“¿Para qué lo quiere?” fue una de las preguntas que más resonó estos últimos días. “¿Qué va a hacer con una red social?”, replicaban otras voces “¿A caso es un nuevo capricho del hombre más rico del mundo?”, lanzaron otros tantos. Quienes carecen de las consecuencias que incurren los medios y las redes sociales en la sociedad, sólo ponderaban la cifra atronadora por la que Elon Musk se quedó con el 100% de las acciones de Twitter: 54,20 dólares por cada acción, es decir, un desembolso de alrededor de US$ 44 mil millones por la compañía en un acuerdo que, según la misma empresa, es muy posible que se cierre este 2022.

“Al salir de la bolsa y convertirse en una empresa de propiedad privada, no se puede saber qué sucederá. Si especulamos, el mejor panorama es que la compañía encuentre un modelo de negocio que no de pérdida; que optimice su tecnología y, quien te dice, incorpore la edición de tuits”; reflexiona en diálogo con Tiempo, la periodista especializada en Tecnología, Irina Sternik. Lo que se conoce hasta ahora de la propuesta de Musk, es que quiere hacer un servicio premium (o usar Twitter Blue) y cobrar a sus miembros, “esto no es una mala idea si se quiere un espacio más cuidado y libre de trolls, bots y agresiones. Por otro lado, se esperan acciones como más seguridad al verificar quien es un usuario de carne y hueso, y menos restricciones a la hora de bloquear contenido, lo cual podría ser peligroso”, opina Sternik.

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Musk se muestra como un hombre de la democracia, 100% absolutista de la libertad de expresión; dice que se opone a cualquier tipo de censura; y que gritar “fuego” en un teatro lleno “debería ser un crimen”, dijo en su última entrevista. Muchos recuerdan varios anécdotas que lo colocan en la vereda de enfrente: cuando llamó “pedófilo” a uno de los submarinistas que rescataron a los niños de Tailandia en el año 2018, luego de que los profesionales rechazaran un producto “inventado” por él para el socorro de los niños; cuando bloqueó una cuenta de un joven de Florida que publicaba en Twitter todos los viajes de Musk; o cuando persiguió y espió a un ex empleado por hablar con la prensa.

Para la especialista, que la red social ahora esté en poder de una sola persona, no pone en riesgo “la libertad de expresión, pero está en riesgo la ebullición de contenido que no debería tener visibilidad, como la desinformación, contenido racista, homofóbico, fascista, nazi”, y concluye: “Lo que sí es un peligro son las políticas menos estrictas sobre abuso, grupos políticos extremos y el regreso de usuarios banneados. Sin embargo, al menos en la Unión Europea y más con la nueva Ley de Servicios Digitales, hay reglas que cumplir”.

El viejo debate sobre la falta de transparencia y reglas vagas para la remoción de contenidos en las redes, o sobre la necesidad de regulación, volvió a vislumbrar en torno a este tema. En los últimos años, mucho se habló sobre el rol de los Estados y las empresas en el ámbito de las tecnologías de información y comunicación. Según el propio Musk dijo que compra Twitter para mejorarlo, ni por dinero o por influencia. Argumenta que esta red social necesita más claridad en las normas. “Twitter se ha convertido en una especie de plaza pública de facto, por lo que es realmente importante que la gente crea y perciba que puede hablar libremente dentro de los límites de la ley”, sentenció. “Herramienta indispensable para el funcionamiento de la democracia”, agregó.

Para Damián Loreti, Doctor en Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y profesor e investigador universitario, el debate pasa por varias aristas, o al menos dos: si lo que hace Twitter compite contra alguien o no, y si algo vinculado a este tema, puede ser de un solo dueño o no. “Hay quienes sostienen que las redes sociales son las nuevas plazas públicas, o las viejas esquinas de las calles trasladadas hoy a soportes de redes, entonces, asumir que hoy alguien sería el dueño de esa esquina, es complejo”, analiza el especialista en derecho y comunicación en diálogo con Tiempo. En el mismo sentido, rescató las apreciaciones de otros sectores que consideran que las redes no pertenecen al ámbito público. “Hay quienes plantean que las redes sociales se parecen más al shopping, a lugares privados donde transcurren cosas públicas; razón por la cual en este caso las reglas del derecho de propiedad se parecen más a empresas privadas que deberían estar sujetas a los principios rectores de los Derechos Humanos de Naciones Unidas”.

Las redes sociales y ¿el aporte a la democracia?

La Comisión Interamericana de DDHH y su Relatoría Especial Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales, reconoce que tanto Internet como otros medios digitales de comunicación, constituyen una plataforma para el ejercicio de DDHH, incluyendo derechos civiles y políticos, entre otros. En el párrafo 268 del “Informe Empresas y Derechos Humanos: Estándares Interamericanos”, afirma que el “desarrollo de la tecnología por empresas en los últimos años, ha contribuido particularmente a crear plataformas, productos y servicios que redundan en una mejor calidad de vida, mejor acceso a la educación, la cultura, la información o ejercicio de la libertad de expresión”, pero advierte que las actividades de empresas en el rubro de nuevas tecnologías y redes digitales, y las diferentes relaciones que estas pueden tener con los Estados, presentan crecientes desafíos y pueden generar diversas amenazas para el disfrute de estos derechos. Al respecto, el Relator Especial de la ONU sobre libertad de expresión, manifestó que “las empresas siguen siendo unos reguladores enigmáticos, que establecen una especie de ‘ley de las plataformas’ en la que es difícil percibir elementos como claridad, coherencia, rendición de cuentas y reparación”.