La nave central de la Rural está colmada por una legión infatigable de madres, con su prole a cuestas. Recorren sin respiro los stands de afamadas pañaleras, novedosas firmas de tecno-seguridad infantil y glamorosas tiendas de indumentaria para los más pequeños de la tribu. Ahora Mamá Expo, cita mayor del fértil nicho comercial dedicado a las futuras madres y sus herederos, se hace carne en el predio palermitano. 

«Nunca digas nunca. Jamás en la vida se me hubiera ocurrido venir a una exposición así, pero acá estoy. ¿Qué pasó? Pasó Pablito», confiesa entre risas María, mientras mira embobada los ojos azul cielo de su retoño de tres meses. Tiene 31 años, es madre primeriza y llegó desde San Martín en plan más bien familiar, pero con ribetes comerciales. En su deriva la acompañan sus cuñadas Débora y Laura. También los pequeños Fiorela y Dante: «Es la primera salida oficial de los primos. Los tres son unos santitos. Nosotras vemos ofertas y ellos se entretienen con los shows de Winnie Pooh y Tigger. Ya llevamos dos horas dando vueltas y no hicieron ni un pucherito».

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A coro, las chicas confiesan que la pesquisa en los puestos no ha sido del todo fructífera: «Hay buenos precios en pañales y baberos de silicona, pero hay cochecitos que cuestan como un auto usado. Hay hasta de 40 mil pesos.» En pocos minutos, cuentan, dejarán por un rato la fiebre consumista y disfrutarán del menú de talleres que ofrece la expo: desde masaje infantil hasta primeros auxilios, sin olvidar una clase magistral sobre el abecé de la lactancia. Las mujeres posan para una perfecta postal del matriarcado: rostros cansados pero sonrientes, hijos en brazos y sus inseparables carruajes, los cochecitos todoterreno curtidos por el uso. «Más allá de las compras, estos lugares te dan mucha información. Por ahí antes las mamás sólo teníamos como consejeras a nuestras viejas y abuelas –se despide María–. Igual, creo que nadie te puede enseñar a ser madre. Podés leer revistas, ver videos en internet o programas en la tele, pero hay algo más. Debe ser el instinto materno que llevamos adentro».

Más respeto que soy…

Hace 22 años, Claudia Baschera dio a luz a la revista Ahora mamá. Venía de tener a su primer hijo y detectó, dice, un hueco editorial en las temáticas ligadas a la maternidad: «Se necesitaba información y reflexión, entonces hice la revista que me hubiese gustado leer cuando estaba embarazada.» Según la especialista, desde el momento de la gestación, las embarazadas se enfrentan a un sinnúmero de inquietudes existenciales. «Cuando una mujer ve esas dos rayitas que le dicen que su vida va a cambiar para siempre, todo empieza a ser una gran duda. Quiere darse un baño de inmersión y no sabe si puede; quiere tomar un café y no sabe si al bebé le va a caer bien; o quiere saber cómo crece. Está muy ávida de información. Sin dejar de lado que también se le abre un mercado que desconoce. Por ejemplo, en un baby store hay más de cien modelos de cochecitos, y todos cumplen una función especial. Ese es nuestro público».

El emprendimiento editorial creció y en 2003 se completó con el lanzamiento de la exposición más grande en su especie. Sin dudas, los 750 mil partos que se dan al año en la Argentina engordan un mercado potencial demasiado tentador para las marcas. Baschera calcula que este año unas 40 mil personas visitarán el evento que culmina hoy. Más allá del foco puesto sobre la platea femenina, la organizadora resalta el lento pero permanente crecimiento en la cantidad de padres que asisten: «Por suerte, los tiempos cambian y el hombre asume un rol mucho más activo en el embarazo, en la crianza, en las tareas hogareñas. Hay un cambio de paradigma. En definitiva, el hijo es de los dos». Estos movimientos en la oxidada familia «tradicional» también incluyen una aletargada apertura de este nicho a las familias homoparentales.  

