Las declaraciones recientes del Secretario de Estado Antony Blinken, diciendo que Estados Unidos debe ser artífice del nuevo orden internacional, tiene dos aspectos destacables. El primero es el reconocimiento de que el orden hegemonizado por occidente está muerto. El otro es pretender ignorar que el nuevo orden multipolar ya es una realidad y que EE UU puede ser parte de él, si asume las sencillas normas de ese nuevo orden impulsado centralmente por el potencial económico de China y el militar de Rusia. Y esas normas son simples. No pretender imponer sistemas políticos y estilos de vida semejantes al norteamericano. Solo respetar las realidades históricas amasadas a lo largo de siglos en civilizaciones distintas en los cinco continentes, con sistemas políticos diferentes productos de culturas del poder distintas  a las de Estados Unidos.

Hay varios casos destacables. India, donde su democracia política es semejante a la de Occidente, con diversidad electoral. Sin embargo, su sociedad sigue siendo de castas, estructura social no aceptable en las sociedades liberales. China es otro caso. Combina una democracia social multicultural , una economía mixta con mercado libre y planificación estatal. Y todo ello con un sistema político monopartidista dirigido por el Partido Comunista de China. Ambos países suman una demografía que representa casi la mitad de la población del planeta.

Esas dos naciones que tienen antiguas diferencias por temas territoriales son capaces de compartir sillas con Rusia, Brasil, Sudáfrica, en el BRICS, al que se integrará Argentina para hacer el Bricsa mas otros países que piden su ingreso desde otros continentes.

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El BRICS reúne más del 50% de la población mundial, alrededor del 25% del PBI del planeta y más del 20% del comercio mundial.

El nuevo orden multipolar cuenta, entre otras varias, con la Organización de  Cooperación de Shanghái, la Comunidad de Estados Independientes (CEI), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, que reúne a Rusia con países asiáticos de antiquísimas culturas como Armenia, cuya capital Ereván ya era un gran centro urbano ocho siglos antes de la era cristiana.

La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) contempla la colaboración en materia de seguridad y economía, entre naciones que representan casi dos tercios del territorio y la población de Eurasia, zona a la que el académico norteamericano Zbignew Brezinsnski, geopolítico de moda a fines del siglo XX, consideraba la más importante región del planeta. Y a la que EE UU debía controlar si quería que su hegemonía mundial sobreviviera en el siglo XXI.

Sin la participación de los estados dominantes en el llamado Occidente Colectivo, han surgido las más importantes organizaciones internacionales de economía y seguridad en el siglo XXI.

Su fórmula ha sido el respeto a la diversidad y el trato igualitario a los estados miembros como expresiones de un planeta multicivilizacional. Esas organizaciones y sus estados miembros son manifestaciones de que el utopismo realista de un mundo de cooperación para el progreso es posible en este siglo.

Lo que las palabras de Blinken trasuntan es la existencia en el “aquí y ahora” de la humanidad de un mundo distópico en el cual la cooperación para el progreso y la paz no pueden existir. Solo la continuación de las peores señales que el mundo parece enviar hoy. Entre otros lugares en Europa y las Américas.

En primer lugar el renacimiento del neonazismo , cuya vanguardia en Europa es Kiev y su gobierno que desde el golpe de estado de 2014 se dedicó al genocidio de la población rusoparlante del Donbass. Además de prohibir partidos y medios opositores al estilo de Hitler, negar e incumplir los Acuerdos de Minsk, reeditando lo que hizo Hitler en Munich. Por ventura de ese huevo de la serpiente está siendo aplastado por la operación militar especial del Ejército Ruso.

En Italia y Suecia, la ultradercha será gobierno. Y en España y Francia es una potente amenaza electoral.

En norte américa los continuos tiroteos y asesinatos de odio irracional en EE UU por habituales han dejado de ser noticia estelar. Y el asalto al Capitolio de los partidarios de Donald Trump sigue en el limbo de las investigaciones judiciales.

En Brasil, el neofascismo aspira a mantenerse en el gobierno con Jair Bolsonaro.  En Argentina, la poca acción de denuncia nacional e internacional del crimen de deuda de Mauricio Macri ha permitido su vigencia política y ha estimulado el crecimiento del ultra liberalismo neo fascista de Javier Milei y su discurso del odio. Ese discurso centrado en la figura de la vicepresidenta Cristina Fernández fue el caldo de cultivo del frustrado magnicidio contra la figura más relevante de la política argentina en la los años recientes. En Chile Antonio Kast, ex candidato presidencial de la derecha, ha celebrado públicamente con el pinochetismo el asesinato de Salvador Allende y el golpe del 11 de septiembre de 1973, en momentos en que las debilidades de conducción interna e internacional del presidente Gabriel Boric han reducido su popularidad de dos tercios, al inicio de su gobierno, a un cuarto de la ciudadanía.

En las américas, como productores, intermediarios o consumidores, la casi totalidad de los países son parte de la geopolítica del narcotráfico y la delincuencia organizada desde el siglo pasado. En este siglo XXI es relevante destacar la trágica conversión de Ecuador de isla de paz en infierno de inseguridad  propia de un narco estado y un estado fallido. Sus funciones judicial , legislativa y ejecutiva, compiten en este año 2022 por el rechazo de la opinión pública que en encuestas recientes no les da a ninguna de ellas ni el 15% de aprobación , con más  del 80% de desaprobación.

En Perú, el presidente Pedro Castillo gobierna amenazado por una vacancia de su mandato desde que asumió. Las acusaciones ya no son solamente de incapacidad proverbial. Ahora son también de corrupción.

Los medios habitualmente no perciben la peligrosidad de estos síntomas de distopía. Hay comunicadores que celebran la irrespetuosa auto comparación de Volodimir Zelensky con los próceres independentistas de América del Sur.

La privatización del ámbito público y su actividad más importante que es la política ha evolucionado hacia su banalización. Hoy tik tok, que es una técnica comunicacional que suele no transmitir ningún mensaje, es objeto privilegiado de campañas de postulantes electorales de distintas tendencias de derecha a izquierda. Solo transmitir imágenes sin mensaje es la mejor forma de fortalecer al orden económico-social que se dice combatir y querer cambiar. Privilegiar los instrumentos comunicacionales engendrados por las empresas de ese orden es subsumirse como parte de él.

El orden distópico que al parecer percibe Blinken como el del mundo de hoy solo muestra penosos síntomas. El utopismo realista de que un mundo mejor es posible muestra realidades tangibles y esperanzadoras. En nuestra América los buenos acontecimientos en la difícil realidad colombiana son una primera señal. La victoria de Lula en la primera vuelta de las elecciones de Brasil es otra.

Las manifestaciones multitudinarias y pacíficas en Francia e Italia contra el alto costo de la vida. En Inglaterra, las críticas reiteradas en su propio partido a la gestión de Liza Truss-que finalmente renunció-son también señales esperanzadoras de sociedades vivas en Europa, dispuestas a defender su estado del bienestar.

El orden internacional con EE UU como dueño de casa y Europa Occidental como su patio trasero ya no es dominante. Fue como el personaje de Balzac en” la piel de zapa” de existencia prolongada pero pasajera.

El nuevo orden multipolar es vigoroso y permite soñar en un nuevo comienzo para el mundo. Con palabras del inmortal Pablo Neruda, el nuevo orden multipolar puede decir “para nacer he nacido”.