Acaban de reunirse por videoconferencia los presidentes Joe Biden y Vladimir Putin. El jefe de la Casa Blanca amenazó al del Kremlin con severas medidas si el país eslavo invade Ucrania. Visto así se podría pensar que Rusia está desplegando sus tropas en la zona del Mar Negro y la frontera con Ucrania. Sin embargo, si se observa el mapa posicional de las bases militares de la OTAN en Europa del Este, todas rodean la Federación Rusa y amenazan con incorporar a la organización atlántica a Georgia y a la misma Ucrania. El inicio de la guerra civil en este último país fue propiciado en 2014 con la embajadora Victoria Nuland como principal protagonista del golpe de estado contra Viktor Yanùkovich. ¿Cómo reaccionaría EE UU si Rusia rodeara su país con bases militares en la frontera con México?

Esta última semana se evitó una tragedia cuando un avión de la fuerza aérea de la OTAN, no registrado en la base de control, pasó a 20 metros de una nave de Aeroflot que sobrevolaba el Mar Negro cargado de pasajeros. A pesar de estas repetidas acciones, los grandes medios de comunicación insisten en querer hacer aparecer al gobierno de EE UU y Gran Bretaña como preocupados por preservar la paz.

Hace unos 30 días hablaron los presidentes de EE UU y China. Uno de los temas fue el diferendo por la isla de Taiwán, donde EEUU no tiene nada que hacer. Biden también convocó a un encuentro internacional para discutir cómo “mejorar” la calidad de la democracia e invitó a las autoridades de Taiwán. Hay que recordar que Taiwán no solo no es un país independiente, sino que se rigió por una feroz dictadura entre 1949 y 1995 sostenida por Washington.

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El gobierno estadounidense no invitó a China ni Rusia, tampoco a Bolivia, Venezuela, Cuba ni Nicaragua. Pero sí a Arabia Saudita, democracia muy particular donde una familia es dueña de bienes y vidas. También asistieron Qatar, otra monarquía petrolera “amiga”, y el degradado Juan Guaidó.

Por eso es oportuno preguntarse: ¿con que autoridad hizo esta convocatoria EE UU?, ¿para qué sirve la democracia sino es para cuidar y mejorar la vida de los pueblos? ¿Cómo es que el país que se arroga ser ejemplo de democracia, en pandemia cuenta ya con más de 760 mil muertos, y el que supuestamente vulnera los derechos humanos, con cuatro veces más población, tiene solo 5000? ¿Cómo es que uno de los no invitados por ser una “dictadura” es el único país en el mundo que tiene toda su población vacunada, con desarrollo científico propio y que además ha donado 10 millones de vacunas a Vietnam y a otras naciones africanas, a pesar del criminal bloqueo a que lo somete la mayor potencia del mundo desde hace 60 años? ¿Cómo es posible que no fuera invitada la única gran potencia que ha terminado con la pobreza extrema en el país más poblado? Como bien dice el presidente Xi Jinping, la democracia debe ser una herramienta para solucionar los problemas de los pueblos, no puede ser un simple adorno.

Los gobiernos estadounidenses son responsables en forma directa de millones de muertos e indirectamente de decenas de millones de víctimas por haber propiciado golpes de estado y magnicidios para cortar procesos que no comulgaban con sus intereses. La lista en nuestro continente merecería varios tomos: Guatemala 1954, Chile, 1973, Argentina 1976, Honduras 2009, Brasil 2016, Bolivia 2019. Por eso cabe preguntarse: ¿Qué tiene que hacer el presidente Alberto Fernández en ese encuentro, cuando el propio Henry Kissinger reconoció su injerencia para desatar la dictadura más feroz que conoció nuestro país, y justo en el día que se conmemoraba el regreso a la democracia?

La iniciativa está lejos de ser para mejorar la democracia, que ya no es funcional a la globalización financiera sino para intentar alinear la tropa e ir contra los que atentan a la subsistencia de un poder corrupto, mafioso, parasitario y depredador de la naturaleza y la vida.

Hay estar alerta ante estas agresiones a la inteligencia de un poder que apela a la mentira en forma recurrente, a la hipocresía como método constante, al cinismo como recurso sistemático, a la provocación militar, a la amenaza de guerra nuclear y a un intento perverso de reducción de la población mundial, echando mano a sus medios de coerción financiera y de sus agencias monopólicas de noticias que distorsionan o falsean la realidad. El mundo necesita una globalización solidaria y cooperativa y trasformar la lógica de la ganancia a cualquier precio en un desarrollo armónico y eso solo lo puedan concretar los pueblos organizándose y exigiendo a los gobiernos que se apoyen en los estados que están imbuidos de esos fines.