El candidato del correismo Andrés Arauz reconoció en las últimas horas de ayer el triunfo de Guillermo Lasso, su rival conservador en el balotaje presidencial, que hoy se convirtió en el nuevo mandatario del Ecuador, a quien prometió llamar por teléfono para felicitarlo de forma personal. Pero aclaró en un discurso ante sus seguidores que la suya «de ninguna manera es una derrota política y moral» porque su «proyecto es un proyecto de vida para construir un futuro más justo y solidario».

«Lo de hoy fue un traspié electoral pero de ninguna manera es una derrota política ni moral. Esta noche voy a llamar telefónicamente al señor Guillermo Lasso para felicitarlo por el triunfo electoral obtenido el día de hoy y le demostraré nuestras convicciones democráticas», aseguró Arauz desde su bunker en Quito al reconocer su derrota en las urnas.

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El dirigente correista reivindicó a su fuerza política como «un actor responsable en Ecuador» y prometió, desde la oposición, mantenerse «atento para no permitir que se utilice al Estado para el beneficio de unos pocos privilegiados», en una clara referencias a las constantes críticas que esbozó durante la campaña a Lasso y su pasado como banquero.

Pese al resultado adverso, el economista de 36 años hizo hincapié en que este balotaje «no es el fin, sino el comienzo de la revolución ciudadana en Ecuador», el nombre oficial del movimiento correista en el país. En el final de la tarde, a minutos de la publicación de dos sondeos de boca de urna con resultados contradictorios y sin números oficiales todavía, Arauz se había apurado a declararse ganador.

A diferencia de lo que fue una campaña llena de tensión, agresiones, trabas legales contra el correismo y constantes denuncias por parte de esta fuerza, la votación transcurrió durante el día «sin irregularidades sistémicas». Así se lo reconoció a Télam el vocero de la campaña de Arauz, Guillaume Long, luego de que el joven economista de 36 años reconociera el triunfo de Lasso.

Cuando los números comenzaron a delinear un panorama sombrío, desde la campaña de Arauz recordaron el cúmulo de obstáculos legales, «los constantes intentos por proscribir» a los partidos con lo que se presentaban los candidatos de la fuerza y «la asimetría mediática» que enfrentaron a lo largo de toda la campaña. «Fue muy difícil llegar hasta acá», destacó Long, al recordar que ganaron la primera vuelta de las presidenciales en febrero pese a que la fuerza tuvo que cambiar varias veces de partido porque las autoridades electorales los suspendían.