El comienzo del ciclo lectivo 2021 y el posible regreso a las clases presenciales estarán signados por el contexto de una inédita crisis humanitaria, sanitaria y económica provocada por la primera pandemia grave del siglo XXI. En nuestro país, el aislamiento social, preventivo y obligatorio fue una medida excepcional que el Gobierno Nacional adoptó en un contexto crítico, destinada a mitigar la expansión del Covid-19. El sistema sanitario fue robustecido y preparado para enfrentar la pandemia. No obstante, hubo que lamentar pérdida de vidas, enfrentar la partida de seres queridos en duelos silenciosos y desde la distancia y ver crecer los índices de pobreza y desempleo.

Lxs docentes no estuvimos exceptuados de esta dolorosa realidad. Debimos aprender a gestionar emociones y someternos a un cambio en la forma de entender la vida y relacionarnos. De la noche a la mañana tuvimos que modificar nuestra forma de trabajar, de compartir con otrxs, de planificar y dar respuestas a un desafío ineludible: qué y cómo enseñar en contexto de pandemia.

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El amor a una profesión deseada y elegida por convicción fue sin dudas el motor que alentó a sortear la adversidad. Sabemos que el vínculo que construyen docentes y alumnxs es fundamental para que haya aprendizaje. Lograrlo a la distancia, sin abrazos ni cercanía, fue otro mérito alcanzado por los educadorxs.

Lxs docentxs sostuvieron las clases virtuales, además de otras tareas, con gran compromiso, responsabilidad y creatividad, instalando la modalidad digital como vehículo idóneo para llevar adelante el proceso de enseñanza-aprendizaje. De esta manera se pudo garantizar en todos los niveles y modalidades del sistema educativo el derecho social a la educación. Las familias fueron testigo de la tarea ciclópea realizada y muy mayoritariamente brindaron su apoyo.

Esta pandemia ha evidenciado la brecha de desigualdad que existe en la sociedad. Un número significativo de alumnxs fueron excluidos del proceso educativo por no tener una computadora o carecer de acceso a una conexión gratuita. Es indispensable que las distintas jurisdicciones provean estas herramientas informáticas a todos los estudiantes sin excepciones y muy especialmente a los sectores más vulnerables. El Estado debe garantizar el derecho inalienable a una educación de calidad para todxs.

Lxs dxcentes desean el regreso a las clases presenciales. Este anhelo, compartido por las familias, niñxs, jóvenes y el conjunto de la sociedad, deberá concretarse cuando las autoridades sanitarias determinen que es posible volver a las aulas de modo seguro, atendiendo el marco de Covid-19 y el protocolo aprobado por el Consejo Federal de Educación, que establece lineamientos y orientaciones que serán de cumplimiento para todas las jurisdicciones.

La escuela cumple un rol central en el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes. La educación presencial es insustituible. Por eso es imprescindible priorizar las mejores condiciones de seguridad sanitaria en todas las escuelas del país. Especialmente la vacunación de todo el personal que se desempeña en el proceso educativo: docentes, colaboradores, personal auxiliar, transporte…

Queremos volver a la escuelas pero mirando con especial cuidado otras experiencias a nivel internacional que han desembocado en el recrudecimiento de los indicadores sanitario y debieron retroceder. El derecho a la educación es una prioridad, debe trascender las diferencias políticas y unificar a una sociedad golpeada por la pandemia, y por el impacto económico, social y emocional que desató; por eso es necesario hacer todos los esfuerzos para garantizar la continuidad del proceso educativo en adecuadas condiciones pedagógicas y el retorno presencial cuando estén garantizadas las condiciones sanitarias.