Esto somos, los miles y miles de migrantes en Argentina. La Revolución Silenciosa. A eso hemos venido a este maravilloso país y para ello nos quedamos.  Para esto nos organizamos y para esto nos levantamos todos los días. Somos la Revolución de la diversidad. Somos la Revolución de la Igualdad. Somos la Revolución del trabajo honesto. Somos la Revolución de la verdadera fraternidad. Somos la Revolución de la paz. Esto es lo que ofrendamos diariamente en cada rincón de Argentina. Desde La Quiaca a Ushuaia.

Y somos la Revolución Silenciosa en el planeta, junto a otros millones de “desarraigados” a la fuerza, por el hambre, la pobreza, la violencia, el dolor y muchos otros males que genera el enemigo común que tenemos toda la humanidad, el capitalismo depredador, avaro y rapiña que impone a todos un modelo de producción y consumo que no resiste ya ésta “casa común” que llamamos Tierra. Tampoco la resisten ya millones de empobrecidos que también genera este “modelo” y de los cuales formamos parte. Somos la porción de empobrecidos que silenciosamente nos hemos revelado, nos resistimos a ponernos de rodilla ante el hambre y la pobreza a la que nos quieren condenar, y a costa de abandonar el “lugar en el mundo” que creíamos era el nuestro, encaramos la incertidumbre y salimos en busca de ese otro lugar, ese otro destino, ese “Buen Vivir” al que estamos convocados todos, esa otra “patria”, la de acogida y que después de algunos años comenzamos a amarla como a la de “partida”, la añorada, la ahora lejana.

Somos la Revolución Silenciosa porque son múltiples los sectores interesados en “ningunearnos”, los sectores poderosos materialmente y “adueñados” del planeta pero también algunos hermanos pobres como nosotros, involuntariamente, hasta por ignorancia, por temores que vienen de los prejuicios y mitos migratorios difundidos por el mismo sistema y sus “medios de incomunicación”, y sus “gobiernos”. Pero somos la herida más vergonzosa y escandalosa de esta etapa “neoliberal” o “neoconservadora” globalizada. Somos la herida que sangra casi como el planeta y cada día es más difícil de esconder. Somos una herida que crece, aumenta, en cantidad y volumen de gritos de resistencia a la indignidad, que cada día se hace más evidente y difícil de esconder, somos millones y dispersos por cada rincón del planeta donde parece haber oportunidades. Somos una herida que “clama al cielo” y pone en evidencia toda la crueldad de este capitalismo actual, alcahuetea con nuestra presencia, con nuestros cuerpos, vivientes y resistiendo, que este es un modelo fracasado. 

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Somos la Revolución Silenciosa pero imparable. Ni los métodos antimigrantes más criminales del mundo, EE UU y Unión Europea, nos han podido detener porque somos portadores de la vida que triunfa sobre la muerte que nos quiso poner de rodillas en nuestro origen. Somos portadores de la esperanza cierta que propone la suma de millones que optamos por el “Buen Vivir” y hacer del planeta nuestro lugar. Somos invencibles porque la diversidad que enriquece y potencia la vida no es un discurso entre nosotros, somos la diversidad. Somos la Revolución de la Diversidad. Porque con nuestra búsqueda paciente de nuestro lugar en el mundo vamos sembrando vida, esperanza, diversidad, justicia distributiva, trabajo honesto, fraternidad y paz, porque respondemos con amor a la violencia institucional cotidiana y al desprecio.

Humildemente orgullosos, nos sentimos que somos esta Revolución Silenciosa y la queremos para todos, sin ningún tipo de distinción ni discriminación, para todo ser humano, por el sólo hecho de ser persona, como los Derechos Humanos, que son de cada uno, de cada persona que habita el planeta, por el sólo hecho de ser humano y es nuestra responsabilidad ejercerlos, exigirlos, promoverlos, defenderlos.

Cómo dijéramos al finalizar nuestro primer Encuentro Nacional de Líderes Migrantes en Neuquén en 2014, al constituirnos como Red Nacional de Líderes Migrantes: “El Encuentro posibilitó que los inmigrantes nos constituyéramos en esta reunión como sujeto histórico colectivo de la política migratoria argentina. Un “sujeto” que ya existía pero disperso en el país y sin una referencia organizacional que nos agrupara. La posibilidad de una “organización” que nos contenga a nivel nacional significa también la posibilidad de fortalecimiento de la política migratoria en perspectiva de Derechos Humanos en el país. Somos el fruto más esperado de la misma. La autoridad migratoria contará con un interlocutor genuino y legítimo de los propios “sujetos” de la ley y la política migratoria. 

Hasta hoy, nunca una autoridad nacional tuvo oportunidad de tener un interlocutor colectivo de los propios migrantes. Esto sucede en el país que tiene la historia migratoria más importante del continente, aun por encima de EE UU en algunos aspectos. La vigencia de los Derechos Humanos de los migrantes, en especial de los más pobres, depende en gran medida de la mayor o menor conciencia que tengamos cada uno de nosotros mismos, que los derechos son nuestros, de cada uno, por el sólo hecho de ser personas y que el acceso y/o ejercicio de ellos nos pertenecen. 

Hemos tardado diez años, desde la promulgación de la Ley 25.871, en “darnos cuenta” de que el Artículo 4to de la misma nos colocaba en el lugar de sujetos de derechos. Que esta realidad nos convoca a trabajar para que nunca más nadie nos utilice como excusa para intentar justificar la delincuencia, la trata, el desempleo o cualquier otro mal social en Argentina y superar el abordaje de las migraciones como ‘un problema’ para valorarlo como oportunidad”.