Félix Noschesi ya estaba enterrado en el Cementerio de la Chacarita cuando su hijo Diego se enteró de su muerte. Nadie del complejo Martín Rodríguez Viamonte, un hogar para personas mayores y sin techo que depende del Gobierno de la Ciudad, se lo había comunicado. Lo supo a través de otro residente. La versión oficial es que murió atragantado cuando almorzaba. Pero Diego no pudo siquiera reconocer el cuerpo. “No sé si la persona que dicen que está en el cementerio es mi papá. Porque yo no hice ninguna diligencia, hicieron todo ellos. No sé las causas reales de su muerte y el grado de responsabilidades. Todo eso estoy tratando de despejar”, dice el hijo de Félix. Presentó una denuncia penal que tramita en la justicia de Morón, porque el hogar depende del Ejecutivo porteño pero está en el partido bonaerense de Ituzaingó. Y mientras espera los resultados del estudio de ADN, se contactó con otras familias que atravesaron episodios semejantes.

El padre de Diego Noschesi falleció en junio de 2020, en plena cuarentena. Casi un año después, en mayo último, el papá de Florencia Andrada murió allí por un paro cardiaco y “broncopatía aspirativa”, según consta en el certificado de defunción. “No tenía ningún problema respiratorio ni cardiológico. Sólo secuelas de su ACV: una sonda porque no podía orinar solo y problemas de presión. Pero tomaba sus pastillas todos los días”, cuenta la hija de Carlos Andrada. A fines de abril comenzó con diarrea. Luego, vómitos y fiebre. “Vino un médico y me dijo que esto solía pasar: un paro porque se había ahogado. Que era algo habitual con los abuelitos. Le digo: ‘¡Mi papá tenía 63 años!’ No dijo más nada”, cuenta Florencia. “Cuando me dieron sus cosas, faltaba el celular. Alguien lo robó mientras se moría. Ahí estaba todo. El decía: ‘Nadie me atiende, me siento mal y nadie me viene a ver’. Que recién había fallecido alguien al lado y nadie lo iba a buscar. Que tenía miedo”.

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La familia de Néstor Mariotti también consideró que hubo irregularidades en torno a su muerte. El anciano se descompuso una mañana y, según pudo reconstruir su hija Mónica, no recibió atención médica hasta la tarde, cuando fue derivado a una clínica. “Lo dejaron tirado hasta que lo llevaron al hospitalito del Pabellón 1. El 2 de octubre, día de su cumpleaños 88, murió en la clínica por neumonía grave, posible Covid. Le hicieron hisopado y dio negativo. Dijeron que fue un paro. Quiero que lo que pasó con mi papá no se repita”, pide. Tanto la familia de Andrada como la de Mariotti están reuniendo documentación para presentar denuncias judiciales, en la causa de Noschesi o de forma independiente.

“El residente Félix Noschessi sufrió en junio de 2020 un atragantamiento a raíz de una ingesta de comida; en el momento del hecho, de inmediato fue asistido en su pabellón y luego en la guardia médica, donde fue intubado y el trozo de alimento extraído, pero a pesar de esta atención inmediata falleció de un paro cardiorrespiratorio”, respondió el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat del Gobierno de la Ciudad ante la consulta de Tiempo. Y agregó que “si bien se vinculaba por teléfono celular con un familiar, no constaba en su legajo e historia clínica un número telefónico de familiar directo a quien acudir”.

Margarita Murgieri, directora del hogar, contestó en el mismo sentido y detalló que de los 721 pacientes “alrededor de un 50% están desvinculados de sus familias”, por lo que es habitual que no haya contacto. “Trabajamos bien, con gran esfuerzo y mucho estrés, pero siempre puede haber gente disconforme”, dijo.

Daniel Mancilla vivió en el hogar entre 2014 y 2020. A poco de ingresar acudió al Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad y sus reclamos dieron lugar a una causa judicial. En el marco de ese expediente, la asesora tutelar porteña Norma Sas hace visitas periódicas para evaluar si se avanza en las medidas demandadas. “A simple vista puede apreciarse que la infraestructura del sector se encuentra más deteriorada que en la anterior visita realizada a fines del año 2019”, dice el acta de la inspección de marzo. Junto a los temas de infraestructura -y otros, como la presencia de un centenar de perros en el predio-, aludió a la falta de personal: “Hay un solo médico clínico (además de los de guardia) y queremos uno exclusivo para el pabellón Amanecer (de pacientes psiquiátricas). Ese médico que provee el Ministerio de Salud se usa para todo el lugar”. En un tramo del acta consta que durante la visita “se desplomó literalmente el cielorraso y cayó al piso” en un sector de enfermería. En el informe quedó asentado que “desde que comenzamos las primeras visitas, hace más de cinco años, se recalcó en cada ocasión la necesidad de arreglar el agujero que se apreciaba en el techo”.

“Ingresé al hogar en 2014. Al poco tiempo empecé a denunciar porque a un residente discapacitado le robaron la jubilación. Y cuando llovía caía tanta agua del techo que era mejor estar afuera. Ese mismo año se produjo la muerte de un compañero de habitación por falta de atención. Los reclamos no sólo eran por condiciones edilicias, eran por las condiciones de vida”, remarca Mancilla. Y recuerda “un caso similar a los de Mariotti y Noschesi. Un hombre al que Manuel (otro residente) le salvó la vida porque se ahogó también con comida: desde atrás lo abrazó, le apretó el estómago y largó lo que tenía. Era una lucha constante: a la hora de las comidas tenía que haber personal, pero pocas veces había alguien”.

El Covid 19 ya se cobró la vida de 23 residentes del hogar. Pero las denuncias por falta de personal, problemas edilicios y desatención datan de mucho antes de que irrumpiera la pandemia.

El personal también reclama

Además de familiares y residentes, las quejas llegan desde el personal. “En plena pandemia, despidos arbitrarios en Tercera Edad”, denunciaron trabajadores y trabajadoras del hogar nucleados en ATE. Contaron que “a finales de abril se dejó sin trabajo a compañerxs auxiliares gerontológicxs, lxs cuales venían desempeñándose hace uno, dos o hasta cuatro años y poniendo el cuerpo frente a la pandemia”. También cuestionaron que se puso “en funciones de supervisión de enfermería a personal sin trayectoria”.
“Hay un montón de gente denunciando. A la noche hay un solo enfermero para 60 pacientes en las dos áreas. A veces quedan guardias descubiertas; la poca gente se sobrecarga de laburo. Ahora, con la gente que se dispensa por enfermedades, que se jubila o que está aislada por ser contacto estrecho, y varias personas que no vienen hace años y figuran como personal, esto colapsa. Pero el problema es de largo arrastre”, advierte Juan Manuel, uno de los delegados.