En sus 15 años al frente de la exposición, Baschera ha presenciado más de un trabajo de parto que comenzó sin previo aviso en la Rural. También la irrupción de las nuevas tecnologías en la maternidad: desde las ecografías 4D –en la expo sortean varias entre las futuras mamás– hasta las aplicaciones que permiten a los padres monitorear en sus celulares el ritmo cardíaco y la frecuencia respiratoria del recién nacido, para conjurar al fantasma de la muerte súbita. «¿Si las madres son demasiado ‘hinchas’? Son más bien ansiosas. Imagínese lo que es esperar nueve meses el nacimiento. Es que en estos tiempos no estamos acostumbrados a esperar. Queremos todo ya, rápido. Pero ser madre es otra cosa, es una experiencia muy fuerte que es difícil de explicar con palabras».

La doctora en Psicología Mariana Czapski, pluma destacada de Ahora mamá, presenta en la feria su obra El arte de criar con límites: «Un tema polémico en la actualidad, casi pasado de moda –sentencia–. Es necesario reflexionar sobre el desarrollo evolutivo de los niños y la función del límite. No es retar, sino abrir el camino para que los chicos elijan otro rumbo». Dilema mayor, en un campo disciplinario en el cual han vertido ríos de tinta Freud, Piaget y Lacan. En un espacio donde reina el consumo, Czapski, madre de una nena de ocho años, invita a tomarse cinco minutos y pensar el presente: «En la actualidad, hay un poco de falta de límites, y padres que no saben acompañar a los hijos. Mucha gente dice que ahora los chicos son caprichosos desde bebés, pero no es así. El bebé llora por necesidad, eso es el llanto. Los adultos tenemos que aprender a tolerar ese tipo de dificultades en la crianza». 

Pañales con conciencia

La moda ecológica es la reina madre en muchos de los stands de la feria. Frente a los grandes tanques pañaleros multinacionales, la marca local Ecolitas ofrece estampados chiripás eco-friendly. Su creadora, Sandra Camacho, cuenta que comenzó a producir por necesidad, con una maquinita de coser casera, cuando nació Sofía, hoy de siete años: «Es el viejo pañal de tela, pero aggiornado –cuenta mientras atiende a una jauría de clientas–, más fácil de lavar». Agrega que la gente mayor es la que más reticencias pone ante el regreso triunfal del lavable: «Los jóvenes tienen otra cabeza, cuidan el planeta. Un descartable tarda 500 años en biodegradarse. Un bebé usa unos 5000 pañales. Hacé la cuenta. No hay más espacio en la Tierra. Todos tenemos que poner nuestro granito de arena». Un pañal descartable cuesta 400 pesos. Camacho promete que dura toda la vida. O hasta que el bebé logre la autonomía para ir solo al baño. 

En el local de Baby Innovation se venden pequeños mingitorios que pueden ayudar en ese lento aprendizaje de los niños. Es una colorida pieza que haría las delicias de los hijos de Marcel Duchamp. Una pelela que se adosa a la pared y es de uso exclusivo de los varoncitos. Entre las últimas novedades de la firma también figura el ventilador para cochecitos de bebé.

Sin lugar a dudas, el espacio más concurrido de la feria es Bebé Gourmet, donde la chef Lía Cigliutti, estrella rutilante de Masterchef, enseña a romper con la hegemonía del puré de zapallo en el menú infantil. Mientras las madres amamantan a sus hijos, Cigliutti prepara con pasión una exquisita papilla de manzana, peras y canela. «Un manjar que no hay que pensarlo sólo como el alimento del bebé –cuenta–, también puede ser la guarnición del plato principal para toda la familia. Con manteca y miel, acompaña tranquilamente una bondiolita de cerdo». Mientras ofrece a la platea suculentas cucharadas, la cocinera adoctrina: «La clave está en probar la comida del bebé. Si te gusta a vos, seguro le gusta a él». Cerca de ella, un bebé disfruta su última ración de la papilla gourmet. Se va con la panza llena y el corazón contento.  «