Este domingo a la mañana, mientras la nota esté siendo leída, el papa Francisco va a estar oficializando, durante la Misa de la Palabra de Dios en la Basílica de San Pedro, una decisión que decretó un año antes: que las mujeres puedan formar parte de la liturgia, en los ministerios del “lectorado” y del “acolitado”. Pero eso ¿realmente se trata de un giro histórico o el Vaticano oficializa algo que ya venía ocurriendo?

El Sumo Pontífice habilitará por primera vez desde hoy la presencia femenina en los altares para repartir la comunión, cuando mujeres de Asia, África y Europa participen de ministerios que estaban reservados a hombres. Tras el decreto de enero de 2021, el Papa quiso hacer “oficial e institucional” la presencia femenina en el altar, según comunicó esta semana el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.

“Lo que va a hacer el Papa es lo que se viene haciendo. En el catolicismo europeo, latinoamericano y el norteamericano, desde hace décadas las mujeres subordinadas tienen la posibilidad de que el varón célibe consagrado haga un espacio para que ellas lean el evangelio en la liturgia, participen en las ofrendas, y después distribuyan la comunión. Eso es cotidiano”. Quien lo afirma a Tiempo es el sociólogo especializado en religión del Conicet, Fortunato Mallimaci.

“En nuestras investigaciones, por ejemplo la juventud obrera católica en la década del 40 hacía lo mismo –continúa Mallimaci, Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL)–. Eso que se venía haciendo y tolerando, ahora se oficializa para Asia y África, donde es mucho más difícil y es más nuevo, ahí compiten con otros cultos o es más estricta la liturgia. Lo que hace ahora el Papa es decir a las mujeres: ustedes pueden participar, subordinadamente, en esta actividad. Para cualquier persona de Europa, Estados Unidos, América Latina o Australia, no cambió nada”.

La política franciscana

“Es un poco el problema que tiene Francisco en sus anuncios. Los hace, y a la gente que no conoce mucho cómo funciona le parece una gran transformación. Pero produce mucha bronca en grupos católicos que le vienen pidiendo una transformación profunda, que el sagrado deje de ser sólo del varón célibe, y pase a ser también o de ese varón con su familia, o de las mujeres, que exigen ser parte. El catolicismo sigue lejos de las mujeres”. Y acota: “Francisco ya dijo que coincide con su antecesor: las mujeres no van a consagrar. No creo que con él haya transformaciones estructurales en esas dimensiones, sí en otras como la relación de la Iglesia con movimientos sociales y la pobreza. Pero en el Sínodo de la Familia se le pidió que los divorciados participaran, y el Papa lo vetó, y en el de la Amazonia se pidió que las parejas pudieran concelebrar y también lo vetó. Habrá que esperar otra generación”.

El sacerdocio femenino está descartado. El «motu proprio» (documento pontificio) que firmó Francisco hace un año revisó el documento de San Pablo VI «Ministeria quedam» (1972) que solo permitía a los varones recibir los ministerios del Lectorado y el Acolitado. Lo que sea consagrar sigue siendo para los varones. “Eso en el caso del catolicismo. En el cristianismo no, en los grupos protestantes es celebrado por personas hechas en la familia, y en las últimas décadas las mujeres celebran y hasta llegan a ser obispos en varios casos”, resalta Mallimaci, si bien considera que “lo que hace públicamente Roma siempre ayuda, pasa que hacer creer que es una profunda transformación enoja a muchas personas que desean una transformación estructural en la liturgia católica”.

¿Qué otras transformaciones? “Que deje de ser un sistema piramidal –responde el sociólogo–. El Papa elige a los obispos, los obispos consagran sacerdotes… cuando se dice que eso es desde el origen del cristianismo, no es cierto. Hubo y hay múltiples formas en el cristianismo. Al principio el culto se celebraba en las casas, participaban las familias; después pasó a ser la religión oficial y se fue haciendo para varones, luego a ser especialistas, a nombrarse y tener carreras eclesiásticas, estuvo la reforma protestante en el 1500, las iglesias ortodoxas. El catolicismo, en cambio, está muy concentrado y controlado, no ha cambiado un ápice hace siglos”.

La forma de dar misa se fue transformando, sobre todo en los años ’60. Durante siglos se dio en latín, luego pasó a idiomas locales. Antes el cura estaba de espaldas. Las filas de público en varios casos pasaron a ser circulares. Incluso la música cambió, antes era solo sacral, la Misa Criolla fue un ejemplo de vanguardia en Argentina. Y se fueron incorporando sonidos más ‘populares’. “Aún así hay muchos obispos que siguen sintiendo que se pasaron límites, sobre todo en la época de Juan Pablo II y Benedicto XVI llegaron a decir que eso perturba y nos saca la imagen de lo sagrado». Mallimaci menciona un aspecto que “hasta hoy” está en tensión, desde sus orígenes: si la Iglesia está con el Estado o lo enfrenta, cuánto se sigue a Dios o al Reino de Dios o a las autoridades. “No es una religión del imperio pero tampoco propia de las personas que la hacen, esa tensión de estar en el mundo y no ser del mundo persiste”.

La sensibilidad social, su terreno preferido

Fortunato Mallimaci sostiene que en su postura de que siga siendo exclusividad de los hombres la consagración en la misa hay una continuidad de Francisco: «él nunca dijo que las mujeres iban a consagrar o que los sacerdotes pueden casarse. En eso es un conservador total». En lo que sí marca una diferencia con lo que era el Vaticano es en la sensibilidad social: «ese es otro tema. Él proviene de América Latina, con presencia fuerte de la pobreza y los sectores populares. Ahí marca una profunda transformación respecto a sus antecesores. Pero lo distingue claramente: una cosa es la liturgia y lo sagrado, y otra la institución y lo social. En esto último el Papa se mueve más en lo suyo, cuestionando el orden neoliberal, frente a un sector muy acomodado del catolicismo del Norte que cree que el mundo de los pobres no se corresponde con lo que debe ser un catolicismo del orden, la disciplina y la autoridad. Ahí Francisco tiene una postura cuestionando el orden neoliberal, el dinero, el lawfare, la concentración económica, en un mundo muy a la derecha como el que vivimos. En eso es importantísimo el cambio. Pero nunca olvidemos que el catolicismo se reforma continuamente, sino no perduraría en el largo plazo».