A tres años de su llegada al gobierno, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) espera refrendar su mandato con una consulta popular que genera rispideces con los sectores de la oposición y los poderes institucionales. De hecho, su voluntad de llamar a un referendo revocatorio implicó un cruce con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y el Instituto Nacional Electoral (INE), que se negaba con el argumento de que no tiene dinero para esa tarea. Ahora, el mandatario propuso en una de sus conferencias “mañaneras”, que si el INE sigue en su postura se podría conseguir el dinero con algún tipo de colecta popular o, incluso, contratando a las consultoras más prestigiosas para una gran encuesta nacional.

AMLO asumió la presidencia el 1 de diciembre de 2018 luego de décadas de lucha política y una elección en la que denunció fraude para no entregarle el poder, en 2006, cuando tras días de intrigas, el INE reconoció como triunfador a Felipe Calderón por apenas 58 centésimas (35,89% a 35,31%).

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Después de este desliz, recorrió mil veces cada rincón del país, fundó el partido Morena (sigla para Movimiento de Regeneración Nacional que alude a la Virgen de Guadalupe, la virgen morena, venerada por los mexicanos) y sumó a todos los descontentos de la política que encontró en el camino. Ganó en 2018 con el 53,19% de los votos en la elección con mayor participación, 63,42%.

Su propuesta para derrotar a los dos partidos que se alternaron en el poder desde el 2000, cuando el PRI perdió la supremacía de 71 años a manos del PAN, fue la Cuarta Transformación de México (4T). La primera T fue la independencia, entre 1810 y 1821, la segunda la Reforma de 1857, que provocó la separación de Iglesia y Estado, y la tercera fue la revolución mexicana, entre 1910 y 1917.

La iniciativa de AMLO es de una nueva transformación que lleve la democratización de la vida política, cooptada por una burocracia estatal muy ligada a las elites que se beneficiaron del proceso de privatizaciones y políticas neoliberales de los años 90 sin compartirlas con el resto de la población.

Su comunicación con la ciudadanía es a través de las charlas “mañaneras” de cada día a las 7 AM en el Palacio Nacional. Allí, con un estilo campechano, responde, cuestiona, critica, dialoga con periodistas de todos los medios. No levanta la voz, parece un viejo profesor parsimonioso y hasta aburrido explicando algún teorema por enésima vez.

En junio pasado, en elecciones de medio término -la presidencia en México dura seis años- el Morena ganó 11 de las 15 gobernaciones estaduales en juego y con las que había obtenido tres años antes, suma 17 distritos federales sobre 32.

La semana pasada, la SCJN ordenó al INE organizar la consulta que pide AMLO. Se trata de una simple pregunta: «¿Estás de acuerdo en que a Andrés Manuel López Obrador, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, se le revoque el mandato por pérdida de confianza o siga en la Presidencia de la República hasta que termine su periodo?», que finaliza en 2024.

El INE analiza cada firma con el petitorio correspondiente, busca excusas, mientras el mandatario juega el juego que mejor le cabe. Está convencido de que su imagen está intacta al cabo de esta mitad de gobierno y que puede ganar la consulta. Al mismo tiempo, entiende que la negativa del INE tiene que ver con esa certeza: los sectores reacios a su figura prefieren que la ciudadanía no le dé otro cheque en blanco para que complete su proyecto 4T.

En la “mañanera” del miércoles, alguien preguntó si tenía un Plan B en caso de que el INE encuentre otra forma de impedir el referendo.

 -Los ciudadanos podrían hacer la consulta. Se organiza el pueblo. Nosotros ganamos la elección por el pueblo, por la gente. Esa es la esencia de la democracia, el ciudadano que quiere ejercer sus derechos, que participa, que busca los cambios, dijo.

-La otra es que hiciéramos una colecta para contratar unas 10 empresas encuestadoras de prestigio en México y que se preguntara lo mismo: ¿Quieres que siga de presidente Andrés Manuel López Obrador o que renuncie?, agregó, con una mano en el bolsillo del pantalón.

– A lo mejor 10 son muchas encuestadoras, pero cinco. Hay de todo, se busca que sean las que menos cucharéen o que no cucharéen y que no le pongan levadura, cerró, invitando a la risa. Se entiende que cucharear es manipular los datos. Poner levadura para complacer al interesado.