Es casi una afirmación universal que ser madre es hermoso, también que no es una tarea sencilla. Y cuando el marco jurídico es adverso y las diferencias de género se profundizan, las condiciones para el desarrollo de la maternidad tornan aun más arduo el panorama.Según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), las madres argentinas sufren profundas inequidades en materia de acceso a la educación, al empleo de calidad y a la salud, y sufren más la pobreza y las diferencias de ingresos que los padres, pese a los avances normativos que las amparan y a la creciente visibilización de las cuestiones relacionadas con la violencia de género. El análisis es concluyente, sobre todo, en el ámbito laboral: las madres trabajan más y en peores condiciones. Entre las asalariadas, el 36% se desempeña en la informalidad. Y es en este aspecto donde se pone de manifiesto el déficit en el acceso a las licencias por maternidad.

La Ley 20.744 de Contrato de Trabajo, que regula el empleo privado, establece 90 días de licencia por maternidad y dos de licencia por paternidad que, en ambos casos, pueden ser ampliados según los diversos convenios colectivos de trabajo. Por su parte, el convenio que regula el empleo estatal dispone una licencia de 100 días para la madre y de cinco días hábiles para el padre. Mayor heterogeneidad presenta el régimen para los empleados públicos provinciales: algunos distritos reconocen licencias maternales de 90 días y otros, de 180; algunos no garantizan licencia alguna para los padres por el nacimiento de un hijo y otros les otorgan hasta 20 días. En todos los casos, la legislación –que tampoco alcanza a las parejas compuestas por personas del mismo sexo– deja fuera a monotributistas y trabajadoras autónomas y a la amplia franja de mujeres del sector informal.

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“El planteo que hacemos es el de igualar derechos.” Gala Díaz Langou es la directora del Programa de Protección Social de CIPPEC, y marca con claridad el objetivo del trabajo que su organización –junto a UNICEF y al Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA)– llevó al Congreso de la Nación para que se implemente una ley de licencias universales que modifique el actual sistema. La presentación de este proyecto de ley busca abordar la problemática de las licencias en un contexto más amplio de políticas de cuidado, y surge como consecuencia de un dato preocupante: en la Argentina, sólo uno de cada dos trabajadores que son padres o madres puede acceder a una licencia tal como lo prevé la ley. Es más: quienes acceden al beneficio lo adquieren de forma diferenciada, dependiendo de su categoría ocupacional en el mercado laboral (en líneas generales es de 90 días, cifra que está por debajo de los 98 que recomienda la Organización Internacional del Trabajo). “Es por eso que nosotros buscamos la universalización, con un esquema de licencias que promueva la coparentalidad y en donde todos los padres y las madres compartan responsabilidades de cuidado”, agrega Díaz Langou.

Universalidad y equidad

La reconfiguración del actual esquema de licencias, según las organizaciones que presentaron la iniciativa, persigue tres objetivos: en primer lugar, contribuir a la efectiva conciliación entre la vida productiva y la reproductiva; en segundo, mejorar el bienestar y el desarrollo de los recién nacidos; por fin, distribuir la carga de las tareas de cuidado y domésticas de una forma equitativa, allanando el camino para una plena inserción laboral de las mujeres y revirtiendo la discriminación en el mercado laboral. Pero estas metas sólo se alcanzarán si todas las familias gozan del derecho. Por eso se plantea una reforma que contemple cinco principios: universalidad (para padres y madres, independientemente de su categoría en el mercado laboral); coparentalidad (para una más justa distribución de tareas de cuidado y crianza entre varones y mujeres); equidad (tomar en consideración las diversas conformaciones de familias, especialmente con el matrimonio igualitario, e igualar sus derechos); gradualidad (buscar una expansión del actual régimen de licencias para que, respetando los principios anteriores, se llegue al escenario deseado); y adecuación de las normativas nacional y provincial a los estándares internacionales.

La expectativa es que del trabajo conjunto de las comisiones de Legislación del Trabajo y de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia (en Diputados) y de la Comisión de Trabajo y Previsión Social (en el Senado) salga un dictamen favorable antes de fin de año, para debatir el proyecto en el recinto. “Existe un consenso transversal a todos los partidos políticos de que hay una necesidad de modificar el régimen”, expresa la referente de CIPPEC y remarca que esa modificación debe incluir a ese 50% que hoy se queda afuera del derecho a la licencia. “Es el mismo planteo que se ha hecho con la aplicación de la Asignación Universal por Hijo. En este caso, se pretenden igualar derechos hasta que se llegue a la formalidad laboral. Mientras tanto, hay que trabajar para dar soluciones porque no podemos ignorar que hay un tercio de trabajadores que se desempeñan en la informalidad”, plantea Díaz Langou, magíster en Políticas Públicas y Gerenciamiento del Desarrollo.

Con el foco puesto en los empleadores, el mapa laboral resulta sumamente heterogéneo respecto del tipo de licencia que se otorga. “En nuestro país, las máximas empleadoras son las pymes. Y si bien las grandes empresas ya ampliaron algunos beneficios, en términos generales siguen siendo maternalistas: avanzan en los derechos de las mujeres”, explica la especialista, y destaca que la materialización de la propuesta resulta fundamental porque “estamos hablando de un derecho que no debería depender del estatus ocupacional de las personas”. En esa línea, hay esquemas similares en los países nórdicos y en Uruguay, “con un enfoque coparental que quita la carga cultural en las mujeres como las únicas responsables de la crianza y de las labores domesticas”. «

Cuidados compartidos

Diversos estudios confirman que la participación de los padres en el cuidado del bebé genera un impacto positivo en el desarrollo cognitivo, especialmente en los días posteriores al parto, un período donde la mujer se recupera de la gestación. Si bien en la Argentina se trata de algo incipiente que no está equiparado con la licencia maternal, cada vez son más las empresas que amplían los plazos de las licencias por paternidad, pese a que el marco legal local otorgue sólo dos días en concepto de ese beneficio. El promedio es de una semana por cada hombre que se convierte en padre, pero el caso más destacado es el de la filial nacional de la brasileña Natura, que da 40 días de licencia paga a los hombres. Además, el beneficio también se aplica para los casos de adopción y con las parejas del mismo sexo.

Tema de discusión en el Encuentro de la Mujer

El de las licencias, tanto para las madres como para los padres, fue uno de los tópicos debatidos durante el 31º Encuentro Nacional de Mujeres realizado la semana pasada en la ciudad de Rosario.

Además de discutir propuestas en torno a la legislación laboral, la ampliación de las licencias maternales y el cumplimiento de las leyes que refieren a la lactancia, al día femenino y a los permisos laborales en general, los talleres del ENM también se pusieron en cuestión la desigualdad de género en la distribución del trabajo doméstico y de cuidados, y la responsabilidad del Estado en la elaboración de políticas públicas tendientes a reducir esa inequidad.