“Nosotros queremos que intervenga el Ministerio de Seguridad de la Nación o que intervenga el abogado Gregorio Dalbón como lo hace con el gatillo fácil de Barracas, porque tenemos mucho miedo”, ruega a Tiempo un vecino del edificio ubicado dentro de la Villa Olímpica donde un agente de la Ciudad disparó alrededor de 50 tiros contra quienes pasaban por la puerta de entrada del edificio y luego hizo lo propio desde su balcón. Si bien la situación se desencadenó cerca de las 4 de la madrugada del sábado 1 de enero, la noticia se conoció en las últimas horas luego de ser confirmada por vecinos y vecinas. Se trata de un efectivo de la Comisaría Vecinal 12 A de la Policía de la Ciudad quien, en un supuesto brote psicótico, amedrentó por más de seis horas a quienes viven dentro de la Villa Olímpica, en Villa Soldati.

A raíz de este hecho, los vecinos llamaron a la policía quienes intentaron tranquilizar al hombre para que bajara el arma. Tras el episodio, el agente porteño Hernán Argentieri fue detenido e internado con custodia, en el Hospital General de Agudos Dra. Cecilia Grierson, del barrio de Villa Soldati. Fuentes de la fuerza aseguran que el uniformado sufrió un brote psicótico. “Es un hombre muy violento que hace años viene teniendo estas actitudes, es un maltratador. En reuniones de consorcio revolea los libros, grita, se la pasa diciendo que es policía para que le tengamos miedo, realmente no sé si tuvo un brote psicótico, pero su naturaleza es violenta», cuenta a Tiempo un vecino del edificio ubicado en la calle José Benjamín Zubiaur 4385 dentro del Barrio Olímpico. “Yo no digo que no haya tenido un brote pero la verdad que tuvo actitudes que me hacen desconfiar. Le tiró a todos los autos menos al suyo, y cuando se acercó el grupo especial de la fuerza de seguridad bajó 10 cambios, estaba hecho una seda. Si tuvo un brote psicótico fue bastante selectivo”, continúa el relato.

Varios vecinos aseguran que el policía en cuestión inventa historias de persecución y complicidades, que siempre se encuentra en dudoso estado como consecuencia de los efectos de las drogas o el alcohol. Una situación que la vienen padeciendo desde hace años y que empeoró durante los festejos de año nuevo.

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“Yo subí al ascensor para bajar a abrirle a un amigo y el policía se mete en el ascensor conmigo y me dice que tiene que hablar conmigo urgente porque los gitanos quieren conquistar el mundo”, relata a Tiempo un vecino que pidió resguardar su nombre por temor a represalias. El testigo fue la primera persona que sufrió las amenazas de muerte y agravios por parte del agente de la Ciudad. “Estaba sin remera, es un tipo alto y fisicoculturista. Mientras el ascensor bajaba me dice que yo le tengo que hacer caso a él que es una orden, porque él es policía y hace lo que quiere, que si no subo con él me arrestaba”, agrega.

La víctima pudo bajar del ascensor y apartar a su amigo que venía a saludarlo por año nuevo. Cuando volvió a subir a su departamento, el policía empezó a disparar contra todos los que se acercaban al edificio, la mayoría familiares y amigos que venía a saludar a quienes viven en la torre.

“Realizó casi 50 tiros durante seis horas, todo comenzó alrededor de las 4 de la mañana y termino a las 10 o más. Disparó contra mis amigos, a varios que estaban en la vereda, luego subió a su departamento y empezó a disparar contra los vecinos del edificio de enfrente, gritando que él era Dios, y venía a salvar el mundo”, agrega. En la causa interviene la Policía Federal por instrucción del Juzgado Criminal y Correccional N°37, Secretaría N°129. Finalmente, el policía fue reducido y trasladado a donde se encuentra internado con custodia policial.

“Todos los vecinos –reflexiona el testigo– estuvimos secuestrados durante más de seis horas, y si este tipo vuelve a vivir acá nos tenemos que mudar porque tenemos miedo que nos mate”.