Son las 8 de la mañana del domingo 13 de diciembre y Alberto se dirige hacia la escuela donde dicta Plástica. Con una leve sonrisa imagina la puesta en escena de la ceremonia de mañana y entrevé lo que será la entrega de diplomas de sus alumnos de séptimo grado.

Al entrar al edificio saluda a varias compañeras y compañeros de trabajo, contagiados de esa algarabía de cierre del ciclo lectivo, sobre todo en este año pandémico; y dispuestos a engalanar parte de la escuela para el acto de colación. Suben al aula de plástica en busca de guirnaldas, cartulinas, papel crepé y el resto de materiales para crear el decorado. Cuando ingresan, caen dominados por el asombro: estaba caído parte del cielorraso en tres de las cuatro esquinas; agua brotando de las paredes, una de esas filtraciones caía de lleno arriba de un tomacorriente; las paredes del aula con humedad y parte de la mampostería arruinada. La descripción se amoldaría a un edificio antiguo. Pero no. Se trata del Polo Educativo Mugica, inaugurado en junio de 2019, cuyo estreno fue adelantado en medio de la campaña electoral en la que Larreta finalmente fue reelecto. Luego de los votos, el inmueble nunca tuvo finalización de obra.

Pese a su “juventud”, el Polo Mugica resulta ser uno de los ejemplos más concretos de la desidia educativa del Gobierno de la Ciudad. “La pared está llena de hongos, y eso que lo denunciamos varias veces el año pasado para que la vengan a arreglar”, recuerda en voz alta Alberto Abaca, entre sus colegas.

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Las escenas suceden mientras un olor putrefacto inunda el edificio. Los containers de basura, a la entrada de este establecimiento ubicado en la zona de Retiro y la Villa 31, acumulan residuos de varios meses.

«Construimos el polo educativo más grande de la Ciudad: más vacantes y nuevos espacios para que los chicos puedan estudiar mejor». Así publicita el Polo Mugica la gestión de Horacio Rodríguez Larreta. En la práctica, el escenario cambia. “Ni bien inauguraron el edificio, vino la Defensoría, hizo un recorrido por toda la escuela y realizó una presentación por las falencias edilicias que tiene el lugar”, recuerda Alberto en diálogo con Tiempo. “Se cayeron rejas que estaban mal soldadas y en todo este tiempo de aislamiento escolar no vinieron a hacer nada de mantenimiento. Son rejas que dan al vacío y que en vez de estar soldadas y ‘abulonadas’, solo les pusieron un par de puntos de soldadura”.

Situaciones similares se repiten en casi todas las escuelas de la Ciudad. La falta de tiempo para realizar las obras de mantenimiento durante las vacaciones de verano es el argumento principal del Ministerio de Educación que dirige Soledad Acuña. “Tuvieron 9 meses durante la pandemia para hacer obras de infraestructura y no hicieron nada”, denuncia Patricia Figueira, presidenta de la Cooperadora del Jardín de Infantes N° 02 «Jorge Eduardo Coll», de Almagro. “Nuestro jardín tiene casi 80 años, ocupa toda una manzana, acá hay mucha humedad, se llueve siempre, y se inunda en cada tormenta. Prometieron varias veces venir a cambiar los vidrios de unos ventanales que se fueron rompiendo. En ese lugar nuestros hijos juegan, comen y realizan diferentes actividades. No hicieron nada”, sentencia Patricia.

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En el edificio que se ubica en Av. Corrientes 4261 funcionan tres escuelas: el Comercial 8, el Comercial 25 y el Normal 7. El ciclo lectivo funciona desde las 7 hasta las 23. Antes de la pandemia concurrían diariamente unas 3 mil personas. “Durante estos 9 meses no realizaron una sola obra. Entre los tres colegios formamos una comisión de seguimiento y resolvimos que no están dadas las condiciones para comenzar en febrero las clases, como quiere Acuña”, advierte Pablo Cesaroni, vicepresidente de la Coope del Normal 7.

“La escuela tiene algunos baños rotos, se cayeron paneles de los techos y la obra más importantes es que el gobierno cambie los caños para que haya agua en la escuela. Todos los años se suspenden las clases por falta de suministro”, resalta Cesaroni. Y agrega que «un tema muy importante es que la escuela cuenta con muy pocos auxiliares si se quiere volver a clases presenciales en pandemia, para poder cumplir lo que plantea el protocolo de una limpieza permanente de las distintas áreas”.

Hay varias escuelas porteñas que tienen espacios reducidos donde, en un eventual retorno a las aulas en febrero, será imposible mantener distanciamiento. Un ejemplo es el colegio N° 10 José de San Martín, del Distrito Escolar 8. “Durante la cuarentena el gobierno envió a arquitectos para ver las reformas que necesita la escuela para volver en pandemia, pero no comenzaron ninguna obra –afirma Claudia Villafañe, presidenta de la cooperadora–. Tienen que tirar abajo varias paredes y poner ventanales amplios. Eso lleva varios meses hacerlo y quedan 30 días hábiles para que comiencen las clases como quiere Acuña”.  «

Prioridades, deudas, recortes

Los organismos que integran el colectivo “Infancia en Deuda”, entre los que se encuentran la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), y la Universidad de Palermo, realizaron un informe en el que advierten que “la educación debe ser prioridad en 2021” y que “esto exige que se garanticen condiciones de infraestructura que cumplan requisitos sanitarios, de higiene y de seguridad en un contexto de distanciamiento». Y agregan la necesidad de invertir en «conectividad y equipamiento (netbooks o computadoras) para quienes no puedan regresar a las clases presenciales”. En CABA no parece prioridad: la ministra Soledad Acuña destinó 3600 millones de pesos a mantenimiento escolar en el presupuesto para 2020. En 2021 serán 3400 millones: un recorte real del 41 por ciento.