Carla Eugenia Giacomelli es doctora en Química y trabaja en el Instituto de Investigaciones en Fisicoquímica de Córdoba (Conicet-Universidad Nacional de Córdoba). Nació en la localidad cordobesa de Camilo Aldao donde hizo la primaria, la secundaria. Ahí su profesor de Química la ayudó a descubrir su vocación científica. Después de licenciarse en Química y obtener el doctorado, hizo una estancia posdoctoral de 4 años en Países Bajos y decidió volver a la Argentina, donde acaba de obtener el premio L’Oreal-Unesco que apoya el trabajo de las mujeres en la ciencia.

Con su investigación busca correr el borde del conocimiento para generar uno nuevo, y aunque siempre que se trata de salud ese borde es esperanzador, dice que hay que ser cuidadosos porque todo requiere de mucho tiempo. ¿Cómo se traduce esa búsqueda? A través de la ciencia experimental, con la que dibuja un horizonte disruptivo donde es posible regenerar células ahí donde hoy solo se puede poner una prótesis.

El avance que significa la investigación que lidera desde hace años le valió diferentes distinciones a lo largo de su carrera y el más reciente premio nacional L’Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” enfocado en “Ciencias de la materia”. Lo recibió en la Ciudad de Buenos Aires y la organización del evento le organizó una agenda apretada de reuniones, entrevistas periodísticas presenciales y por teléfono y hasta encuentros en la embajada francesa. Pero Carla Giacomelli ya está de nuevo en la ciudad de Córdoba, volvió a la rutina de docencia en la UNC y desde ahí habla con Tiempo y cuenta lo que este reconocimiento significa para la ciencia nacional.

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Hacer crecer los huesos

El premio “Por las Mujeres en la Ciencia” tiene dos categorías: una beca para jóvenes talentosas que ganó la Dra. Guillermina Amica, investigadora del Conicet en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y un premio para mujeres de mayor trayectoria que permitirá financiar de forma parcial un proyecto, categoría que ganó Giacomelli.

“El proyecto es consecuencia del trabajo que venimos haciendo en el equipo desde hace muchos años con materiales biocompatibles, o sea, materiales compatibles con la vida. Si alguna vez salen al mercado, son materiales que pueden usarse como implantes”, contó Giacomelli a Tiempo. El equipo que lidera consta de cuatro investigadoras e investigadores, becarios y estudiantes de grado. Todos provienen de disciplinas diversas: fisicoquímica, química inorgánica, bioquímica, biotecnología, farmacia, y esa diversidad es la que les permite combinar conceptos de la nanociencia con otros, como los de biotecnología.

“Nosotros hacemos investigación básica, de laboratorio, con experimentos in vitro y con esta combinación de materiales bioresponsivos. Se trata de materiales que están preparados para hacer que, por ejemplo, las células adquieran determinada funcionalidad o se potencie”, expresó.

El material se utiliza para sostén del tejido y contiene portadores que llevan materiales genéticos “que pueden ingresar a las células y expulsar proteínas que hacen que se genere nuevo tejido, de modo tal, que la reparación ósea no esté dada solamente por un implante o una prótesis, sino que las propias células generan el tejido”. Siendo el componente de sostén biodegradable, en la medida que la célula va generando su propio tejido óseo “el material de sostén se va biodegradando, es decir, que en el mediano y largo plazo ya no te quedás con un implante o con una prótesis sino que se va generando un hueso nuevo, propio de ese paciente”.

A pesar del avance que esta investigación significa para la salud, Giacomelli aclara que aún se trata de un proyecto en la fase de investigación básica. “Para que eventualmente salga al mercado falta mucho tiempo y etapas, tratamos de optimizar la combinación de todos los componentes a escala de laboratorio que es una escala chiquita, de poco volumen y todo lo demás lo trabajamos in vitro. Si por ejemplo encontráramos alguna combinación de componentes que funcionara bien ahí recién habría que pasar a modelos animales y si también funcionara bien, luego a las fases clínicas y a cumplir con toda la normativa exigida por ANMAT, eso demanda unos cuantos años”.

Los resultados de una investigación básica son una piedra fundamental para un avance científico en las generaciones futuras. Es decir, que quienes dedican su vida a estas investigaciones posiblemente nunca la vean realizada.  “Es lo que me apasiona hacer, es lo que hice toda mi vida, partir sobre la base de la bibliografía existente, de lo que hacen otros grupos similares en el mundo y tratar de generar cosas que sean innovadoras, siempre con una proyección futura a largo plazo, sin perder de vista que el trabajo de uno es un primer pasito”, afirma.

Combatir estereotipos

Carla Giacomelli fue secretaria de Ciencia y Tecnología en la UNC por 6 años, hasta agosto de 2022. Dice que la experiencia de gestión es muy distinta a la de hacer ciencia básica; que pudo conocer la diversidad que existe en la universidad: “Me permitió trabajar un poco más las cuestiones de género también desde el laboratorio, entendiendo la posibilidad de tomar decisiones y de generar algunos programas o políticas universitarias para facilitar el trabajo de las becarias que son madres o visibilizar el trabajo de las mujeres en las disciplinas más vinculadas a las ciencias naturales y exactas”.

Como se sabe, hay dificultades de todo tipo para el ingreso y permanencia de mujeres y personas LGBT en las carreras científicas. “Sobre todo –añade– hay unos fuertes estereotipos culturales y sociales que nos atraviesan desde que somos niñas, desde los primeros juegos, todavía es habitual que a una niña le regalen una muñeca o cosas para limpiar la casa y a los niños les regalen herramientas para hacer algún trabajo más manual. Hay que trabajar el tema de la vocación temprana con las niñas, jóvenes y adolescentes y hablar de que esto de hacer ciencia no es solo para hombres sino que es para todos y todas, no importa el género o cómo te autopercibas”.

Por eso el premio que recibió es importante, porque pondera la labor de las mujeres científicas. Giacomelli, además, concluye que desde la gestión de las universidades y los estados pueden tomarse medidas para potenciar a las mujeres en este ámbito y lograr que ocupen lugares con capacidad de tomar decisiones.