En 2002, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) declaró el 12 junio como el Día Mundial contra el Trabajo Infantil para poner en relieve la grave situación de los niños, niñas y adolescentes, y concentrar la atención en las medidas para erradicar su explotación laboral.

Además, la Organización de Naciones Unidas declaró al 2021 Año Internacional para Eliminación del Trabajo Infantil, con el compromiso de los Estados miembros de tomar medidas y ejecutar acciones que prevengan, concienticen, sensibilicen y pongan fin al trabajo infantil. En el mundo, millones de niños, niñas y adolescentes padecen de la violación de los derechos de la infancia, expuestos a las peores formas de trabajo infantil, como el trabajo realizado en entornos peligrosos, la esclavitud u otras formas de trabajo forzoso.

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Otros son obligados a realizar actividades ilícitas, como el tráfico de estupefacientes, son explotados sexualmente o forzados a participar en conflictos armados que los privan de la Educación, la Salud, el tiempo de ocio y las libertades elementales. En este contexto de pandemia que atraviesa la humanidad provocada por el Covid-19, cabe preguntarse cómo ha incidido en nuestras infancias esta tragedia.

El impacto provocado por esta crisis sanitaria, según nos revelan los datos aportados por UNICEF, nos señalan que el 16% de los niños, niñas y adolescentes encuestados durante finales del año 2020 realiza actividades orientadas al mercado; y de este universo uno de cada dos no lo hacía previo a la pandemia”. Este cuadro de situación descripto nos habla de una dolorosa realidad que nos debe interpelar como sociedad. El trabajo infantil en nuestro país se verifica de manera diversa, pero obedece a causas comunes, la pobreza y la explotación. “Taraferos”, un documental filmado en la Región Nordeste de la República Argentina, da cuenta de una de estas injusticias sociales que se consuman en la cosecha de la yerba mate (tarefa).

Son imágenes registradas en el año 2007 por iniciativa del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social y reeditadas en 2021 que buscan comunicar y sensibilizar sobre las causas que hacen posible se vulneren derechos de las infancias, juventudes y familias de bajas condiciones económicas. Este material, concebido como una propuesta destinada al conjunto de la sociedad, tiene la intención que las audiencias puedan comprender en su real dimensión el significado y las consecuencias que tienen para niñas, niños y adolescentes realizar trabajos destinados a los adultos.

Los testimonios en primera persona de lxs protagonistxs de esta historia, de absoluta vigencia en la actualidad, le dan rostro a una situación invisibilizada y desconocida en las grandes urbes: el trabajo de niñxs, jóvenes y adultos tareferos. En sus palabras encontramos la importancia de actuar en los territorios, construir redes y lazos para asegurar el pleno complimiento de las leyes vigentes y que todxs y cada unx de nuestrxs niñxs y adolescentes sean sujetos de derecho. Son historias de vida que nos exigen profundizar la formación sistematizada y organizada, con el objetivo de construir herramientas y estrategias para garantizar derechos a las infancias para que NUNCA MÁS una niña nos diga, después de una intensa y agotadora jornada, “trabajamos de día para comer a la noche”.

Nuestro desafío como educadores es que el único lugar para nuestrxs ninxs y jóvenes sea, cuando las condiciones sanitarias lo permitan, la escuela. Esto debe ser también una prioridad a garantizar por el Estado