Las estrategias de supervivencia a lo largo de toda la rivera del Paraná en el sur santafesino –Rosario, San Lorenzo, Granadero Baigorria, Gobernador Gálvez, Puerto San Martín, Villa Constitución, entre otros– son las mismas. Se vive encerrado, con trapos mojados que ayudan a tapiar puertas y ventanas. Los más afortunados con el aire acondicionado encendido, aún en otoño y engordando las tarifas, para respirar una brisa más o menos filtrada. Ya nadie cuelga la ropa en el patio o en el balcón, y hasta los empleados del frigorífico Swift se juntaron en asamblea para avisar que no soportan más. Que así no se puede seguir. El humo y las cenizas provocadas por los incendios en las islas del Delta, enfrentadas a las ciudades –y en consecuencia, también al cordón industrial–, afectan la salud de casi 2 millones de personas. Nadie mejor que los médicos para dar testimonio del desastre.

“Nosotros tenemos pacientes que viven y trabajan cerca de la costa del río y notamos un aumento alarmante de casos de alergias, rinitis, conjuntivitis, afecciones en la piel; en el caso de los pacientes asmáticos o con enfermedades pulmonares aumentaron las frecuencias de sus consultas porque han tenido reactivaciones de sus cuadros. Por ejemplo, tuvimos pacientes con EPOC que en los últimos tres meses terminaron hospitalizados; esas son recuperaciones más prolongadas con tratamientos más agresivos. Por lo general, son fumadores o exfumadores que cuando salen a la ventana a tomar un poco de aire, se encuentran con el humo. Hoy no tienen oxígeno”, explica Ariel Charras, médico de atención primaria del centro de salud María Auxiliadora del Barrio Fonavi, en Villa Gobernador Gálvez.

La experiencia de Charras, que también es docente y trabaja en prevención de adicciones y violencias, tiene correspondencia con las mediciones realizadas por el Centro de Monitoreo Meteorológico y Climático. El 13 de septiembre a las 8:50, en el Monumento a la Bandera, constató que la afectación de la calidad del aire por ingreso de humo era “peligrosa”. En un comunicado, la Multisectorial Humedales Rosario denunció: «el aire que hoy respiramos tiene 200 mcg. de contaminación».

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Ailen Silva es pediatra y trabaja junto a Charras en María Auxiliadora: “Todas las consultas están relacionadas con la irritación que provoca el humo. La laringitis, por ejemplo, requiere tratamiento con antibióticos que tienen corticoides. Hay chicos que por primera vez vienen con episodios de broncoespasmos y chicos asmáticos que desmejoraron sus condiciones. En general, sentir el humo todo el tiempo genera incomodidad y eso se traduce en irritabilidad, insomnio, baja tolerancia a cosas que antes resolvían fácil. Como hay dificultad para concentrarse empiezan a verse fallas escolares. Los chicos están enojados porque hay un aire que no se puede respirar”.

Silva remarca que los adultos respiran, en promedio, 20 veces por minuto, mientras que los bebés entre 40 y 60, por lo que el humo les afecta mucho más. “Así como los más chicos son fumadores pasivos y terminan sufriendo más efectos que el fumador, con el aire contaminado pasa lo mismo”.

Humo sobre la ciudad de Rosario.
Foto: Leandro Blanco / Télam

Escenario apocalíptico

Juan Manuel Viladoms es médico psiquiatra y secretario de Ambiente del Sindicato de Profesionales Universitarios de la Sanidad (SIPRUS). Desde la quema sistemática de los humedales en el Delta ha identificado “ansiedad climatológica” en muchos de sus pacientes.

“Cuando hablás con gente de Rosario –explica–, gente que vive cerca del río, ves que hay un aumento de la irritabilidad y de los cambios de humor. La incertidumbre generada por los incendios hace que en el imaginario particular de cada persona haya una carga de ansiedad que empeora porque no se ven respuestas. Una persona que escucha y ve que otra vez están quemando y que otra vez va a sentir el humo en todo momento, se empieza a poner nerviosa”.

Viladoms, que suele salir del consultorio para trabajar en un equipo territorial de la zona oeste de Rosario, se permite reflexionar sobre las causas más profundas del problema. “El origen de todo –concluye– está en el modo de producción. Todos los habitantes de ese gran cordón que va desde Ramallo hasta Puerto General San Martín estamos excluidos, estamos de más en este sistema. La gente se está enfermando, está empeorando su calidad de vida. La Sociedad de Cardiología de Rosario directamente recomendó no salir al aire libre a respirar porque la calidad es mala. Lo que está pasando es catastrófico, hasta cierto punto el escenario es apocalíptico”. «

Tapabocas

El Ministerio de Salud de la Nación enviará 500 mil barbijos para la población de áreas afectadas por el humo en Santa Fe. Además, recomendó a las personas que en lo posible permanezcan en el interior de las viviendas, limiten la actividad física, reduzcan las fuentes de contaminación del aire interior, usen acondicionadores de aire y filtros o limpiadores de aire, y utilicen protección respiratoria.

Foto: Sebastian Granata / Télam
Una nueva marcha con los incendios de fondo

Más de 500 agrupaciones realizan este fin de semana una Acción Plurinacional por los Humedales. Las protestas en todo el país comenzaron ayer con una marcha con corte en el Puente Rosario-Victoria que incluyó un acampe que se extenderá hasta la tarde de hoy. Además de exigir una respuesta urgente ante los incendios en las islas del Delta de Paraná, una de las principales demandas es la sanción de la postergada Ley de Humedales (ver nota aparte). Como ocurrió en las movilizaciones anteriores, en el horario del reclamo, del otro lado del río se multiplicaron los fuegos intencionales sobre terrenos agropecuarios.


En el terreno judicial, el Ministerio de Ambiente amplió la documentación aportada, igual que la Municipalidad de Rosario, como querellante. El fiscal rosarino Luis Schiappa Pietra solicitó el miércoles que se cite a declarar a funcionarios de Entre Ríos por responsabilidad directa en lo que sucede en su provincia, pero el juez Nicolás Foppiani lo rechazó. El Juzgado Federal de Victoria, que maneja la causa, por ahora no aceleró las acciones.