El ritmo de Córdoba capital se complementa con la arquitectura y la cultura urbana mientras en el horizonte, bien al fondo, se insinúan las cumbres serranas que anticipan el paisaje de este territorio de naturaleza tranquila.

Para quienes nunca recorrieron Córdoba Capital deben saber que en distintos circuitos van a conocer la historia de América. Tan sólo pasear por la Universidad, su fundación data de 1613 y las facultades, donde convergen el Rectorado, el Colegio Monserrat con su origen jesuíta y se prolonga hacia la Ciudad Universitaria que integran la historia y el presente con la Reforma Universitaria de 1918, con el Cordobazo. De culto.  También, con el eje puesto en Plaza San Martín, la historia Colonial se la puede recorrer uniendo las iglesias, conventos, la Catedral y el Cabildo pasando por el Monasterio de Santa Catalina, y la Casa del Obispo Mercadillo que transmiten entre sus muros casi cinco siglos y el conjunto es Patrimonio de la Humanidad.

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Claro que, la famosa “Cañada”, el entubamiento durante unos 3 kilómetros del arroyo La Cañada que desemboca en el río Suquía, son parte del paisaje urbano con sus parques y sus puentes trazados desde 1927.

Pero entre todo, también podrán ver, tocar y hasta sentarse en el monumento al “choripán” con forma de chori asiento,  algún cordobés amigo le dirá que es ideal para degustar esta comida que es famosa en toda la Argentina y aquí, está habilitada su venta callejera, desde 1972.

Lo cierto es que Carlos, “La Mona” Jiménez y Rodrigo Bueno “El Potro” lo recibirán con sendas esculturas en el Paseo del Buen Pastor. Y además, no se le podrán pasar por alto, nunca tan bien dicho, las esculturas del “Hombre Urbano”, “La Mujer Urbana” y Los Niños Urbanos” que donó en 1999 el artista Antonio Seguí radicado en París desde 1963, quien falleció en febrero de este año y que además de su trayectoria, su obra y su pensamiento, el humor ¿Cordobés? también se aprecian en este pensamiento: “Le voy a decir, como si fuera un psicoanalizado, que ya resolví el problema de Dios, y que resolví el problema de la Madre. Pero el de Córdoba me queda pendiente”.

En la ciudad, los viajeros experimentan el cálido trato cordobés, que se manifiesta en cada interacción. Además visitan sitios de interés recreativo, tiendas top o simplemente recorren las calles, como en el caso de la elegante peatonal Rivera Indarte.

Cualquier paseo por esta senda puede llevar hasta su cruce con Avenida Colón. Y, justo en esta esquina, se encuentra el acceso a la Cripta Jesuítica, un lugar que fue rescatado del olvido, repleto de misterios por descubrir.

La Cripta, además de su valor histórico, funciona actualmente como museo de sitio, para que tanto los visitantes como los locales tengan la oportunidad de descender hasta las ruinas soterradas de lo que alguna vez intentó ser parte del Noviciado Jesuítico.

Para quienes ingresan a este rincón casi secreto, la propuesta es explorar sus tres naves, conformadas por gruesos pilares que acompañan muros de ladrillo y piedra sin labrar. Se puede acceder de lunes a viernes, de 10 a 15 horas y la palabra mágica es: gratis.

Abajo, en cada recoveco aparecen objetos de interés cultural que remiten a los más de 200 años en que el lugar cumplió diferentes funciones. Las piezas expuestas llevan sencillas descripciones que relatan la historia.

Dicen que la Cripta sirvió como casa de ejercicios para los jesuitas, o como dependencia de los padres betlemitas, entre diversos propósitos.

El predio donde se construyó la Cripta formaba parte del Noviciado Jesuítico, fundado en 1608. Construido en 1713, el nuevo espacio fue en un principio destinado a los jóvenes novicios que originalmente tenían su sede en la Manzana Jesuítica, aunque la obra se postergó por cuestiones económicas.

En 1926 el lugar fue enterrado. Dos años más tarde, las autoridades de la  ciudad decidieron ensanchar la calle Colón. Durante los trabajos, aparecieron en la superficie las bóvedas de la antigua construcción. Sin embargo, para completar el proyecto éstas fueron rellenadas con escombros.

Finalmente, la Cripta fue re descubierta en 1989 por trabajadores de la entonces activa empresa ENTel, quienes realizaban el zanjeo para el tendido subterráneo de cables telefónicos.

A partir de este hito, se llevó adelante la puesta en valor del espacio, con particular énfasis en su recuperación arqueológica y arquitectónica. Hoy en día, recorrer este lugar permite sentir parte de los sonidos de la historia entre sus naves y a cada paso.

www.cordobaturismo.gov.ar

Fotos gentileza Agencia Córdoba Turismo.