En nombre de la honestidad intelectual es justo confesar que dedicarle al expresidente Mauricio Macri epítetos groseros relacionados con su supuesta haraganería y calificarlo como un simple “domador de reposeras” ha sido una injusticia flagrante. Suele darse como cierto que “el ocio es la madre de todos los vicios”. Lo que no se dice es que es también la madre de las ideas más audaces. ¿No es muy audaz, acaso, la idea de crear una fundación con su nombre para promover la educación de calidad? En esta idea paradójica, el líder del PRO no sólo se ha superado a sí mismo, ha superado las paradojas del propio Zenón, como la de Aquiles y la tortuga y hasta la paradoja que nació de las discusiones sobre física cuántica entre Erwin Schrödinger, Premio Nobel de Física en 1933, con el genio Albert Einstein. Sí, la que pasó a la historia como “la paradoja del gato de Schrödinger”, según la cual un gato dentro de una caja con determinadas condiciones puede estar vivo y muerto al mismo tiempo. Claro que el gato del que hablaba Schrödinger no era su propio gato, sino todos los gatos del mundo. Por eso, mientras muchos lo consideran a Macri un cadáver político, “El Gato” demuestra que está vivito y coleando y se lanza nuevamente al ruedo montado en la más audaz de todas las paradojas: hacer de su nombre un sinónimo de educación.

Podría decirse que, por lo menos hasta el momento, esta es la culminación de todas las paradojas del macrismo. Un breve repaso servirá para demostrarlo.

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Durante el gobierno de Cambiemos, la famosa teoría del derrame demostró su eficacia, porque nadie podría negar que hubo derrame pero, paradójicamente, derramó para arriba y no para abajo, como si la economía no respondiera a la ley de gravedad a pesar de la situación de gravedad extrema en que la dejaron. El derrame parece obedecer a una ley poética que lo equipara con El mundo del revés de María Elena Walsh, en el que hay “un perro pequinés / que se cae para arriba / y, una vez, / no pudo bajar después”. En ese mismo mundo hay “mil quinientos treinta chimpancés / que si miras no los ves”. Claro, son chimpancés. Los gorilas, en cambio, siempre se hacen ver.

Pero sigamos con el repaso de las paradojas. Durante todos los gobiernos del macrismo se redujo el presupuesto para Educación. ¿Quién precisa escuelas dignas, maestros bien pagos, acceso a los libros, a las computadoras y a todos esos espejitos de colores que tanto les gusta reclamar a los gremios docentes?

El Programa Nacional Conectar Igualdad, creado durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner, fue desguazado. Todos sabemos que la aspiración a la igualdad es una rémora de la Revolución Francesa, que quizá Macri no sepa bien cuándo se produjo, pero sí está seguro de que tuvo lugar en el pasado, ese tiempo muerto que solo veneran los melancólicos ineficaces. Por eso, a él no le preocupa decir que el 9 de Julio se celebra el Día de la Bandera, como efectivamente ha dicho, ya que el pasado es un menjunje de hechos indiscernibles que no sirve para nada. Como promotor de la eficacia empresarial aplicada al Estado, también, ya que estaba, abolió el presente y el futuro. Después de todo, no son más que tiempos verbales, formas demagógicas populistas, actos subversivos del lenguaje para convencer a los pobres de que realmente tienen derecho a tener un presente y un futuro. En beneficio de la educación es mejor abolir los tiempos verbales.

Emulando a Marcela Morelo que canta “¿qué es eso de andar dejando corazones rotos?”, el expresidente se preguntó: ¿qué es eso de andar abriendo universidades por todas partes? Para lograr una educación de excelencia es mejor cerrarlas. Ya se sabe que los pobres no llegan a la Universidad (María Eugenia Vidal dixit). A tal punto la paradoja es para él la forma más noble del pensamiento, que ni siquiera se le ocurrió decir,54 como a Morelo, “¡ay, mi vida, qué cosa de locos!”

Otra de las paradojas destacadas de nuestro expresidente es que detesta la especificidad. Para muestra basta un botón. Quien fuera su ministro de Educación tanto en la Ciudad como en Nación, Esteban Bullrich, no tenía ningún antecedente en el campo educativo (los antecedentes los tuvo después, pero en otros campos), cosa que demostró ampliamente durante su gestión. Paradoja de paradojas, cerró todos los posgrados destinados al perfeccionamiento docente. A cambio de su falta de experiencia en Educación, sí tenía una exquisita sensibilidad poética, como lo puso en evidencia en su poema antiabortista Yo te amo mamá que comienza así: “Indefensos silencios que callan, adentro del castillo hecho panza. Vulnerables ojitos que no ven,/ la tormenta que le aproximan a su piel”. Resulta evidente que el exministro pasó por el taller literario de Belén Francese.

Lo cierto es que Macri ha hecho escuela (así, en singular) con la paradoja, porque la actual Ministra de Educación de la Ciudad, María Soledad Acuña, no solo no tiene antecedentes en el campo de la Educación, sino que además considera que los maestros son feos, sucios y malos. Por su parte, la oposición PRO ha criticado “el gobierno de los infectólogos” porque resulta evidente que para combatir la pandemia sería mucho mejor consultar a un licenciado en Letras, un carpintero, un abogado o un tarotista.

Por todas estas razones, apoyemos la Educación apoyando la paradoja. ¡A quemar libros se ha dicho!