El gobierno de Michel Temer envió 120 efectivos de la Fuerzas Nacional  a la frontera con Venezuela luego de que residentes de la ciudad brasileña de Pacaraima atacaran dos campamentos de migrantes.

En pleno aumento de las tensiones regionales por la inmigración, Temer se reunió de urgencia este domingo con varios ministros y resolvió reformar las fuerzas militares en la frontera y enviar también 36 voluntarios para atender el área de la salud.

Este sábado, luego de que un comerciante de la localidad de Pacaraima, de 12 mil habitantes, fuera asaltado y herido, los habitantes culparon a los migrantes venezolanos y en represalia los persiguieron hasta la frontera.

 «Fue terrible, quemaron las carpas y todo lo que había adentro», contó a la AFP Carol Marcano, una venezolana que estaba en la frontera. «Hubo tiros, quemaban cauchos», contó.

Tras esos disturbios unos 1200 venezolanos se regresaron, según autoridades. Este domingo «el flujo fue mucho menor que los días previos», informó la fuerza tarea designada para atender la situación migratoria en el lugar.

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En promedio unos 500 venezolanos cruzan la frontera terrestre hacia Brasil, dejando su país sumergido en una grave crisis económica, política y social.

Pacaraima ha sentido el impacto de la ola migratoria en los últimos tres años con un aumento de 10% de la población, la mayoría en situación de calle.

Brasil no es el principal destino elegido por los venezolanos, pero es uno de los pocos países en la región que no les exige pasaporte para ingresar.

La gobernadora del estado de Roraima, Suely Campos, reiteró que debería cerrarse temporalmente la frontera porque las autoridades están desbordadas, especialmente en la capital, Boa Vista, y pidió a Brasilia refuerzos para «enfrentar el aumento de la criminalidad».

El mismo sábado la cancillería de Venezuela demandó a Brasil que le asegure garantías y seguridad a sus connacionales.

Ecuador y Perú toman medidas

Cientos de miles de venezolanos cruzaron las fronteras terrestres hacia Brasil y Colombia en los últimos meses en busca de mejores condiciones de vida, e impulsados por la grave crisis que afecta a su país, con elevada escasez de alimentos, productos básicos y medicinas.

La Organización de las Naciones Unidas calcula que 2,3 millones de venezolanos dejaron su país en los últimos años.

Las tensiones están aumentando en América Latina por esta ola migratoria de ciudadanos que dejan la Venezuela gobernada por Nicolás Maduro, heredero político del fallecido Hugo Chávez. Algunos incluso se lanzan a un periplo terrestre para llegar a Argentina o Uruguay.

Ecuador, que se declaró en estado de «emergencia migratoria», comenzó el sábado a exigirles pasaporte para ingresar al país, un documento difícil de conseguir en Venezuela, en lugar de simplemente la cédula de identidad, como era hasta ahora.

Perú, que se estima ha recibido unos 385 mil venezolanos en el último año, empezará a aplicar la misma medida el 25 de agosto.

Colombia, que ha dado residencia temporal a más de 800 mil nacionales del vecino país, teme que miles de venezolanos queden varados en su territorio por los controles fronterizos de Ecuador. Se estima que unas 3000 personas cruzan todos los días de Colombia a Ecuador por la ciudad fronteriza de Rumichaca.

Argentina aplicará desde setiembre un contralor más estricto de los inmigrantes, dijo en Buenos Aires el director del departamento de Migraciones Horacia García.

En Brasil, la Policía Federal, encargada del trámite migratorio, estima que unos 500 venezolanos ingresan a diario por la frontera. El pico de este año, en enero, osciló entre 900 y 1200.

Sólo en el primer semestre del año, 56.740 venezolanos buscaron legalizar su situación allí solicitando refugio o residencia temporal.

El Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas afirma que el venezolano «es uno de los mayores y más significativos flujos de población en masa en la historia de América Latina».