“Hay mucha gente joven que no sabe lo que ahí pasó. No queremos que haya otra cosa que no sea un espacio de memoria. No puede haber otra cosa”, dice Marisa Gómez Martínez sobre el inmueble ubicado en Bartolomé Mitre 3038/78, entre Ecuador y Jean Jaures, en el barrio porteño de Once. El lugar donde funcionó el boliche República de Cromañón, donde 194 personas murieron la noche negra del 30 de diciembre de 2004. Entre ellas Gustavo Marchiano, de 21 años, hijo de Marisa. Junto a otros familiares y sobrevivientes, el jueves presentará en el Congreso de la Nación el proyecto de ley que busca declarar de utilidad pública y sujeto a expropiación el lugar donde se desató un fuego que fue masacre.

El proyecto, que apunta a crear allí un espacio de memoria, cuenta con el acompañamiento de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y se presenta en la Cámara de Diputados con el impulso de Paula Penacca, del Frente de Todos, y el aval de diputados de gran parte de las fuerzas políticas: Frente de Izquierda y de los Trabajadores, Juntos Somos Río Negro y Frente para la Concordia Misionero, Encuentro Federal, Evolución, Coalición Cívica, UCR, PRO, Socialismo e Identidad Bonaerense.

“Ahí sucedió una masacre terrible que va a quedar para siempre en la historia y la memoria de nuestro pueblo. Es un proyecto que acompaño junto a un montón de diputados y diputadas de diferentes fuerzas políticas, todas las que tienen expresión parlamentaria lo están acompañando. Pero es un proyecto que pertenece a las y los sobrevivientes, las y los familiares de quienes estuvieron”, enfatiza Penacca en diálogo con Tiempo. “Creemos que es indispensable recuperar el lugar para construir allí un espacio de memoria colectiva. La posibilidad de que el Estado intervenga, repare las consecuencias de ese hecho tan grave sobre las personas que estuvieron ese 30 de diciembre y que se haga cargo de tener políticas activas de memoria, de acompañar el pedido de verdad y de justicia, y también políticas de prevención, porque creemos que la instalación de ese tipo de espacios -ha sido comprobado en la Argentina con la política de los Derechos Humanos y los sitios de memoria- son una reafirmación del Nunca Más. Para que no vuelvan a suceder estos hechos, que no existan las complicidades y las impunidades. Una política activa de prevención que tiene que llevar adelante el Estado”, plantea la diputada.

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La iniciativa ingresó el viernes a la Cámara de Diputados y será oficializada el jueves a las 16 en una actividad en el Salón de los Pasos Perdidos, con presencia de familiares y sobrevivientes.

«Para nosotros ese día fue ayer»

“Luchamos desde hace 18 años por este lugar. Para nosotros sería muy importante que se apruebe. Esta masacre fue de lo más grave que pasó en Argentina, pero muchas veces no se tiene en cuenta”, lamenta Marisa. Y remarca que no es la primera vez que se presenta un proyecto por la recuperación del espacio: antes se intentó en la Legislatura porteña, pero la mayoría oficialista lo frenó y ni siquiera se trató.

“Lo primero que queremos es que esto salga y luego entre todos los grupos (Coordinadora Cromañón, El Camino es Cultural, Familiares de La Matanza, Movimiento Cromañon, Ni Olvido Ni Perdón, No Nos Cuenten Cromañón, Organización 30 de Diciembre, Que No Se Repita y Sin Derechos No Hay Justicia) estamos pensando consensuar qué es lo mejor para ese lugar. Seguramente algo social, algo que la gente pueda usar para algo bueno. Lo que queremos es que esto no quede en el olvido”.

Pasaron casi dos décadas, aunque para Marisa el tiempo se frenó aquella noche. “Es una lucha larga. Pero para nosotros el tiempo es el mismo. Para nosotros ese día fue ayer. Hace 18 años y me parece que mi hijo salió de casa ayer y no volvió”, se emociona.

Gustavo tenía muchos amigos, pero aquel 30 de diciembre solo fue al recital con Mariano Benítez. “Era su amigo de toda la vida, desde el jardín de infantes. Ninguno de los dos pudo salir”. Por ellos, por las familias que quedaron rotas, por los sobrevivientes con traumas y otros problemas de salud, por los 19 suicidios post Cromañón y por la sociedad toda, la mujer quiere que el lugar se transforme en espacio para la memoria.

«Cromañón nos pasó a todos»

Para Gonzalo Zamudio, sobreviviente, esa unidad entre las distintas organizaciones es la clave. “Me resulta muy reconfortante cómo llegamos (a este proyecto). Con un grado de unidad que a veces es difícil. Ni siquiera por diferencias, sino porque somos muchas organizaciones, muchas personas, muchos grupos a los que sencillamente la masacre nos atravesó de maneras distintas y a veces eso es complejo. Sin embargo, con esas dificultes, encontramos ahí una fortaleza e impulsamos esta iniciativa que producto de esa representatividad tiene por ahora el apoyo político que tiene en el Congreso, con la firma de todos los bloques. Los fuimos a buscar uno por uno”, cuenta.

Y sigue: “Para nosotros es importante recuperar Cromañón porque entendemos que todavía queda mucho ejercicio por hacer con la memoria en ese lugar. Que no puede estar en manos de nadie más que nosotros. Y por ‘nosotros’ me refiero al conjunto de la sociedad. Cromañón nos cambió la vida pero también es un punto de inflexión para todos”.

“Esa noche, en ese lugar, morían mis sueños, mis proyectos, mi juventud, como así también 194 compañeros. Desde ese día ellos nos acompañan desde el cielo y sus amigos y familias nos acompañan en la tierra, en esta batalla contra el olvido, la impunidad y la corrupción”, dice Sabrina Klein, sobreviviente. Además de la “unión de fuerzas” que implica la presentación de este nuevo proyecto entre distintos espacios relacionados con Cromañón, la joven destaca que “trasciende Capital Federal, ya que muchos sobrevivientes son de otros distritos, y fundamentalmente conseguirlo sería reparador para la sociedad entera, porque Cromañón nos pasó a todos”.

Las llaves al dueño

El edificio donde funcionó Cromañón sigue en manos de su entonces dueño, Rafael Levy, al frente de la sociedad “Nueva Zarelux”. El inmueble le fue restituido en octubre del 2018, por decisión del Tribunal Oral Criminal 24.

“La justicia le dio las llaves sin previo aviso a los familiares. Ahí estaban las pertenencias de mi hijo y de todos. Estaban las manos marcadas en las paredes. Este señor limpió todo, nos enteramos por los vecinos de Once, que por suerte siempre se comunican con nosotros y nos cuentan lo que ven. Sacaron en un volquete las pertenencias del lugar y lo tiraron no sabemos dónde. Muchas cosas importantes han desaparecido, es muy doloroso para nosotros”, dice Marisa, mamá de Gustavo. “Por los vecinos sabemos que hay gente adentro, no sabemos por qué”.