La polémica desatada por la discusión entre una profesora de historia y un estudiante durante una clase en una escuela secundaria de La Matanza volvió a encender un viejo debate. Mientras muchos ven con buenos ojos una sanción a la docente, afirmando que es un claro episodio de “adoctrinamiento”, otros advierten que esa discusión en el aula se inscribe en una larga disputa por el sentido de la historia oficial. “Este hecho debería ser analizado en todas las escuelas porque nuestra historia está atravesada por episodios que van por fuera del marco oficial mitrista. Nos debemos ese debate”, opina el ensayista e historiador revisionista Norberto Galasso. En diálogo con Tiempo, el intelectual sostiene la necesidad de entablar un verdadero revisionismo histórico en el país para dejar en claro cómo los estudiantes argentinos han sido efectivamente “adoctrinados” a lo largo de más de 150 años. “El peronismo exaltó a San Martín como corresponde, pero quedaron los cuadros de Rivadavia y de Mitre, que son la historia del coloniaje”, sentencia Galasso.

–El episodio volvió a poner en la agenda del poder la idea de adoctrinamiento. ¿Qué opinión le merece?

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–Nuestro país se divide en varias narrativas. Hay una historia revisionista rosista de derecha que es la del año 1930, que fundamentalmente se sustenta en Carlos Ibarguren, que era un hombre de derecha. Después, hay una historia revisionista rosista peronista que es la de José María Rosa, por ejemplo. Está la vertiente histórica socialdemócrata, que en el bombardeo de 1955 a Plaza de Mayo no menciona que hubo muertos e ignora por completo que existió una masacre. Y después hay una historia más popular que es la que se desprende de Arturo Jauretche, que critica la historia oficial de Mitre. Recordemos que Mitre dio el golpe del año ’52 contra Urquiza; otro golpe de Estado en el ’74 para impedir que Avellaneda llegara al poder; se insubordinó entonces contra Sarmiento; se volvió a insubordinar en los ’80 para evitar que la Aduana pasara a ser nacional y siguiera perteneciendo a Buenos Aires; y después hizo lo mismo contra el gobierno autonomista. Pero si un profesor hoy dice  en el aula que Mitre era un golpista, seguramente habrá duras sanciones por parte de las autoridades. Desde hace muchos años insisto en que es necesario generar un debate, en las escuelas, en la televisión y en todos lados; en relación a estas distintas corrientes historiográficas.

–¿Y por qué cree que un episodio que contraría la historia oficial sólo causa sanciones, sin generar debate?

–El caso de la profesora de la Matanza, creo que su remoción del cargo se desprende de uno de los grandes problemas que tenemos nosotros dentro del campo popular. Para desplazar a la anterior gestión de Macri, conformada por gerentes de empresas, que prácticamente fueron la vieja oligarquía con los nuevos gerentes de las multinacionales en el gobierno, para enfrentar a esa banda, decía, el campo popular tuvo que articular un frente nacional, y en estos frentes nacionales a veces se incluyen algunas personas que no deberían estar. Porque entonces se producen estas contradicciones que salieron a la luz: que en un ministerio o una dirección de escuelas o en determinados sectores, persistan figuras reaccionarias que dan lugar a estas situaciones. Esto es muy difícil de resolver, porque únicamente se soluciona con la acción de la gente en las calles, y la pandemia nos embromó en ese sentido porque nos ha impedido utilizar en plenitud esta herramienta fundamental que tenemos.

–¿Existe un contrapunto entre este hecho y la situación de Gustavo Albónico, el director de una escuela porteña que es misógino, pro-terrorismo de Estado, y que aún está en su cargo?

–Sí, totalmente. Es por eso que insisto en la necesidad de puntualizar los contratiempos que traen los frentes nacionales, y éste frente en particular, que es muy amplio. Y que, al mismo tiempo, de no serlo, hubiese sido muy difícil ganar las elecciones pasadas. Pero una consecuencia es ésta: que existen personajes que condenan estos episodios y que ignoran otros que acompañan a la historia mitrista. En el caso del director de escuela que aplaude al terrorismo de Estado, confío plenamente en la movilización popular para que sea removido.

–¿Qué es lo que impide hacer un revisionismo integral de la historia y lograr que se escuche en las escuelas esa otra campana siempre silenciada?

–Es una lucha de años, muchos años. El peronismo exaltó a la figura de José de San Martín como corresponde, y también puso en su lugar a la unidad latinoamericana y el concepto de Patria Grande. Pero al mismo tiempo dejó indemne, porque quizás el movimiento nacional no fue lo suficientemente fuerte para dar la pelea en todos los frentes, a otras figuras enemigas del pueblo. Ahí quedaron colgados los cuadros de Rivadavia y Mitre, que son la historia del coloniaje de Argentina y de toda América latina. Como analogía de este hecho, tenemos representada la historia reciente, cuando Néstor bajó los cuadros de los genocidas. Eso fue un ejemplo concreto de la audacia de un movimiento popular que decidió terminar con un mito. Un hecho simbólico que abrió el debate y que le dio el lugar que le corresponde a los represores y golpistas, y que vino de la mano con el desendeudamiento con el Fondo Monetario. Néstor les dijo: “Les pagamos y se van”. Un buen inicio para comenzar a escribir otra historia.