jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, Pablo Bressi. La villa Puerta de Hierro y los Monoblocks de La Tablada están bajo su jurisdicción.
Tiempo publicó los presuntos vínculos del grupo de oficiales al que pertenece respecto al cobro de cuotas mensuales para permitir el micro tráfico de drogas en el Conurbano.
Montan, al igual que Bressi, es liceísta. También lo era uno de los mandaderos de cocaína  muertos de La Tablada: Juan Alberto «El Gordo» Di Leonardo. Fuentes policiales y judiciales señalaron al comisario como resorte clave dentro del entramado de recaudación policial. Hasta recordaron que estuvo involucrado en un confuso hecho en 2003, cuando el grupo operativo de  la Delegación de Narcocriminalidad y Delitos Complejos de Lomas de Zamora que en 2003 secuestró a dos hermanos que presuntamente habían robado 700 mil dólares de una joyería.
En aquella época, Montan era «un oficialito» y declaró lo mismo que todos. Mintió en que había estado en una reunión que jamás había ocurrido.

A sangre fría

La dinámica de los impactos de bala que recibió Juan Alberto Di Leonardo a bordo de su Peugeot 307 negro indica que fue atacado desde distintos ángulos. Según los especialistas, el primer balazo lo recibió en la nuca y causó su muerte inmediata. Así quedó asentado en la autopsia.