En septiembre de 2020, pocas horas después de haberse celebrado el Día del Estudiante, la gestión de Horacio Rodríguez Larreta decidió intervenir la cooperadora de la Escuela N° 4 Álvarez Thomas, del barrio de Agronomía. La intromisión se realizó con la fuerza policial sin previo aviso, y fue el corolario de un hostigamiento que comenzó a fines de 2017, cuando la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, le informó a la escuela que los chicos de inicial ya no iban a poder tener clases de natación en su propia pileta.

Las familias se movilizaron para visibilizar el tema, resistieron y judicializaron la causa. Finalmente, la decisión de Acuña fue revertida por un fallo en primera instancia, favorable para la cooperadora, y más tarde ratificado por la Sala I de la Cámara de Apelaciones; la Justicia porteña ordenó al gobierno de CABA reponer las clases de natación al nivel inicial, pero la ministra se negó a cumplir el fallo, lo que provocó más movilizaciones y más presentaciones judiciales. La historia es conocida: luego de del último fallo judicial Soledad Acuña decidió intervenir. Tanto el equipo de conducción de la escuela como quienes integran la asociación cooperadora, desde un primer momento aseguraron que la intromisión de Larreta y Acuña en la escuela “fue una respuesta revanchista”.

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La Cooperadora durante más de 15 meses estuvo en manos de Acuña. Recién en diciembre de 2021, al no encontrar un solo hecho por los cuales supuestamente fue intervenida, las familias volvieron a hacerse cargo de la Coope. “Cuando volvimos nos encontramos con muchos problemas que nos dejó la intervención de Larreta, entre ellos, la pileta en un estado total de abandono”, cuenta a Tiempo Ana Zielinski, la flamante Presidenta de la Cooperadora, que en diciembre pasado fue electa con una amplia participación de la comunidad educativa. “Nuestra pileta tiene varias década de historia y desde hace más de cincuenta años, las diferentes familias que integraron la cooperadora, siempre la sostuvieron con esfuerzo y lograron forjar un natatorio de excelencia. Verla ahora en estas condiciones lamentable, causa mucho dolor.”

Los entendidos en el tema califican al natatorio del Álvarez Thomas como uno de los mejores de la Ciudad: techado, con vestuarios renovados con duchas; con limpieza robotizada y espacios de vestuarios amplios; además de las acciones sociales que se realizaban en el natatorio como clases extra curriculares abiertas a toda la comunidad, campeonatos nacionales, etc. Situación que cambió por completo durante la intervención y después de esta.

“La pileta está en condiciones deplorables, durante los 2 años que está en manos del gobierno de la Ciudad, cuando se apropiaron del natatorio y crearon el CEC N° 4 (Centro de Educación Complementaria), no hicieron una sola obra de mantenimiento, ni siquiera durante la pandemia”, agrega Zielinski. “Es más, nosotros como autoridades de la cooperadora tenemos prohibido el paso a la pileta y no podemos llevar ninguna obra de mantenimiento adelante”. Desde la cooperadora aseguran que existieron problemas con la empresa contratada por el gobierno para realizar las obras: desaparecieron materiales de uso de las y los estudiantes y de la cooperadora; se prohibió el acceso para tareas de cuidado a las familias, se cortó todo diálogo con la comunidad; entre otros.

“Por primera vez en más de 50 años de actividad que tiene nuestro natatorio, la mala administración del GCBA logró que aún no comiencen las clases de natación. Iniciaron una obra a último momento a mediados del mes de Marzo y prácticamente no avanzó”, termina la Presidenta de la Cooperadora del Álvarez Thomas.

Lo que paralizó la intromisión de Acuña y Larreta

La intervención de la cooperadora duró un año y tres meses. En el medio, el confinamiento producto de la pandemia. Las familias de la Escuela N°4 Álvarez Thomas habían comenzado un plan de contingencia para que los estudiantes no se quedaran sin computadoras luego de la interrupción intempestiva del Plan Sarmiento que dejó a miles de alumnos sin dispositivos para poder estudiar en sus casas. Habían entregado varias «compus» que consiguieron por sus propios medios; tenían en mente aprovechar el confinamiento para diagramar las obras de un gimnasio para la escuela, al tiempo que continuaban entregando viandas para la comunidad educativa con mercadería comprada por la cooperadora y elaborada en su propio comedor. Una vez retornada la presencialidad, quedaron paralizados los cursos y talleres artísticos, las obras, y los proyectos que tenían en mente.

En diciembre del año pasado finalmente la cooperadora volvió a las familias. Si bien para la comunidad educativa de la escuela la intervención fue interminable, cabe destacar que este tipo de vericuetos “legales” suelen extenderse mucho más en el tiempo. Si duró sólo 15 meses fue por el reclamo constante de las y los integrantes de la cooperadora que contaban con todo el apoyo de las familias de la escuela.