El rechazo a las pasantías laborales no pagas que propone el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, supo ganar un gran rechazo por parte de la comunidad educativa. Algunos sectores ya están elaborando la judicialización de esta medida que obliga a casi 30 mil estudiantes de secundarios porteños a realizar tareas y prácticas laborales sin percibir ningún salario, bajo el argumento de que son iniciativas necesarias para introducir a los jóvenes al mundo del trabajo

Pese a las voces en contra de esta medida, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, insiste en continuar a con la iniciativa. Por esta razón, en los últimos días del año, comenzará a dosificar la información sobre los supuestos avances respecto a este tema, mediante distintas conferencias de prensa, con el objetivo de que esta iniciativa no pierda estado mediático antes de fin de año.  El lunes inició este camino, poniendo nuevamente en agenda la necesidad de que las y los estudiantes realicen estas prácticas gratuita y obligatoriamente. Larreta junto al jefe de Gabinete, Felipe Miguel; la ministra de Educación, Soledad Acuña; y el ministro de Desarrollo Económico y Producción, José Luis Giusti; firmaron con los representantes de Pampa Energía, Accenture y Centro Médico Stamboulian, el convenio para que estas firmas participen del programa a partir del ciclo lectivo 2022.

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Si bien el anuncio oficial dice que “ya son 265 las empresas y organizaciones de diversas industrias que se comprometieron con la formación educativa de los alumnos”, lo cierto es que el gobierno porteño dio a conocer sólo tres empresas de ese total. Tiempo se puso en contacto con la cartera educativa que dirige Soledad Acuña para conocer el resto de las firmas involucradas y, hasta ahora, se niegan a brindar esa información. Una fuente de la jefatura adelantó que, seguramente, dentro de los acuerdos se encuentren “la participación de cadenas de comida rápida (sin detallar el rol de cada estudiante) y otras empresas de servicios donde se llevarán adelante estas prácticas laborales”.

A la gratuidad de las prácticas se le suma otra polémica: la obligatoriedad de las mismas. En diálogo con Tiempo Argentino, el ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires, Gustavo Zorzoli, considera necesario corregir al menos dos puntos de la iniciativa del ejecutivo porteño: Una es que esas “prácticas laborales” se realizarían en horario escolar y la otra es que son obligatorias. “Que las prácticas no se realicen a contra turno, sobre todo pensado esto en dos años de pandemia donde, efectivamente, se han perdido clases presenciales por aislamiento y la aparición de casos sospechosos, creo que necesitamos de más tiempo escolar en ese sentido, y es por eso que, el proyecto debería implementarse en tiempo adicional para no interrumpir el dictado de las clases curriculares históricas”, advierte el especialista en educación.

Efectivamente, los 29.400 estudiantes de 5° año del secundario de 442 escuelas, tendrán que realizar estas pasantías sin pago alguno dentro de la vieja estructura horaria. Según el gobierno porteño son 11.250 alumnos de 116 escuelas de gestión estatal y 18.150 estudiantes de 326 colegios privados.

Para Zorzoli esto provocará que las y los profesores comiencen a tener ausencias, debido a que los estudiantes de cada último año, no irán todos juntos al mismo tiempo a realizar estas prácticas laborales. “Esto puede provocar interrupciones en la enseñanza y es por eso que esto me parece que no favorece a la vida cotidiana de las escuelas. En cambio, si fuera todo a contra turno sería mucho más fácil de organizar para los establecimientos educativos”. Este es uno de los puntos esenciales que no tuvo en cuenta, hasta el momento, el gobierno de la Ciudad, ya que en la letra chica de la iniciativa no se determina la contratación de profesores dedicados exclusivamente al acompañamiento de las y los chicos que lleven adelante las pasantías o prácticas laborales.

Otro de los argumentos por el que el gobierno porteño intenta convencer a las familias sobre lo fundamental de realizar estas prácticas laborales obligatorias, es contrastarlas con las que realizan históricamente las Escuelas Técnicas en 5° y 6° año. Hecho que ocurre de manera masiva desde los años ‘90 en adelante, tanto en Ciudad como en diferentes jurisdicciones, dado que, los estudiantes de las técnicas necesitan irremediablemente de esas prácticas, que, en la mayoría de los casos llegan a percibir un pago por las mismas, salvo en territorio porteño.

Respecto a la obligación de realizar estas prácticas laborales, el especialista también mostró su descontento, “no por la práctica laboral en sí mismo sino porque se le agrega a los adolescentes una instancia obligatoria más. El currículum de las escuelas en Argentina es muy cerrado, muy rígido. Les enseñamos lo mismo a todos los chicos y chicas con algunas variantes, pero en última instancia tiene un formato bien cerrado. Las y los estudiantes no pueden construir su propia trayectoria escolar en función de sus intereses y capacidades”, suma Zorzoli y agrega, “los metemos en una caja cerrada y esperamos que entren por una puerta y salgan por la otra, y muchos salen por puertas laterales cuando no pueden terminar sus estudios. Con la obligación de estas prácticas hay que preguntarse si todos los chicos las necesitan. Es por eso que en 40 países en el mundo que tienen prácticas laborales estudiantiles, solo en 8 son obligatorias”.

Diferencia con las escuelas técnicas

Quienes siguen la formación técnica necesitan, inevitablemente, de un proceso de formación laboral. Entre las diferentes especializaciones se encuentran Metalurgia, Mecánica, Automotores, Refrigeración y Aire acondicionado; Electromecánica e Industrialización de la madera y el mueble; Electricidad, Electrónica y Computación; como así también las especializaciones de diseño en sus diferentes ramas: de interiores, Diseño y producción gráfica, Técnicas en diseño y producción de indumentaria, Diseño de artesanías aplicadas a la industria, Orfebrería, Diseño y Comunicación Publicitaria, etc.

“Las escuelas secundarias técnicas tiene un perfil muy diferenciado a las de un bachiller, u otro estudiante que va a una escuela de arte, o comercial, donde tienen otros intereses y no necesariamente el mundo del trabajo lo atraviesa de la misma manera que en las Técnicas, donde sí está claro que la perspectiva del trabajo es muy relevante”, opina Zorzoli.

“Además, en el caso de las escuelas técnicas, lo que tienen es que la mayoría de los estudiantes que están en sexto año ya son mayores de edad. En cambio para estos casos estamos hablando de chicos que tienen 16 y 17 años, lo que me parece a mí es que no van a hacer realmente una práctica laboral, no van a meter las manos en el barro, sino que tendrían que hacer una práctica educativa”, termina.