El 1 de julio de 1990, con la expansión del “marco alemán” occidental al territorio de la República Democrática Alemana (RDA), se produjo un hito para el capitalismo. La unificación política llegaría el siguiente 3 de octubre. Dagmar Enkelmann, presidenta de la Fundación Rosa Luxemburgo, organización ligada al partido Die Linke (La Izquierda) describe la anexión desde la perspectiva de las mujeres.

-¿En la RDA, existían aspiraciones y posibilidades objetivas de reformar el socialismo desde adentro hacia afuera?

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-Es una historia difícil. Desde mediados de los ’70, hubo una apertura de la sociedad. Sin embargo, no hubo un movimiento en la RDA que se planteara como fin, cambiar esa sociedad. Sí discusiones a pequeña escala, en nichos. Los artistas habían creado sus propios círculos de discusión, inclusive incidiendo en el partido PSUA, pero rápido se los acusaba de favorecer a la oposición. Se percibía que no se podía seguir así, que se iba hacia un estallido. Sólo faltaba alguien que lo iniciara.

-¿Cómo se discute esta época hoy en día, dentro de la izquierda alemana?

-En la Fundación uno de los mensajes que recogemos de ese período es precisamente que otra sociedad es posible. Nos preguntamos cuáles fueron las ideas fuerza que exigían un cambio. ¿Por qué estaba la gente de repente tan interesada? ¿Por qué salieron miles a la calle, participando en los eventos de discusión? ¿Por qué participaron tantos y se fueron rápidamente? La demanda social de cambios ya estaba en la sociedad, había un estado de ebullición, y luego una válvula que condujo a una politización real, que colapsó de forma muy rápida. Lo interesante es que recién ahora, 30 años después, cada vez más jóvenes se organizan. Dicen: “Lo conocimos a través de nuestros padres, de nuestros abuelos y ahora queremos saber más sobre lo que sucedió. ¿Por qué fracasó esta sociedad, por qué fracasó el socialismo en la RDA, por qué no fue posible construir otra sociedad, qué ideas tenían y qué planteaban?”

-El movimiento feminista en occidente entra en su cuarta ola. Pero se sabe relativamente poco sobre el feminismo en la esfera de influencia soviética. ¿Qué sucedió en las décadas previas a la caída del muro, qué tipo de movimiento «feminista» emancipatorio había en la RDA?

-Es realmente una historia fascinante. Yo siempre digo que no soy feminista. Entonces todos me dicen, ¿quién es feminista si tú no lo eres? Nosotros crecimos de manera diferente, fuimos socializados de otra forma. En 1949, con la fundación de la RDA, la primera constitución incluyó la igualdad de las mujeres, la obligatoriedad de igual salario por igual trabajo, el reconocimiento de la maternidad y otras cosas. Fue parte de la idea fundacional de la RDA, la igualdad entre el hombre y la mujer. Bajo esos términos crecimos. Era normal que la mujer saliera a trabajar y decidiera por sí misma. Y por supuesto, era obvio que la mujer pudiera decidir sobre su cuerpo, ya sea si quería tener un hijo o no. En 1972 en la RDA se legalizó el aborto y se abolió cualquier responsabilidad penal. En la RFA post reunificación hasta la fecha, el aborto es delito. Incluso si los médicos informan públicamente a través de la web sobre formas de abortar, pueden ser castigados. Nunca imaginamos que eventualmente estos derechos dejaran de tener vigencia. Los movimientos de mujeres de occidente nos preguntan por qué no luchamos por mantenerlos. La respuesta es que no existía en la RDA un movimiento de mujeres como tal. Para nosotras todo esto era obvio. Con la reunificación las mujeres fueron las primeras en ser despedidas de las fábricas, las primeras en perder sus empleos y tuvieron que luchar para mantener a sus familias a flote.

-Con todo lo que está contando, las primeras que sufrieron el deterioro de su calidad de vida fueron claramente las mujeres.

-Sí. En ese momento se privatizaron las empresas del Estado, la propiedad social. Si continuaban con la producción, en primer lugar, reestructuraban las empresas. Los departamentos de investigación y de desarrollo fueron los primeros en ser eliminados: allí trabajaban muchas mujeres, así como también en todo el sector de servicios, en la administración, la contabilidad, etcétera. Esas secciones no se consideraban necesarias: las primeras que perdían su trabajo eran las mujeres.

-Cuando estuvo claro que avanzaría la unificación, económica y políticamente, ¿se prepararon los reformistas en el partido para garantizar los derechos de las mujeres, y también otros?

-Fue arrollador. Desde marzo hasta octubre de 1990 funcionó aún un Parlamento en la RDA. Yo era legisladora. Tratamos de dictar leyes de forma extrapartidaria. Por ejemplo, la ley del aborto jugó un papel importante: queríamos que se incluyera y propusimos un nuevo código laboral garante de los derechos de la clase trabajadora, que habíamos elaborado más allá de toda ideología. También un código penal, la ley para la licencia por maternidad… Durante ese lapso intentamos una serie de leyes que queríamos llevar a esta nueva Alemania. Pero la forma de integración fue el uso de un artículo de Ley Fundamental de la República Federal que habilita que otros territorios se adhieran a su área de acción, lo cual significó la imposición de todas las leyes y regulaciones de occidente.