La historia es curiosa y todos los días se suman nuevos capítulos. El artista José Luis Mac Laughlin se apropió del Escudo Azul que la Unesco colocó en la Casa Curuchet de La Plata el 30 de diciembre pasado. A partir de ahí el escudo empezó a circular y multiplicarse por los barrios carenciados de la zona con una suerte de lógica de enano de Amelie militante. Ahora el artista redobla la apuesta: quiere llevarlo a las Islas Malvinas y  al Vaticano, y asegura sólo lo devolvería si la gobernadora María Eugenia Vidal se acercan al barrio Puente de Hierro y lo pide personalmente.

“Hoy voy a tener una reunión con el poeta y amigo Osvaldo Bayer y me pidió que lleve la placa, y a la vez también voy a llevar el escudo a una marcha que se hará esta tarde en Plaza de Mayo en reclamo por la política gubernamental que aplica el presidente (Mauricio) Macri en el tema de Malvinas”, dijo Mac Laughlin en declaraciones a la agencia Télam este martes.

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El artista sustrajo la semana pasada el Escudo Azul de la Unesco para la protección de bienes culturales y la utilizó para tomar imágenes en barrios precarios de la ciudad para hacer visible, según explicó, “a los más desprotegidos».

Pero la causa se extendió a punto tal que, según cuenta el fotógrafo platense, artistas del interior lo llaman para que pueda acercar la placa en cada lugar, “para mostrar la desigualdad de oportunidades que sufren quienes viven en el interior que jamás pueden exponer sus obras en la capital de la provincia”.

La “placa robada” también se hizo presente en causas coyunturales, como la mutilación que sufrió el muñeco de fin de año realizado por un grupo de chicos del personaje popular que se viralizó en las redes sociales (llamado “El negro de Whatsapp) a quien agentes de Control Urbano le serrucharon el miembro viril por considerarlo «obsceno”. “No pueden usar una herramienta para mutilar una obra de arte. Ahí hubo censura y denuncié a todo el gabinete de Cultura”, señaló.

La sustracción de la placa generó desconcierto entre las autoridades municipales y de la Casa Curuchet, quienes en un principio creían que era un acto de vandalismo.

“Todavía no hay ninguna denuncia, pero se acercaron hasta mi taller agentes de la Policía Bonaerense y hasta el domicilio de mi hija, un patrullero de la Policía Federal. Yo, si quiere venir algún fiscal, que pase y la busque, ya hay cientos de placas iguales, es difícil determinar ahora cuál es la original”, mencionó el artista.

Para Mac Laughlin, la única manera de devolver el escudo original es si la gobernadora Vidal o su vice, Daniel Salvador, se acercan al barrio Puente de Hierro, emblema por haber sido un sitio donde se cometieron crímenes de lesa humanidad en la dictadura militar, hoy convertido en un lugar de casillas de chapa y cartón.

“Que la gobernadora se acerque y charle con un grupo de mujeres que tienen muchas necesidades y ganas de ser escuchadas, quiero que Vidal vaya al barrio y ahí si hace falta volverá la placa”, dijo el fotógrafo, quien explicó que dejó dos notas en la Gobernación a la espera de que den una respuesta.

Pero la causa ya se extendió y el escudo o sus réplicas podrían llegar fuera de los límites de la Provincia. “Mi objetivo es que llegue a las Islas Malvinas. No me quiero ir de este mundo sin poner el escudo ahí”, advirtió el fotógrafo quien también reconoció que si puede, también llevará la placa al papa Francisco al Vaticano.