“La base del genocidio, secuestro, apropiación de bebés, todos los elementos que tuvo la última dictadura militar, son los mismos componentes que tuvo el proceso de genocidio indígena (…) ¿Por qué asociarlo con Malvinas? Un ejemplo: los abuelos de uno de nuestros excombatientes fueron muertos en (la masacre de) Napalpí (en 1924). Insisto en esto: hubo una continuidad”, le dijo hace unos años el historiador y referente qom Juan Chico al politólogo e investigador Pedro Munaretto, en una entrevista sobre la visibilización de la presencia qom en la Guerra de Malvinas, uno de los aspectos de esa contienda sobre los que aún resta mucho por conocer.

Chico falleció a mediados del año pasado, víctima de coronavirus. Entre su gran legado está el libro “Los qom de Chaco en la guerra de Malvinas”, pieza clave para destapar esa mirada relegada sobre las islas. Munaretto avanza en su investigación académica para contribuir con ese objetivo. “Visibilizar esa presencia tiene que ver con contar historias de personas que merecen protagonismo igual que el resto. Pero diferenciadamente: sin que se les borren las marcas identitarias, de las cuales ellos no quieren renegar. Y para plantear justamente políticas soberanas que sean más humanistas”, dice el investigador, en diálogo con Tiempo. Y agrega: “Implica un gran desafío. Tender puentes entre mundos que hasta ahora han sido muy distintos. Hay una sociedad argentina que es sensible a las diversidades. Pero creo que hay otro fragmento que ve las cuestiones indígenas como una amenaza a los símbolos nacionales. Tradicionalmente la Nación se constituyó como una antítesis frente a ese enemigo indígena. Otros países fueron más sincréticos. Argentina fue bastante categórica en la construcción del nosotros y los otros y esa frontera. Y también desde el lado del progresismo, de las militancias, de la academia: poder incorporar esas diversidades en narrativas más abarcadoras. Los ex combatientes qom plantean esos desafíos. Incorporarlos en la soberanía nacional es un desafío político desde muchos lugares”.

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Según los estudios encabezados por Chico, unos 100 ex combatientes provenían de los pueblos qom, wichi, mocoví y mapuche. “No hay estadísticas oficiales. El libro de Juan es uno de los primeros trabajos sobre la cuestión para empezar a contar. A contar las historias y a contar los números. Falta un montón por hacer”, remarca Munaretto, licenciado y magister en Ciencia Política, doctorando en Antropología Social en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín y miembro del Núcleo de Estudios sobre Pueblos Indígenas (NESPI).

“El mundo malvinero es bien heterogéneo –sostiene Munaretto- Plantear la cuestión étnica es una forma de humanizar los reclamos argentinos. No pueden darse por sentados eliminando las diferencias. Argentina es un país colonizador de espacios habitados por indígenas. No podemos plantear la historia argentina negándola. Y qué mejor que traer los testimonios de indígenas que dicen hay otra forma de reclamar la soberanía argentina”.

Historias con nombre y apellido

Aunque aún resta mucho por conocer, emergieron algunas historias de ex combatientes pertenecientes a comunidades indígenas. Como la de Martín Raninqueo, bonaerense de origen mapuche, que tras su paso por Malvinas pudo hablar sobre la guerra a través de sus canciones y poemas. O la de Simón Antieco, de Chubut, señalado hasta ahora como el único combatiente mapuche muerto durante la contienda. O la de Mario Vilca Condorí: de origen kolla, tenía 16 años, fue el soldado más joven y murió en el hundimiento del ARA General Belgrano.

Mario no fue el único de la familia kolla Vilca Condorí en pelear en Malvinas. También lo hicieron sus hermanos Juan Bautista y Anastacio. Pero ellos volvieron. Mario dejó su vida en las islas. A días del 40° aniversario de la guerra, los dos sobrevivientes se reunieron en Salta para homenajearlo.

En diálogo con la agencia estatal Télam, Anastacio contó que Juan Bautista decidió ingresar a la Marina y con el tiempo lo siguieron él y Mario: «La situación económica de mis padres de pronto cayó y se tornó desesperante. Ahí empezamos a buscar un lugar para estudiar sin demandar gastos». Así fue como partieron tres de los nueve hermanos de la familia Vilca Condorí, de la comunidad kolla de Los Naranjos, en la zona de yungas del departamento Orán, a unos 300 kilómetros al norte de la capital salteña.

«Si bien el objetivo final general, que era posicionarnos en las islas y no perder la batalla, no se dio, fue una experiencia importante», consideró Anastacio. Y dijo que la guerra le despertó una inquietud por la lucha de los pueblos originarios. «En Malvinas pude ver cómo, desde un lugar extraño a nuestra propia soberanía, venían países a apropiarse de nuestro territorio, disponiendo de nuestros derechos», dijo, y comparó la situación con la que se vivía en su comunidad. Su paso por Malvinas, remarcó, lo «ayudó muchísimo a reflexionar sobre la identidad y el amor que uno siente por su Patria», y despertó en él «un principio de cooperación y solidaridad con la comunidad».

Napalpí y Malvinas

Para Pedro Munaretto, investigador sobre la presencia de excombatientes originarios en la contienda en las islas, hay un emblema que une esas luchas con las historias previas de las comunidades indígenas. Es el monumento Memorial Napalpí, levantado en 2020 en la comuna de Colonia Aborigen ubicada a 146 kilómetros al noreste de Resistencia, allí donde en 1924 más de 400 qom y mocoi fueron asesinados por las fuerzas de seguridad.

“Alrededor se unen todas las historias: hay una parte donde están enterrados restos humanos que el cementerio de La Plata tenía exhibidos como trofeos después que el Estado argentino conquistó esas tierras. Y también hay una parte como recuerdo de los caídos indígenas en Malvinas, en el mismo monumento. En ese evento hay una síntesis de unas muertes entrelazadas donde los ex combatientes indígenas se relacionan con una historia más larga y extra malvinera”, detalla Munaretto.

En ese lugar, reconocido el año pasado como sitio de memoria por parte de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, se instaló en fondo negro y con las típicas barras blancas a un lado las demandas de «Memoria», «Verdad» y Justicia» y la leyenda «Aquí se cometieron delitos de lesa humanidad».

«Estos carteles estamos acostumbrados a verlos relacionados solo con los crímenes de la última dictadura pero nuestro historiador Juan Chico venía diciendo a través de sus investigaciones y trabajos que si hubiéramos sido conscientes del genocidio indígena que se venía cometiendo quizás no hubiéramos llegado a las situaciones que se llegó después», contó en ese acto una de las referentes de la Fundación Napalpí, Ana Noriega.

Chaco, además, fue la primera provincia que instauró una fecha de reconocimiento a sus ex combatientes por fuera del calendario típicamente malvinero. Es el 26 de agosto, en honor a la revuelta organizada por el Gaucho Antonio Rivero ese día de 1833, cuando había comenzado la usurpación de las islas por parte de Gran Bretaña. “Tal como se encuentra documentado, en esa fecha (Rivero) fue parte de la gesta que intentó recuperar las islas Malvinas, acompañado de dos criollos y siete originarios”, explicó el historiador qom Juan Chico al referirse a la importancia de esa conmemoración. En una entrevista para La Tinta, dijo en 2018: “La participación de nuestros pueblos indígenas no solo se remonta a 1982 (…) Es importante empezar a dejar sentado la presencia indígena en la defensa de nuestra soberanía”.