No soy vegetariana, ni tampoco vegana. Que se sepa. Es cierto que como menos carne que muchas otras personas, cosa que se nota mirando el menú promedio de mi página. Pero cuando como carne, eso sí… quiero que esté buenísima. 
La mayoría de las veces lo que quiero en esas ocasiones es carne a la parrilla, bien buena y bien hecha. Lo más magra posible, sin rulos pero sabrosa. Por eso no abundan las recetas. Pero estas hamburguesitas son una concesión imprescindible. Tengo dos o tres truquitos hamburgueseros que todo lo cambian, heredados de mi abuela, que las llamaba «kiftikas»: una versión muy pariente de las albóndigas, viajera desde su país natal, Turquía.
Salen siempre jugosas, siempre doradas, siempre a punto y bien condimentadas. Sin escándalos como agregarle huevo o harina a la carne (¡horroooor!). Y no fallan.

Ingredientes:

– 600 grs de carne picada magra (para mí es la mágica cantidad con la que comemos 2 y sobra justo para un almuerzo rápido el día siguiente)

– Una cebolla mediana

– Una cucharadita de comino

– Un puñado de perejil picado (o si te gusta cilantro, o la hierba que prefieras)

– Una pizca de pimentón o harissa

– Sal, pimienta, limón y salsa de soja

Procedimiento

El truquito principal de esta receta es rallar la cebolla. Le da muchísimo sabor pero sobre todo muchísima humedad a la hamburguesa, sin desarmarla ni dejar trocitos molestos. Si te sobra un poco, cortala en trozos y reservala que después la vamos a usar de guarnición y queda genial.

Mezclar todos los ingredientes salvo el limón y la salsa de soja. (Podrías agregar también un poco de zanahoria rallada cruda si tenés, pero poquito). Amasar con las manos como si estuvieras haciendo una masa; como no usamos huevo, ni harina, ni ningún otro aglutinante que le cambiaría el sabor a la hamburguesa, lo mejor que podés hacer es dedicarte unos minutos a amasar con  la mano bien abierta. Te vas a dar cuenta de que cambia de a poco, juraría que “toma” como una masa justamente. Cuando sentís que está bien suave y parejito, formá las hamburguesas como más te guste. Para mí ayuda hacerlas pequeñas pero no demasiado finitas, para que sean jugosas y salgan siempre parejas.

Calentar una sartén o plancha (la más gruesa que tengas) hasta que esté para pelar pollos. Con apenas un chorrito de aceite ya podés mandar las hamburguesas. No las molestes. Dejalas quietas un ratito que hagan ssss y zzzz y chhchchchh, así tiene que sonar para que se doren y se despeguen solitas una vez que se sellen de un lado. Al pasar algunos minutos, y fijarte probando con una si están doradas, voltealas.

Otra vez, No Molestar por uno o dos minutos. Si te sobró cebollita y la cortaste en cubos, bien por tí: agregala ahora a la sartén, quizá con unas gotitas más de aceite y sal. Ahora agregá jugo de limón y gotas de salsa de soja: que las hamburguesitas se terminen absorbiendo estos sabores y ya podés apagar el fuego. Remové la cebollita y serví. Si querés, agregá un poquito de agua a la sartén y levantá la “salsita” del fondo. Puro sabor.

Con ensalada de berenjenas y manzanas pega genial. Al día siguiente, “rotas” y sarteneadas con arroz y alguna verdura, ñam.

* Natalia Kiako dicta cursos y talleres. Pueden ver toda la info en su web.