En poco tiempo se lanzará el PreViaje 3, pensado para utilizarse en el segundo semestre del año, con la mirada centrada en la temporada media, los meses previos a fin de año. Y entre los viajes posibles, una tendencia girará alrededor de la Ruta Natural Argentina y sus 17 grandes recorridos que a lo largo de 150 destinos despliegan la exuberancia de nuestro territorio. Muchos de ellos, joyas geográficas y paisajísticas poco conocidas. Todo el abanico de opciones se puede conocer en el nuevo sitio web del Ministerio de Turismo: larutanatural.gob.ar.

Para quien busque en el mapa, la Ruta del Litoral y los Grandes Ríos es toda la región que une la Mesopotamia junto al Paraná, el Uruguay, el Gualeguay y el Paraguay como grandes cursos de agua que despliegan un sinfín de playas y bancos de arena que, para casos como el de los correntinos, transforman la temporada de verano en la más extensa de la Argentina porque culmina a fines de abril. Pero además de la vida playera, los deportes y actividades náuticas suman adrenalina al recorrido con anclajes como el Parque Nacional El Palmar (Entre Ríos) o las reservas naturales Jaaukaingás (Santa Fe), Isla del Cerrito (Chaco) y Laguna Oca (Formosa), por nombrar solo tres, donde la observación de aves y fauna en general se entremezcla con safaris fotográficos, cicloturismo, turismo rural o, simplemente, la contemplación de las aguas que fluyen por nuestro litoral.

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En El Palmar y su selva en galería, el mar de palmares puede observarse en la hora mágica del atardecer con todo su esplendor desde un mirador público que, en altura, permite ver hasta el infinito la extensión de este paisaje único en el país. Pocos saben que hay un circuito para realizar a pie, muy sencillo, que conduce hasta los restos arqueológicos de lo que fue una explotación de canto rodado en la que también hay vestigios de la influencia jesuita.

Los 12 kilómetros que se sumergen en camino hasta el corazón de El Palmar, desde la Ruta Nacional 14 entrerriana, son un pasaje a la prehistoria. El camino de ripio obliga a marchar lento y cuidar a la fauna. Algún carpincho desorientado de su arroyo puede cruzarse, lo mismo que un zorro, un gato montés, ñandúes y hasta una yarará. Una muestra apenas de toda la biodiversidad que se refugia en este “pastizal”. Pero por fuera del ruido es posible, además, detenerse en medio del palmar, entre esos enormes ejemplares de entre dos y cuatro siglos de vida, y escuchar el silencio.

En el Parque se calcula que hay unas 800 mil palmeras que comparten la historia jesuítica de fines de 1600 que se puede apreciar en los restos arqueológicos de lo que fue una estancia, en un muro de ladrillos hechos a mano y una cantera de la que se extraía cal para curtir cuero, tan utilizado en aquel entonces como lo es hoy el plástico.

Desde el cielo se distingue la masa de palmeras como una superficie acolchonada gigante. Desde la ruta, un manchón verdoso que por su textura genera un contrapunto con el verde intenso de los campos entrerrianos. Ahí está Butia Yatay. Una de las dos mil especies de palmeras que pueblan el planeta. La mayoría crece cerca de los trópicos. Por esta razón, los especialistas se acercan a estudiar las litoraleñas. Por ser únicas. La sabana africana en Argentina. En algunos casos parece literal, y eso trae problemas: algunos animales exóticos traídos desde Europa a principios de 1900 hallaron la oportunidad de vivir tranquilos en este ecosistema, pero afectaron (y afectan) a las pequeñas palmeras que luchan por sobrevivir. Se las comen.

La situación generó un Plan de Manejo de Especies Exóticas, en el que intervienen pobladores que antes se dedicaban en muchos casos a la caza ilegal. El plan comprende una jornada completa por la noche para cazar ciervos y jabalíes. Según explican, está todo estudiado, controlado y se realiza en forma imperceptible para los visitantes del parque. Luego de los senderos de El Palmar, entre cuevas, nidos y huellas, se abre un claro que revela unas playas de arenas casi blancas. En la orilla, el río Uruguay finge tranquilidad y es todo transparencia. Mientras, arroyos internos se introducen sigilosos dentro de esta selva.

Por el trayecto rutero desfilan Colón, Ubajay, Villa Elisa y San José, donde sobresale una de las estancias de Justo José de Urquiza que es Museo Histórico Nacional. Las historias de los gauchos judíos o las colonias de los alemanes del Volga se entremezclan con parques termales. Juegos, toboganes gigantes, cascadas iluminadas o simplemente una batería de masajes. La “chamarrita” es la música ideal, con su alegría que obsequia caricias al alma.

