A la familia de Luis Espinoza, el peón rural asesinado por policías de la comisaría de Monteagudo, en el departamento tucumano de Simoca, cuyo cuerpo fue encontrado una semana después en Catamarca, no les moderó el reclamo conocer al autor del disparo fatal: “No es el único culpable, (los detenidos) son todos cómplices de la muerte de Luis, necesitamos que se haga justicia, que sea perpetua para todos y que con el paso del tiempo no salgan de a uno de la cárcel”, pidió la cuñada.

El viernes, los resultados de las pericias realizadas en el Laboratorio de Criminalística del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) concluyeron que el plomo que perforó el omóplato izquierdo de la víctima fue disparado por la pistola Jericho calibre 9 mm perteneciente al oficial auxiliar José Morales.

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“El policía que disparó no es el único culpable, todos actuaron en complicidad, planearon cómo hacer para llevar lejos a Luis y tirar su cuerpo”, opinó Patricia Cuevas, cuñada de Espinoza, en dialogo con el medio local Los Primeros.

La mujer agregó que “pasan los días y la familia está destruida, es muy doloroso para sus hijos, su esposa y su madre que lo espera”.

El viernes 15 de mayo, alrededor de las tres de la tarde, un llamado anónimo alertó sobre una carrera de caballos en El Mencho, una actividad clandestina que, sin embargo, había convocado a más de 100 vecinos de la zona y parajes cercanos. Un rato después, coincidieron los testigos, la policía llegó disparando tiros al aire, vestidos de civil y a bordo de una camioneta particular, propiedad de uno de los agentes.

A unos 800 metros del lugar, la policía interceptó a Juan Espinoza, de 38 años y hermano de Luis. Venía en caballo de la sede del Correo Argentino de Monteagudo, donde había cobrado un subsidio por discapacidad a raíz de sus problemas cardiacos. Según su relato, los efectivos lo golpearon y lo dejaron esposado sobre un yuyal. Antes de quedar inconsciente, alcanzó a escuchar la voz de Luis y enseguida un disparo.

Una semana después, el cuerpo apareció en un barranco de Catamarca, a 200 metros del límite con Tucumán. La fiscal Mónica García de Targa sospecha que la víctima fue asesinada en El Melcho y que el cuerpo luego fue trasladado a la comisaría de Monteaguado, donde se decidió descartarlo en una zona de difícil acceso.

Además de Morales, por el crimen se encuentran detenidos el subcomisario Rubén Montenegro, los sargentos René Ardiles y Víctor Salinas; los cabos Claudio Zelaya, José Paz y Miriam González; el agente Esteban Rojas González, un policía de apellido Romero; el vigilador comunal Sergio Santillán y otro civil, que sería pariente de uno de los efectivos.

Espinoza tenía 31 años, trabajaba en la comuna rural Chicligasta, pero vivía en Rodeo Grande, junto a su mujer, sus seis hijos y su madre.