Ana Galmarini recuerda el primer remate que el Movimiento de Mujeres en Lucha (MLL) frenó en Santa Fe como una pueblada. Fue en 1995 en un campo de un pequeño productor de Lanteri, una localidad del departamento General Obligado, el mismo en el que nació y creció la empresa Vicentin. Ese día las mujeres fueron hasta la tranquera del terreno sin imaginar que iban a ser acompañadas por todo el pueblo, cura incluido. Cuando el rematador empezó a leer el acta comenzaron a cantar el himno. Con ese método durante la década el MML frenó cientos de remates de pequeños y medianos productores y productoras agropecuarios que se habían endeudado por apostar al plan de convertibilidad y la promesa de la modernización del campo.

“Logramos conservar nuestras tierras, pero no impedimos la concentración. Ese es el gran problema del modelo agropecuario argentino. Lo que pasó con Vicentin es una oportunidad para empezar a dar ese debate”, dice Galmarini en diálogo con El Ciudadano. El 3 de junio pasado el MML cumplió 25 años.

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En los noventa miles de productoras y productores agropecuarios apostaron a la revolución productiva menemista sacando créditos para comprar maquinarias agrícolas y mejorar la forma de producción. El problema estaba en las altas tasas de interés.

“Pedías un préstamo de 30 mil pesos/dólares para comprar un tractor y a los 6 meses debías 500 mil”, dice Galmarini a modo de ejemplo. Según la referenta de MML, con esa política el Banco Nación llegó a hipotecar 14 millones de hectáreas en todo el país.

El MML surgió como una manera de frenar los remates de esos campos. La primera mujer en levantar la voz fue Lucy De Cornelis, una productora de La Pampa que decidió romper el silencio y contó la situación en una radio del pueblo en el que vivía. “El marido la quería matar por ventilar las deudas que tenían. Los hombres estaban muy avergonzados y encerrados. Se sentían responsables por lo que les había pasado. No llegaban a comprender que no eran ellos los que habían fracasado sino el modelo económico. Y las mujeres con mucho más coraje decidimos salir a denunciarlo”, recuerda Galmarini.

Después del paso por la radio de De Cornelis, el diario Clarín hizo una nota sobre las y los productores endeudados que estaban en riesgo de perder sus tierras. La noticia fue a tapa. Mujeres de todo el país se sintieron identificadas y se pusieron en contacto entre sí. Así nació el MML. En Santa Fe sus integrantes frenaron remates en toda la provincia, siempre con el mismo método de cantar el himno en las tranqueras. Fueron recibidas por el entonces gobernador Carlos Reutemann y después de la reunión los remates se frenaron por dos años. La lucha que llevaron adelante les valió también la judicialización.

Galmarini y sus compañeras Ana María Ribeiro, Sara Coll y Emma Martín llegaron a juicio acusadas de resistencia a la autoridad, después de haber hecho una manifestación para salvar un campo de 43 hectáreas en Chivolcoy. “El MML fue una pelea de las mujeres por mantener la tierra y a la vez cuestionar un modelo económico que nos llevaba a la ruina”, sintetiza Galmarini.

La referenta explica que no peleaban por no pagar las deudas, sino que querían que fueran recalculadas de una manera más justa. “Eso lo logramos. Lo que no conseguimos fue parar la concentración. Salvamos la tierra pero nunca más pudimos ir a trabajarla y la tuvimos que dar en arrendamiento. Por eso han desaparecido tantas chacras. El pequeño productor tiene que alquilar sus campos e irse a trabajar de tractorista, camionero, taxista o lo que sea. El gran problema que tenemos en Argentina es la concentración porque significa expulsión hacia los grandes conglomerados de las ciudades”.

A ella le pasó lo que describe. Tiene un campo en el sur de Santa Fe que quedó en riesgo de remate por el préstamo que había sacado. Al refinanciar la deuda tuvo que recurrir a un acopiador para pagarla. “No teníamos esa plata. El acopiador se hizo cargo del campo y la deuda. Le fuimos pagando en 5 años y dejamos de ser productores. Después no pudimos volver a trabajar la tierra por falta de tecnología y maquinaria”.

Vicentin, una oportunidad

Galmarini ve en la estatización de Vicentin una oportunidad para que el Estado intervenga y regule el agronegocio. Cuando estaban en el MML una de las reivindicaciones era el pedido de la creación de un ente regulador de granos. “Hoy hay 5 multinacionales que manejan todo el comercio exterior. Por eso, la noticia de que el gobierno decide intervenir Vicentin fue una alegría. Tiene que haber un Estado regulador para que no se corte la cadena de pago, no se pierdan puestos de trabajo y los pequeños y medianos productores puedan cobrar”, explica.

Para ella es fundamental que las cooperativas cumplan un rol protagonista y que no quede todo en manos del Estado. “Si exigimos ser parte de esta estatización las cosas van a andar muy bien. Acá se corría el riesgo de que lo comprara otra empresa e iba a ser peor porque nadie iba a cobrar y los puestos de trabajo se iban a perder. Ojalá hubiese habido un ente regulador en los 90 que no hubiese permitido que saquemos créditos en esas condiciones. Hoy tenemos la posibilidad de que haya un precio mínimo en origen para los productores, cosa que las multinacionales no te lo dan”, agrega.

La referente del MML cree que en la oposición a la medida hay argumentos ideológicos que se basan en el temor a la intervención de Estado y no en un análisis de la situación de Vicentin: “Tener un ente regulador nacional y no que sean todas empresas extranjeras puede ayudar a terminar con la especulación, pelear los precios y que las ganancias queden en Argentina y que no se la lleven afuera. El 70 por ciento de la comercialización de granos la tienen 5 multinacionales”. Para ella es importante que el campo deje de lado ese miedo para no convertir a Vicentin en una nueva 125.

*Artículo publicado en El Ciudadano Web