Promedian las vacaciones de invierno. Muchos lograr escaparse con inmenso placer hacia el mar o a la montaña, aunque quien firma estas reflexiones preferiría un departamento en Corrientes y la 9 de Julio con vista al Obelisco. Los bichos de ciudad estamos contentos: no se queda vacía pero está más disfrutable. En nuestro caso, la ciudad moviliza, marca vida. Siempre optamos por la gran ciudad a esos lugares en los que perdés la mirada y no encontrás nada: son un poco ese infinito inatrapable.

Pero las vacaciones son para una minoría. No se las toman ni el poder real ni los golpistas. Tampoco quienes marchan, con bronca aunque con fe, esa fe que sería un gran regalo de vacaciones, poder devolvérsela a un pueblo que empuja y desempuja, como decía hace una semana en mi programa de radio. En estos tiempos, en que el capitalismo salvaje como el de la Argentina, envileció tanto la vida. Donde urgen medidas para llevar un poco de calma. Sería una devolución mínima de todo lo que el capitalismo les roba.

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Y una semana después, una semana especialmente tumultuosa, también en el programa matinal me dio por pensar, a partir de un resfrío que me aquejó con fuerza, que el país también está con un resfrío importante. Que lo atacan todos los virus: la oposición, responsable de la tragedia económica más grave después del 2001 y que sin embargo se permite hablar. El virus del campo que quiere la “chancha y los cuatro reales” (como se decía en mi pueblo), que no para de presionar y de victimizarse, mientras se lleva todo el dinero. Otro virus: los diarios que directamente son de Al Capone, un tipo incluso más sensible que estos dueños verdaderos, que van contra la vida de millones y extorsionan con sus tarifas demoníacas. Tenemos la fiebre del dólar y las pretensiones devaluatorias de los agroexportadores. La tos, como es cambiante, serían los precios, como el del pan y otros tantos, imprescindibles para el pueblo, a la vez inaccesibles lo que significa una tragedia. El dolor de cabeza es la indecente e insoportable presión de los mercados. Y en medio de todo, el mareo del gobierno y la carraspera de la inflación, la suba en transportes y alimentos y la cada vez más desigual distribución de riquezas y posibilidades concretas.

Esa inflación que tanto mal provoca, pero que es un flagelo mundial, y que aquí padecemos de una manera especial. Como lo demuestra un mapa exhibido en mi programa de C5N donde se advierte que en Alemania subió al 8,2%; que en Países Bajos fue del 9,9%; en Bélgica, del 6,5%; España, el 10%; Grecia, el 11%, Polonia, el 14,2%; Lituania, el 20,5%. Si se cruza el océano, en EE UU hubo un récord histórico, el 9,1%. Hace 40 años que no había en el mundo una inflación como la de hoy. Una inflación por acumulación de riquezas. Otra estafa como sólo el capitalismo se puede permitir.

Como un reflejo respecto de que en qué manos estamos cuando hablamos del poder real, podemos detenernos en Nicolás Pino, el presidente de la Sociedad Rural, que se ufana de una charlar con el embajador de EE UU, Marc Stanley, gentes que han sembrado de golpes en América Latina. Justamente Pino relató muy jocosamente que le contó cómo encanutaban la soja, cómo la metían en silobolsas para no venderlas, para conservarlas, con el pretexto de cubrirse… ¿De qué se cubren con los precios internaciones y con las retenciones en el mismo nivel que con Macri? Lamentablemente el actual gobierno no las subió… El poder político es muy débil frente al poder real, y el carácter del gobierno no ayuda, dolorosamente. Siempre ganan ellos. Y se ríen de nosotros, del pueblo, de la democracia.

Cuando no conspiran para dar golpes. El gobierno juega contra múltiples enemigos al cual más poderoso, malvado, destructivo.

Como Aldo Rico convocando a los militares, diciendo que la patria es una anarquía y que no hay gobierno. Todos nos sentimos muy tocados. Hay recuerdos atroces de estos personajes, siempre golpistas, exhortando a un comportamiento golpista. Seguramente muchos militares demócratas lo ven como un disparate. Pero otros sí son capaces de pensar seriamente en un golpe de estado. A esto nos arrastran los medios de comunicación hegemónicos, que envenenan, que le meten a la gente la sensación de que el país es invivible. Como si fuera la primera crisis económica que no tenga que ver con los sátrapas del gobierno neoliberal hasta el 2019. Con una pandemia que devastó al mundo, que les quitó la vida a más de 100 mil personas en la Argentina. Y con una guerra atroz propiciada por EE UU y por la OTAN. Los medios, TN, LN+, todos los voceros de Magnetto y de los Saguier, una cofradía atroz, una caterva de personajes que arrastran a los otros, que no son pocos, convocan a pensar que mal no vendría un golpe de estado a la Argentina, que sería mejor que el actual gobierno democrático.

Y sus voceros, los Rico, Milei, Bullrich, Macri, Vidal, Espert y otros muchos personajes menores. Los medios hegemónicos y mafiosos preparan el terreno para que vengan los otros a arrasar con la democracia. Así terminaron con Alfonsín: recordemos que Magnetto le dijo “usted es un estorbo” y se fue a negociar con Menem en junio de 1989, para plasmar la enorme traición que duró más de diez años, para terminar en la tragedia económica que apareció, no de casualidad, en el 2001.

También así actuaron con un gobierno que, a pesar de ellos, cambió la historia de la Argentina convirtiéndolo en un estado de bienestar hasta el 2015. Cuando se jubilaban los que debían jubilarse; cuando la desocupación era del 5,4%; cuando el sueldo en dólares era el mejor de Latinoamérica; cuando había 6,5% en la educación; cuando se construían hospitales uno al lado del otro; cuando las universidades iban a donde estaba la gente; cuando se dieron derechos a quienes tenían una orientación sexual diferente y también se lo dieron a las mujeres como nunca había sucedido. Y tanto más… A ese gobierno lo atacaron como nunca. Y luego destruyeron lo construido.

Ahora Rico se pinta la cara para hablar con militares que por suerte no llevarán el apunte. Aunque Magnetto los obligue. Golpistas como Rico dan mucho miedo. Pero los que están detrás suyo provocan mucha repulsión.