Mientras el foco de la política sanitaria está puesto en la pandemia de coronavirus, la atención del resto de las afecciones se ha visto alterada, con pacientes que, debido a las medidas de aislamiento, abandonaron sus tratamientos, no asisten a controles periódicos de sus patologías o sencillamente no recurren a la asistencia médica ni acuden a las guardias como lo hacían antes. Entre estas consecuencias negativas de la pandemia, también se registra una fuerte disminución en la cobertura de la vacunación de niños y niñas, que encendió el alerta de las autoridades de salud.

En la Provincia de Buenos Aires, la caída de la afluencia de padres con sus hijos para vacunarse es del 50%, según el Ministerio de Salud bonaerense. Similar déficit se observa en el descenso de los controles pediátricos.

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Desde la cartera que comanda Daniel Gollan recordaron a los padres que es vital, aún durante el aislamiento social preventivo y obligatorio, que vacunen a sus hijos y respeten el Calendario Nacional, que es obligatorio.

“Al revés de lo que pasó en años anteriores, esta vez las vacunas los están esperando a ellos, por eso les pedimos que así como van a un comercio de cercanía a hacer las compras, pueden acercarse a los centros de salud más próximos a sus domicilios con tranquilidad, porque se dispusieron todas las medidas de bioseguridad necesarias para protegerlos del coronavirus”, explica Patricia Campos, responsable del Programa de Enfermedades Inmunoprevenibles del Ministerio de Salud de la Provincia.

La importancia de cumplir con las 20 inmunizaciones obligatorias y gratuitas, sobre todo en esta etapa, agrega Campos, se relaciona con el hecho de que “hay muchas enfermedades que se previenen con vacunas, por eso con esta baja en la cobertura corremos el riesgo de que reaparezcan algunas patologías como la coqueluche, la meningitis o el propio sarampión, del que acabamos de cerrar un brote importantísimo en plena pandemia”.

Es un hecho que el temor al contagio ha generado cierta resistencia de los padres a llevar a sus hijos a hacer los controles de salud. Es precisamente en esa consulta cuando el pediatra suele indicar las vacunas correspondientes a la edad de los menores.

“Necesitamos que los chicos vengan a vacunarse”, dice Juan Pablo Cocozzela, director ejecutivo del Hospital Elina de Serna, de La Plata, que cuenta con uno de los vacunatorios más importantes de esa ciudad. “Desde el inicio de la pandemia tenemos en el hospital diferentes ingresos, para separar a los niños sanos de los enfermos, y así evitar contagios. De 8 a 17 horas pueden acercarse, ya que contamos con todas las vacunas del calendario disponibles, y también pueden comunicarse al 0800-333-4111 para solicitar un turno para realizar el correspondiente control pediátrico”.

El ingreso diferenciado para casos de Covid-19 y otros pacientes es una normativa que se aplica en todos los hospitales de la Provincia y también en los de la Ciudad. Otra de las medidas de seguridad dispuestas es que, si bien habitualmente se inmunizan personas desde los 0 a los 99 años, durante la pandemia se decidió momentáneamente, vacunar exclusivamente a niños, para evitar la circulación y la mezcla de tanta población.

“Los niños deben ser vacunados desde que nacen hasta el séptimo mes, después a los 15 y 18 meses, y antes del ingreso escolar, pero en los primeros siete meses es exactamente cuando, según los porcentajes de coberturas, vemos que los papás se han retraído en salir para llevar a vacunar a sus hijos, por temor en medio de este contexto, y les pedimos por favor que vuelvan a hacerlo”, pide Patricia Campos.

Ya 15 días atrás, desde el Hospital Garrahan habían alertado sobre la situación. A diferencia de años anteriores, están las vacunas, pero no los niños. En términos comparativos, en abril de 2019 se habían aplicado 2091 dosis pediátricas en ese centro de referencia para la salud pediátrica, y este año sólo 890, sin contar las vacunas antigripales. En mayo, la diferencia se amplió: 1474 dosis menos que el año pasado.

El riesgo, repiten desde el Garrahan, en medio de la peor pandemia global conocida, es que por la falta de vacunación reaparezcan enfermedades erradicadas o cuya incidencia es muy baja, como el sarampión o la rubéola.