Colgantes o sobre pilotes. De acero, de piedra, de madera. Los puentes son, fundamentalmente, la base de la unión. Entre destinos, lugares, pueblos. Y, comunicación. Su significado es tan fuerte como su historia en la humanidad. Quizás se puede sintetizar como lo hace la Cámara Argentina de la Construcción que utiliza como símbolo al puente acueducto sobre el río Gard, cerca de Nimes, en el Sur de Francia, construido por Agripa, intendente del emperador Augusto alrededor del año 20 AC y que para la entidad hoy “expresa un implacable correlato de función, material y de forma. Símbolo de la cultura urbana, sintetiza las tres ramas de la construcción: hidráulica, arquitectura y vialidad”.

Pero, desde el corazón, a muchos de los viajeros les encanta mirarlos. A los puentes. Y al verlos, la memoria o las plataformas los llevan directo a “Los Puentes de Madison”, la película del año 1995 de Clint Eastwood y Meryl Streep, que globalizó la idea de romanticismo y es muy recomendable para sellar este sentimiento y unir generaciones.

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Lo cierto es que en los puentes hay poesía, en sus curvas y en sus estructuras. Quienes alguna vez recalaron en París, sucumbirán ante las opciones de pasear junto al río Sena, navegar o caminar y conocer parte de los puentes que junto con las pasarelas suman un total de 37. Cada uno con su historia.

Lo que sigue es un breve recorrido por los puentes de la historia, de aquí y de allá, para agendar o recordar momentos instantáneos para vivir y repetir.

De granito La importancia de una piedra de granítico quizás sea la síntesis de la evolución humana en cuanto a construcción cuando se recala frente al Clan Bridges Wycoller en el Reino Unido, que concentra diez mil años de historia en los poros de la roca, desde los tiempos neolíticos hasta hoy. Unir orillas, unir ciudades, cultura y gente, es su misión. En este universo de puenteríos es el Golden de San Francisco,  uno de los que más prensa tiene y sin embargo, un recorrido por el territorio argentino, desde la meseta patagónica hasta el mar, junto con la selva y la llanura también le revelarán estas perlas de la ingeniería para sumar romanticismo a un viaje y al a vida misma.

Desde el Puente de la Mujer, el de La Boca o el Puente Alsina, las postales muestran algún anclaje con la historia. En la Mesopotamia, el puente que une Corrientes con resistencia en Chaco; o en Santa Fe, o los que unen la espesura de la selva, son parte del panorama nacional de estas estructuras, y hasta tenemos el viaducto más alto del mundo que subyuga a criollos y extranjeros cuando viajan en el Tren a las Nubes en Salta.

Hay uno que es el más viejo y todavía en pie. Es el Monumento Histórico Nacional en San Antonio de Areco, Capital de la Tradición que nos lleva a recorrer la historia con Don Segundo Sombra a través de Ricardo Güiraldes. Y es, dicen, el primer lugar donde se cobró “peaje”. Es de 1857 y surgió como el Puente de Los Martínez . Es de adobe y cruza el río, está ahí nomás de la oficina de informes turísticos. Lo del peaje es porque por aquí pasaba y pasa el camino Real hacia el Alto Perú y es donde se ejecutó el “pontazgo”, el pago por el derecho a pasar por el puente.  Clinck Caja.

Una joya al paso es también el de Zárate Brazo Largo, distinguido como obra de ingeniería y sobre el gran corredor de la Ruta Nacional 40, hay muchos pero en el tramo santacruceño desde el KM 0 en cabo Vírgenes y antes de llegar a Río Turbio, es en la estancia La Buitrera donde se encuentra un puente que nada tiene que envidiar al San Francisco. “Lo trajeron en barco desarmado como un mecano”, contó una vez la dueña del campo.

Viejos o nuevos, de madera, de acero o cemento, su función fundamental es la unión, como el que une el Norte neuquino con el Sur y por donde se los puede ver cruzar a los crianceros que practican la trashumancia, que se realiza en primavera y hasta el verano cuando los puesteros recorren días y días, hasta meses, con todos sus animales para llegar a las tierras altas, los campos con nuevas pasturas que crecen nutridos por las vertientes en la montaña.

El de La Boca, quizás haya sido el más pintado y fotografiado. Une la Capital Federal con el comienzo del Conurbano Sur, Avellaneda, pero a muchos los atrapa la vista del “viejo trasbordador” con su historia ligada a la actividad portuaria de un siglo atrás. Hacia Cuyo hay otra perla, está en Mendoza donde una formación rocosa sobre el río Las Cuevas unida al antiguo hotel termal abandonado luego de ser arrasado por un alud, es una de las postales de la zona más fotografiada por las distintas generaciones. Fue área protegida en la entrada al Parque Provincial Aconcagua y hasta integra el Qhapaq Ñan. Un viaje, un puente y la historia del mundo a los pies de los turistas.