“Un buen barbijo es aquel que se usa”. Las palabras en diálogo con Tiempo corresponden a Silvia Goyanes y recobran sentido en un contexto de relajación social que no cesa, a pesar de decenas de miles de contagios diarios y una cantidad de fallecidos que no se registraba desde agosto. Goyanes es doctora en Ciencias Físicas por la UBA, docente, investigadora del Conicet, y desde 1999 dirige el Laboratorio de Polímeros y Materiales Compuestos de Exactas (UBA). Centró sus trabajos científicos en el área de la física de materiales, en la que registró varias patentes nacionales e internacionales, acumulando una seguidilla de premios por diseños y productos innovadores. El último fue el desarrollo de barbijos para uso social con la capacidad de inactivar el coronavirus en cinco minutos, con un nombre que ya es un clásico de la lucha contra el Covid-19: Atom Protect, los “superbarbijos del Conicet”.

Todo lo que emprende Goyanes lo hace bajo un precepto que la guía como un faro: mejorar la vida de la sociedad. Sus innovaciones le valieron días atrás el premio Jorge Sábato de Presidencia de la Nación, otorgado –según palabras oficiales– por el historial sobresaliente en transferencias y desarrollos tecnológicos con impacto económico-productivo en sectores críticos para el desarrollo económico y social del país.

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Cuenta que la iniciativa de los barbijos nació como respuesta a un llamado de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica para desarrollos que se enmarcaran en la incipiente pandemia: “La doctora Ana María Llois convoca a nuestro grupo de la UBA-Conicet para trabajar en el tema y juntas convocamos a la gente de la Unsam-Conicet. En paralelo, una investigadora amiga (la doctora Vázquez), me pasa el contacto del dueño de la empresa KOVI, diciéndome que quería hacer un desarrollo con nanopartículas de plata. Se me ocurre ofrecerle la idea que habíamos escrito para el proyecto de la Agencia y aplicarlo en las telas tejidas que ellos producían masivamente. Le ofrecimos el proyecto a cambio de que donase el 10% de las telas para la población más vulnerable”.

La primera reunión fue el sábado 28 de marzo de 2020. En dos meses, coordinando vía Zoom en pleno aislamiento, concretaron la idea para la que tuvieron que aprender todo, desde la diferencia entre una mascarilla y un barbijo hasta las normativas internacionales y el lenguaje de la actividad textil.

Luego de la masividad, fue el momento de dar respuesta a grupos específicos. “Una deuda con la sociedad era un barbijo para hipoacúsicos y por eso desarrollamos esa versión con la empresa Indaltex, con activos naturales no tóxicos e incluso comestibles, empleando un plástico especial que no se empaña, ergonómico, con ajuste en la cara, y en la nariz y el resto de la cara una combinación de telas no tejidas y tejidas con los activos necesarios para inactivar virus y eliminar bacterias y hongos”.

–¿Qué debe tener un buen barbijo?

–Un buen barbijo es aquel que se usa. La discusión siempre está en la eficiencia de filtración que brindan respecto de la respirabilidad que permitan. Lo aconsejable es que a la barrera física se le sumen activos químicos. Lo mejor para generar barreras físicas son las telas no tejidas, pero su eficiencia depende de su fabricación y del número de capas que se empleen. El tamaño de partículas que son capaces de retener varía desde los 0,1–0,3 micrones (las usadas en las mascarillas N97 y N95) hasta la que va de entre 0,8 y 3 micrones (en los llamados barbijos quirúrgicos). Así como retiene partículas, este tipo de telas también retiene bacterias, otros microorganismos y virus. Es por eso que la presencia de los activos químicos es importante para eliminarlos o inhibirlos extendiendo el número de horas continuas que se puede usar.

Un punto crítico recurrente es que no sean eficaces al ajustarse al rostro, dejando orificios libres. A eso hay que sumarle lo mal que se lo suele usar: “La falta de ajuste disminuye muchísimo la eficiencia de un barbijo o de la máscara. Por eso, nuestro grupo fue modificando los productos que generó y hoy en día produjimos un producto que cuenta con todas estas innovaciones y que estará disponible para la comercialización en forma inminente”, anuncia.

“Lo ideal es siempre usarlo cuatro horas, cambiarlo y luego volverlo a usar. Los productos se lavan con jabón neutro y a mano.  El número de veces que se puede lavar cada producto depende del mismo, y esto debería estar informado en el envase, así como en la página de los fabricantes los respectivos certificados con la eficiencia del producto luego de los lavados”, continúa. Y entonces, ante la consulta de Tiempo de si observa un relajo en el uso del barbijo en estos últimos tiempos, concluye: “Sí, se relajó, y es un error porque es una medida simple y con demostrada utilidad”.   «