El secretario de Estado Antony Blinken comenzó a mostrar su estrategia geopolítica desde sus primeras apariciones públicas, a pertir del 20 de enero, cuando tomó posesión del máximo cargo en las relaciones exteriores de Estados Unidos. La semana pasada, en las primeras señales al mundo de la administración de Joe Biden, con el ataque a una base de las milicias chiítas en Siria y con la difusión de un informe que culpabiliza al príncipe saudita Mohamed bin Salman por el asesinato del periodista Jamal Kashoggi. Este miércoles dio su primer gran discurso y puso en palabras de qué viene esta nueva etapa: “No promoveremos la democracia mediante costosas intervenciones militares o intentando derrocar regímenes autoritarios por la fuerza”, subrayó Blinken. “Hemos probado estas tácticas en el pasado. Por muy bien intencionadas que fueran, no han funcionado”, se explayó. Pero reconoció que la gran preocupación es China y un poco menos, Rusia.

Diplomático de carrera y con una larga prosapia familiar en las relaciones exteriores estadounidenses, Blinken habló claramente sobre el futuro del mundo que analizan las elites norteamericanas. “La mayor prueba geopolítica del siglo XXI es nuestra relación con China”. A continuación se sinceró Blinken al decir que el gigante asiático “es el único país con el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para desafiar seriamente el sistema internacional estable y abierto: todas las reglas, valores y relaciones que hacen que el mundo funcione como queremos”.

Este concepto es propio del modelo político anglosajón, y entiendeque el mundo funciona cuando está de acuerdo a sus intereses. Por eso Blinken desliza que el presidente chino “”Xi Jinping no tiene un hueso democrático en el cuerpo”.  Entre los que se oponen a esta aspiración “democratizante” también figura la patria de Fiodor Dostoievsky. “Si Estados Unidos no promueve la democracia le hacemos el juego a adversarios y competidores como Rusia y China, que aprovechan cada oportunidad para sembrar dudas sobre la fuerza de nuestra democracia”, recalcó, solemne.

Por esta razón, casi en simultáneo, la Casa Blanca anunció nuevas sanciones contra funcionarios rusos como represalia por el encarcelamiento del dirigente opositor Alexei Navalny. Para el gobierno estadounidense, Navalny fue envenenado con Novichok y por eso entre los sancionados figura el director del servicio de inteligencia (FSB), Alexander Bornikov.

Pragmático al fin, el canciller estadounidense aseguró que la relación Washington-Beijing “será competitiva cuando deba ser, colaborativa cuando pueda ser y contradictoria cuando deba ser”, y recalc{o: “nos relacionaremos con China desde una posición de fuerza”.

Como colofón, adelantó que “cuando debamos emprender una acción militar, lo haremos sólo cuando los objetivos y la misión sean claros y alcanzables, consistentes con nuestros valores y leyes y con el consentimiento informado del pueblo estadounidense. Y lo haremos junto con la diplomacia”.

La vieja estrategia de Theodore Roosevelt: “habla suave y lleva un gran garrote”.