Pasaron más de seis años desde la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, uno de los hitos del conglomerado de derechos adquiridos por los argentinos, todos y todas, durante la última década, y es en ese contexto que el “besazo” convocado para esta noche frente al tradicional bar La Biela, en Recoleta, podría sonar hasta anacrónico. Sin embargo, la lucha por la igualdad y contra la discriminación nunca cesa, y menos en una época en que la avanzada neoliberal hace vacilar varios de los cimientos de un andamiaje jurídico que mucho costó conquistar. El retroceso en la política oficial respecto de los juicios por delitos de lesa humanidad es sólo un ejemplo. De modo que habrá que besarse, allí y donde haga falta, para que la violencia sexista no obligue a desandar ese camino.

Varias organizaciones de la diversidad sexual, entre ellas la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGBT), participaron del “besazo” frente a La Biela, el local gastronómico de donde una mujer fue echada el lunes pasado por acariciar a su pareja.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Belén Arenas, bailarina de 25 años, es una de las jóvenes que fue discriminada en la noche del lunes 29 de agosto. Su pareja había llegado poco antes, angustiada por un problema personal, y ella se sentó a su lado para consolarla, acariciándole la mejilla y abrazándola. Entonces, dijo Belén, llegó el mozo a increparlas. “‘Tienen que tranquilizarse, no pueden estar así acá’, nos dijo”, y cuando le pidieron explicaciones las mandó a hablar con el encargado. “Me acerqué a hablar con este señor, a decirle que me estaban discriminando por lesbiana, y me contesta que lo que hacíamos era inapropiado para el lugar”, contó Belén.

Joaquín Mauri, jefe de salón de La Biela, explicó a la agencia Télam: “Nosotros nunca nos metemos en esas cosas, lo que pasó fue que otro cliente se quejó de lo que estaban haciendo y se pusieron a discutir. Lo que no queremos es escándalo dentro del salón. Nadie la echó, ella se sintió agredida”, dijo, y aclaró para oscurecer: “Esta casa no discrimina a nadie, convivimos con clientes que la mayoría son de origen judío, armenio, árabe”.

Tras hacer una denuncia judicial por discriminación, Belén y su pareja recibieron el apoyo de numerosas organizaciones de la diversidad sexual, de derechos humanos y que luchan contra todo tipo de discriminación.

En la Argentina de 2016 hay leyes –empezando por la Constitución Nacional- que protegen sus derechos: las de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género, Reproducción Asistida y varias de las modificaciones operadas en los Códigos Civil. Pero todavía hay quienes, acaso ensoberbecidos por la fragilidad manifiesta de muchas conquistas recientes, aprovechan para reproducir la antigua cadena de prejuicios. Retrógrados, no entienden el significado profundo de las transformaciones que ha experimentado la sociedad. 

Un beso para todos ellos.