Al momento de escribir esta nota, diez provincias de la Argentina seguían afectadas por incendios. La situación más desesperante se vive en la Patagonia, donde el fuego ya arrasó cerca de cuatro mil hectáreas, lo que llevó al Senado de la Nación a aprobar de manera unánime un proyecto que declara zona de desastre y emergencia forestal, económica, productiva y social por 180 días a Chubut, Neuquén y Río Negro. Negligencia humana, cambio climático y falta de políticas de prevención son los argumentos más repetidos para explicar el drama. Menos conocida es la influencia de los pinos que dominan el paisaje del sur de nuestro país. Se trata de una especie exótica altamente invasiva e inflamable que propaga las llamas cinco veces más rápido que el bosque nativo y hasta treinta veces más que los arbustos de la estepa. “Son combustible puro”, advierten los especialistas.

En una de sus visitas a la zona de Cuesta del Ternero, en Bariloche, el viceministro de Ambiente de la Nación, Sergio Federovisky, declaró que podía observarse con claridad cómo el fuego avanzaba sin freno a través de las plantaciones de pino. No debió ser una sorpresa. En un artículo que escribió para Infobae en noviembre de 2019, pocos días antes de asumir con el nuevo gobierno, citó un estudio “elaborado por un equipo internacional de cincuenta científicos de varios países” y publicado en la revista Science, el cual advertía que “una plantación masiva de árboles en pastizales y sabanas, aparte de los problemas para la biodiversidad, generaría paisajes muy homogéneos e inflamables que tarde o temprano acabarían siendo pasto de grandes incendios”.

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Se calcula que el 87% de las plantaciones en la Patagonia son de pino ponderosa (en Chubut alcanzan al 96 %), una especie originaria de América del Norte que se comenzó a implantar en reemplazo de bosque nativo como política de Estado en los años 70. La idea era abastecerse de madera a corto plazo, ya que en el sur argentino la ponderosa demora en crecer la mitad del tiempo que le lleva en el lejano oeste estadounidense, y sobrevive mucho mejor a las sequías que las especies autóctonas. Sin embargo, su madera no sirve para postes ni columnas ni es apreciada en carpintería; tampoco se usa como leña porque deposita hollín dentro de las chimeneas. La sobreabundancia de pinos, como cualquier monocultivo extensivo, atenta contra la biodiversidad, seca caudales de agua, deja suelos estériles y genera un nuevo paisaje monótono. También impone una conflictividad social al fomentar la apropiación de tierras fiscales con la consecuente expulsión de los pobladores originarios. Como si no hubiera motivos suficientes para detener su propagación, también sobresale su incidencia en los incendios.

“Las plantaciones de pinos sin manutención constituyen otro aspecto de importancia en relación con este tipo de desastres naturales. Su influencia se debe a que algunas especies portan grandes cantidades de combustible seco, es decir, que permanecen dentro de la planta ramas secas que al acumularse la convierten en una plantación altamente inflamable”. La investigadora del Conicet Estela Raffaele explicaba así una de las conclusiones del informe elaborado por el Observatorio Nacional de la Degradación de Tierras y Desertificación (ONDTyD), que señaló que ciertas especies de pino, por sus características morfológicas, presentan una rápida adaptación a un ecosistema dominado por las llamas. “En resumen –dijo Raffaele– será necesario comenzar a pensar en crear paisajes menos inflamables en las zonas periurbanas”.

Pinolandia

“Esta clase de pino es sumamente inflamable, los voluntarios que están combatiendo el fuego lo saben muy bien. Son combustible puro”, define Lino Pizzolon, biólogo, docente e investigador –ya jubilado, pero en funciones– de la Universidad Nacional de la Patagonia. Además, integra el colectivo de vecinos de la región andino-patagónica Aguayala, creadores de “Bienvenidos a Pinolandia”, un trabajo que comenzó focalizado en la relación entre las plantaciones y el consumo de agua, pero que derivó en sus múltiples impactos negativos. “Es una invasión biológica –insiste Pizzolon– que deriva en incendios forestales y apropiación de tierras fiscales. En campos donde había bosque nativo y estepa, ahora crecen pinos. Hay que dejar de plantar desastres”.

Foto: @Sinagir_Arg

Diez provincias con fuegos: declaran la emergencia ígnea

Al menos 10 provincias sufren incendios (incluyendo un humedal en Hurlingham), lo que generó que se declare la emergencia ígnea en todo el país. El epicentro es el sur. Desde el viernes, un tramo de la Ruta Nacional 40 entre Villa Mascardi y El Bolsón, en Río Negro, quedó restringido por el avance de las llamas y el humo. En Quillén continuaban los focos de incendio y los brigadistas depositaban sus esperanzas en los pronósticos de lluvias.


El Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), dependiente del Ministerio de Ambiente, informó el jueves que los focos en la provincia de Chubut estaban controlados. El ministro, Juan Cabandié, había llegado el día anterior a Bariloche para recorrer las áreas afectadas y coordinar acciones en el marco del Comité de Emergencia Regional. Montaron un campamento sobre Lago Steffen con capacidad para albergar a 100 brigadistas que se encuentran trabajando en la zona. En Neuquén, el SNMF convocó a 109 brigadistas con el apoyo aéreo de tres aviones hidrantes y tres helicópteros, recursos que trabajan en el combate de los focos activos y controlados de Aluminé. Fue en esa ciudad donde el miércoles un helicóptero que estaba combatiendo las llamas cayó y provocó la muerte de sus dos tripulantes.