Hielo milenario

Tal vez sea antojadizo elegir alguna de las 17 Rutas Naturales. Pero la Ruta de la Patagonia Austral en Santa Cruz se vuelve única con su “Tierra de glaciares”. Hay cerca de 40 opciones para descubrir esta riqueza que va mucho más allá del renombrado Parque Nacional Los Glaciares, al que se puede ingresar desde El Calafate o desde El Chaltén, famoso por ser la Capital Nacional del Trekking. Cerca de Los Antiguos se distingue el Parque Nacional Patagonia. También sobresale el Parque Nacional Perito Moreno, que ofrece senderos demarcados y un sistema de refugios para los cuales hay que reservar estadía muy cerca de Gobernador Gregores. Allí aún perdura la Huella de los Huelguistas, un circuito que relata los hechos en los que integrantes del Ejército Argentino fusilaron a más de un millar de peones laneros entre la primavera y verano de 1920 y 1921, relatados en La Patagonia rebelde. En el Parque Provincial Cueva de las Manos (Patrimonio Mundial de la Unesco) se aprecian las marcas de más de 9000 años de historia. Aleros de roca que revelan un sinfín de pinturas con escenas de caza, guanacos y las famosas manos del hombre de la prehistoria. Se la puede visitar todo el año aunque, claro, hay que estar muy atentos a las nevadas.

La luz de todos los colores

Saliendo del verde y del blanco emerge la Ruta de los Desiertos y Volcanes que recorre parte de Neuquén, La Pampa, Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca, donde se revela unos de los paisajes más llamativos en formas, colores y relieves de nuestro país. Incluye Parques Nacionales, un patrimonio mundial y la emblemática Ruta 40. Entre los imperdibles se puede mencionar el Parque Nacional Talampaya (La Rioja) e Ischigualasto (San Juan), con restos arqueológicos y paleontológicos, y entre ellos, como en la Ruta Nacional 60 en Catamarca, se despliega un abanico de colores y colosos volcánicos que pueblan la región. Muchos la llaman la ruta de los seismiles.

Es una zona donde se refleja la evolución del planeta en sus areniscas, que tiñen el ambiente con diferentes matices y que contrastan con el tamaño de su paisaje, junto a las huellas y restos de los pobladores que vivieron allí hace millones de años, los dinosaurios. «

El mar, barcos hundidos y una nave para dar la vuelta al mundo

Se la conoce como la Ruta Azul pero su nombre es la Ruta del Mar Patagónico. Une Río Negro, Chubut y Santa Cruz, siguiendo el circuito costero donde están las ciudades puerto que se expresan con su horizonte infinito junto al mar y la estepa que se extiende por más de mil kilómetros a ambos lados de la Ruta Nacional 3. Penínsulas, golfos y bahías que contienen una de las mayores concentraciones de biodiversidad del país. El abanico de actividades es muy variado, desde la observación de fauna terrestre y marina, navegación con avistaje de ballenas, toninas y delfines, hasta la visita a colonias de pingüinos magallánicos y penachos amarillos, lobos y elefantes marinos. El kayak, snorkel con lobos marinos o buceo en el Parque Subacuático de reciente formación frente a las costas rionegrinas son parte de los atractivos aventureros.

Para los amantes de la historia, desde 1520 estas costas son conocidas a nivel mundial. Por aquí pasó Hernando de Magallanes, el protagonista de la primera vuelta al mundo. En Puerto San Julián hay una réplica exacta de una de las naves, la Nao Victoria. Se puede subir a bordo, escuchar el relato y conocer en figuras de tamaño casi natural a la tripulación y al mismísimo Magallanes. Cuando uno va caminando y ve en la playa la nave, se vuelve inevitable pensar cómo hicieron los marinos para abordarla y cruzar océanos en ese barco, con ese tamaño, por el mar inmenso. En esta misma ruta, en Puerto Deseado, también se pueden conocer los restos arqueológicos de la Corbeta Swift, hundida en ese sitio en 1770. Se puede observar hasta la vajilla del capitán. Un hallazgo, mil historias y el sentimiento de aventura que va de la mano de los vientos del sur.

Gran Chaco, entre tucanes y osos hormigueros

Otra Gran Ruta que sobresale es la del Gran Chaco, que integra la riqueza natural de las provincias de Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Santa Fe, Tucumán y Salta.

Una región en la que se logra vivir experiencias únicas junto a la naturaleza subtropical, sobre todo para quienes busquen lugares agrestes, por ejemplo, a través de encuentros con avifauna silvestre. Los imperdibles de esta ruta son el Bañado La Estrella, la Reserva Natural Formosa, el Parque Nacional Chaco, los Parques Provinciales Loro Hablador, Pampa del Indio y Campo del Cielo (único para ver meteoritos, cuenta con infraestructura y centro de interpretación), el Parque Nacional El Impenetrable (Chaco) que estrena camping y los Parques Nacionales Copo (Santiago del Estero) y el El Rey (Salta), donde sorprende la cantidad de tucanes que pueblan los árboles.

La fauna es una estrella de esta Ruta: desde lo científico (buscando preservar especies de tortugas y yaguaretés) hasta lo visual: como los osos hormigueros que pueblan Estero Poí, a 9 km de Laguna Blanca por RN 86.